"Las cuotas son algo lamentable"

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Es coordinadora de publicaciones de la editorial Comares y especialista en Propiedad Intelectual y Comercial en la firma Araoz y Rueda Abogados. Del Arco está ya acostumbrada a ser la más joven de la reunión y, en muchos casos, la única mujer. Dice que el número de mujeres relacionadas con la cultura supera al de banqueras, miembros de consejos de administración de sociedades o partners de grandes despachos de abogados. "Puede que los hombres de su generación no las hayan dejado pasar, aunque algunas pasaron. Puede que hace cuarenta años la mayoría de las mujeres universitarias se decidieran por facultades de Filosofía y Farmacia; pero ahora son mayoría en todas las facultades", explica. En su opinión, buena parte del cambio está gestado en una universidad que ya no establece diferencias. "La sociedad habla de coeducación e igualdad. El proceso es imparable, pero necesita seguimiento porque aún oímos intereses ocultos".

Pero la cultura no es un punto y aparte; quizás tres puntos suspensivos. "Las industrias culturales no tienen un organigrama diferente al resto de los sectores empresariales. La cuenta de pérdidas y ganancias de la empresa es el indicador de su continuidad y el reflejo de las decisiones tomadas desde puestos de responsabilidad", dice Del Arco. "Para el empresario es determinante el rendimiento de sus empleados y, cada vez en menor medida, su condición de hombre o mujer". De hecho, en su experiencia en el ámbito público no ha encontrado impedimentos vinculados al hecho de ser mujer. "Sí encontré algunos obstáculos de personas que desconfiaban o cerraban puertas a los jóvenes", afirma. Respecto a la conciliación de la vida privada y la profesional, Del Arco opina que "nadie ha librado a la mujer de sus deberes previos". En resumen, los intentos de conciliación de la esfera pública y la privada terminan en "venganza demográfica".

¿El mundo de la cultura ha sido pionero en la igualdad de la mujer por considerarse 'residual' para los grupos de poder? "Sí, pero no han considerado que desde la cultura se producen los grandes cambios", responde del Arco, que considera las cuotas como algo "lamentable". "Sólo una sociedad que no cree en la igualdad tiene que imponerlas. En los discursos artísticos, ya no hay cuotas. Respecto a los prejuicios que despierta una mujer ambiciosa, Del Arco observa que "la ambición sigue estando mal vista, pero en las mujeres la ambición es ilusión... y la ambición-ilusión es el motor del proyecto". Resumiendo: "La ambición no tiene sexo en su bondad o maldad".

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