La ciudad despide a un ilustre

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Para ser el entierro de un ex alcalde de Granada, la despedida de Díaz Berbel no resultó tan multitudinaria como cabría esperar. Eso sí, medio millar de personas acompañó a la familia del que fuera senador por Granada en su último viaje. El PSOE local, que sí lo acompañó durante la vela en el salón municipal de plenos del Ayuntamiento, donde se instaló la capilla ardiente, dejó ayer todo el protagonismo al PP local y a la familia, cuyos miembros -como el presidente provincial del partido, Sebastián Pérez- portaron el féretro.

El que fuera alcalde de la ciudad durante un mandato entero y reciente, de 1995 a 1999, se quejó durante los últimos años del olvido al que estaba sometido en cuanto a actos protocolarios y sociales, pocas personalidades del mundo empresarial, artístico o incluso periodístico. Aún así, las quinientas personas que subieron ayer al Cementerio de San José cumplieron ampliamente con uno de los políticos más genuinos y especiales de la historia reciente de la ciudad.

Del PSOE sólo acudieron unos pocos representantes de las principales instituciones en la ciudad: de la Subdelegación del Gobierno, Antonio Cruz; de la Delegación de la Junta de Andalucía, María José Sánchez; del Patronato de la Alhambra, María del Mar Villafranca; y el diputado nacional Manuel Pezzi.

De la actual corporación municipal, asistieron aproximadamente la mitad de los concejales populares, y la mayoría de la nueva hornada, curiosamente. Entre los pocos que dedicaron la mañana de sábado a darle el definitivo adiós al que fuera compañero de filas, estaban algunos de los que se estrenan en el Gobierno local, como Curro Ledesma, y otros que hacen uso por primera vez de su nuevo cargo: María Francés, que dejó la Concejalía de Juventud para pasar a la de Relaciones Institucionales, Patrimonio y Emucesa, se quejaba del estreno que había tenido en el puesto con la organización del entierro de un compañero.

Y entre el grupo de amigos que acompañaron a su viuda y sus hijos, también pudo verse al teniente general jefe del Madoc, Puentes Zamora -que se cubrió y se cuadró en el momento de dar sepultura al cuerpo- y su predecesor en el cargo, Manuel Bretón. Del mundo del arte pudo verse a Miguel Rodríguez Acosta o Pepe Cantero. También hubo representantes del mundo de la hostelería, como el copropietario de Las Tinajas, Miguel Nestares; y de la vida política, como el ex concejal y familiar de Díaz Berbel, Luis Gerardo García Royo; el ex alcalde socialista que lo sucedió, José Moratalla; o el defensor del Ciudadano, Melchor Sáinz Pardo.

A las doce de la mañana y a puerta cerrada para amortiguar el jaleo del jardín, uno de los dos sacerdotes del cementerio de Granada presidió una sencilla misa a la que asistieron los familiares y los íntimos, y que terminó con unas palabras de su hijo Gabriel, quien pidió que se recuerde a su padre como "lo que fue", alguien "que se entregó por su ciudad, su provincia y su país" y, sobre todo, "un gran hombre".

Al finalizar el acto, el alcalde de Granada, José Torres Hurtado, entregó la bandera de la ciudad a su joven viuda, Fátima Roca. Pero el reconocimiento más emotivo fue el que le rindieron los concejales de la corporación municipal que presidió, que portaron a hombros el ataúd hasta el panteón familiar, donde recibió sepultura tras rechazar la viuda y los hijos que el cuerpo descansase en el panteón de los ilustres, porque consideraron que esa habría sido su voluntad.

Otra de las peticiones de la familia para atender a la voluntad del fallecido -que murió repentinamente de un infarto el mediodía del viernes- consistió en hacer un recorrido especial: que el cortejo fúnebre fuese conducido hacia la Basílica de la Virgen de las Angustias, de la que el ex alcalde era horquillero.

La comitiva partió a las once y media, después de que los restos mortales de Díaz Berbel fuesen velados desde la tarde del viernes en el Ayuntamiento, por donde cientos de granadinos pasaron para dar el último adiós al que fuese su alcalde. Seis policías locales vestidos de gala custodiaron el féretro a su salida a la plaza del Carmen, donde se guardó un minuto de silencio.

Además, el Ayuntamiento abrió al tráfico la Cuesta de Gomérez excepcionalmente para el paso por el bosque de la Alhambra y la Puerta de las Granadas del cortejo hasta el cementerio. La ciudad de Granada guarda hasta hoy luto oficial por el fallecimiento del ex alcalde, del que su viuda, sus hijos y los familiares más próximos se despidieron entre sollozos y ruido de flashes, tras depositar un puñado de rosas rojas sobre el féretro.

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