Los consumidores de Granada se muestran precavidos, no preocupados

  • Algunos establecimientos han retirado los recipientes de aceite de girasol de las estanterías aunque otros supermercados mantenían aún ayer el producto

En los últimos años, los consumidores granadinos -igual que en el resto de España- han estado sometidos a distintas alertas sanitarias sobre determinados productos. Primero fue el aceite de colza, luego el síndrome de las vacas locas y la gripe aviar y ahora una partida de aceite de girasol contaminado con hidrocarburos alifáticos.

Esta continua exposición a alarmas en el consumo está provocando que los granadinos se muestren más impasibles ante este tipo de noticias. "Seguiré usándolo hasta que no se diga que puede acarrear problemas para la salud. Si no, ya mismo no vamos a poder comer de nada", bromea Sergio Romero.

La misma postura adoptará Pilar Olmedo. "Seguiré usándolo porque sólo lo utilizo para hacer mahonesa y no creo que sea perjudicial", comenta Pilar Olmedo. "Soy químico y estoy todo el día tratando con productos tóxicos sin que ocurra nada. Estoy tranquilo al cien por cien porque por tomar un poco de aceite de girasol no me voy a morir cinco minutos antes", añade José Antonio Ruiz, quien incluso vislumbra, tras la paralización de la producción y distribución del aceite de girasol, intereses económicos ocultos.

No obstante, el recelo persiste entre la mayoría de los granadinos quienes, aunque no están excesivamente preocupados por la alerta del Ministerio de Sanidad, aseguran que esperarán a conocer las marcas contaminadas para consumir este producto. "Ante la duda me abstendré de utilizar el aceite hasta que se aclare la situación, vayamos a tener otro 'colza'", comenta Rosa García. Por su parte, Elisa Pérez ha conocido la noticia en el mismo supermercado, por lo que opta por dejar la botella de aceite en la estantería.

Esto ocurría en los supermercados en los que la empresa no había ordenado aún la retirada de las botellas de aceite de girasol. "El lunes seguro que nos avisan para que quitemos el producto de la venta al público", auguraba Evaristo Castro, uno de los empleados de este grupo de tiendas.

En otros establecimientos, sin embargo, las garrafas de aceite de oliva reinan en las estanterías en las que se puede apreciar el hueco dejado por el aceite de girasol. "Hemos quitado las botellas de uno y cinco litros hasta que se anuncie cuáles, en su caso, son las marcas afectadas", explica una las trabajadoras.

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