El crimen que conmovió a Granada

  • Mañana comienza el juicio al único acusado por el secuestro, muerte y violación de la joven Beatriz Collado, cuyo cadáver apareció flotando en el Pantano de Cubillas un día después de su desaparición

El Pantano de Cubillas se convirtió en uno de los protagonistas de una historia que conmovió a la sociedad granadina a principios de 2006. En el embalse apareció, flotando, el 2 de marzo, el cuerpo sin vida de una joven que había desaparecido la noche anterior. Beatriz Collado, de 27 años, había sido agredida sexualmente, estrangulada y arrojada a sus aguas.

La noche del 1 de marzo saltaron las alarmas. En una zona cercana al centro comercial Alcampo se perdió la pista de la joven. Había aparcado su coche, un Fiat Punto, para poder llamar a su novio. En un momento de la conversación, la pareja de Beatriz, Ramón G.C., escuchó que alguien le decía "Deja el móvil, que no te vamos a hacer nada". La comunicación se cortó, el teléfono se apagó segundos después. Y a partir de ese momento, las 22.30 horas del 1 de marzo de 2006, no se volvió a saber de Beatriz hasta que su cadáver fue descubierto por un guarda del Pantano de Cubillas.

Comenzó entonces la investigación conjunta de la Guardia Civil y la Policía Nacional. La autopsia confirmó la muerte por asfixia de la joven, así como la violación. El cadáver estaba vestido. El pantano se revisó para encontrar pistas. Pero el teléfono móvil no apareció y terminó por ser la mayor prueba en el caso del asesinato de Beatriz.

El 16 de marzo, quince días después de la desaparición y muerte de la joven, la Policía Nacional detuvo en Granada a una pareja, José M.G. y Josefa G.R., de 31 y 43 años respectivamente. Ella tenía el móvil de Beatriz porque se lo había regalado él. José acusó a una tercera persona de venderle el móvil de la fallecida. Antonio L.F., de 20 años y residente en Almanjáyar, fue detenido aunque posteriormente exculpado. Pero José y Josefa quedaron en prisión.

El principal acusado, José, mantuvo su inocencia hasta que se conocieron los resultados de las pruebas de ADN de los restos seminales encontrados en el cadáver de Beatriz. Era suyo. La magistrada que llevaba la instrucción del caso le interrogó no sólo por el asesinato, sino también por la violación de la joven. A partir de ese momento, el joven -que llevaba media vida en la cárcel por distintos delitos- decidió guardar silencio.

El 4 de junio, la juez decidió procesar a José M.G. por los delitos de detención ilegal, robo con violencia, agresión sexual y homicidio. La pareja de Josefa quedaba excluida en el auto de procesamiento. Según la instructora de la causa, el encuentro entre Beatriz y José fue "casual". "Seis o siete horas" después de ese encuentro casual, Beatriz estaba muerta.

El presunto homicida rompió su silencio a petición propia el 21 de ese mes. Relató a la juez que 16 meses antes, había coincidido en la prisión de Almería con un narcotraficante de origen turco, Musta, que le habría encargado seis asesinatos cuando José saliera de la cárcel, por lo que se embolsaría 140.000 euros. La noche que desapareció Beatriz salía de casa de su hermano -cercana al lugar donde la joven desapareció- le abordó un hombre que le dijo que venía "de parte de Musta", que lo recogió y lo llevó a un descampado. Según el testimonio del único acusado, allí fue donde vio por primera vez a Beatriz junto a otro secuaz del narcotraficante, que no estaba amordazada pero sí muy asustada. Le pidieron explicaciones sobre los encargos, que no se habían realizado.

El relato de José continúa asegurando que los cuatro se desplazaron a Cubillas. Allí, los dos sicarios le ordenaron que violase a Beatriz después de amenazar de muerte a su pareja y a su hijo. Poco después, uno de los sicarios sacó una barra de hierro, la enrolló en la braga deportiva que Beatriz llevaba en el cuello y apretó hasta que la joven murió. Devolvieron a José donde lo habían interceptado, se fueron y nunca más se supo de ambos sicarios. De ahí la presencia de ADN de José en Beatriz. El móvil, la pista que llevó a la Policía hasta él, se lo habrían dado los mismos que le habrían hecho violar a la joven porque "siempre lo hacían". Después, regaló a su pareja ese móvil -por cuya tenencia Josefa fue juzgada y absuelta en febrero de este año-.

Versión que el abogado que ejercía la defensa del acusado en ese momento calificó de "rocambolesca" y la acusación particular, ejercida por el novio de la joven -porque la familia ha renunciado-, de "absolutamente demencial". Sin embargo, a esa declaración se agarra como un clavo ardiendo la actual defensa de José M.G. -ha llegado a tener cuatro durante el proceso-. La defensa mantiene que el crimen se produjo por una venganza del narcotraficante que había encargado a José una serie de asesinatos y no por el acusado. Por ello solicita la libre absolución de José M.G. de todos los cargos que se le imputan y que podrían suponerle hasta 48 años de cárcel en el juicio que se desarrolla hasta el 12 de diciembre.

Ayer, la familia de Beatriz confió en que se haga justicia y se ponga fin al calvario que han vivido. La madre, Ascensión Ramírez, manifestó a Efe que, aunque será "muy duro", espera poder asistir, si el estado de salud de su marido se lo permite, junto a sus ocho hijos a la vista oral.

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