Dos disparos que nadie oye y conmocionan a un pueblo

  • Los vecinos destacan que el hombre era muy servicial y que la familia estaba muy unida

El estrépito sonoro de un tiro de escopeta sonó en la madrugada pasada en Casanueva, pedanía de Pinos Puente. Sonó por dos veces y sin embargo no fueron escuchados por nadie. Ni por los vecinos de la pequeña calle Alhomas Viejas, lindando ya con la vega. Por la mañana los cuerpos de un matrimonio, Antonio e Isabel, yacían muertos en su interior. El de ella en su cama, bien arropada, mientras que el de él se encontraba en la parte baja de la vivienda sobre el suelo. Fue de madrugada cuando él le disparó a su mujer para acto seguido suicidarse con la misma escopeta de caza. Estos dos ancianos atravesaban por problemas de salud. No en vano, el mismo día de su muerte, Antonio iba a ser intervenido quirúrgicamente, mientras que su mujer había perdido últimamente parte de la visión y se desplazaba con ayuda de un andador.

En la calle, nada más revelarse el suceso, se creó un revuelo inédito. Nadie, absolutamente nadie, imaginaba que Antonio, ese hombre afable y conocido por todos, podía acometer un hecho de esa envergadura. Todos coincidían en que era un matrimonio muy unido y con unos hijos muy pendientes de su atención y cuidados diarios.

La vecina de enfrente, Josefa Jiménez, fue la primera en enterarse porque escuchó los gritos de sus hijos al descubrir los cuerpos. Con los ojos llorosos no daba crédito. "No he escuchado los disparos, si lo hubiera hecho hubiera entrado, pero estaría dormida", recuerda.

Josefa dice que Antonio no quería dejar sola a su mujer, que llevaba mucho tiempo mala aunque bien asistida, por lo que su intervención quirúrgica pudo ser el desencadenante.

Mientras habla se acerca otra vecina de la calle, Dolores Moya. Tampoco daba crédito. Ambas destacaron lo bien que se llevaba el matrimonio, lo servicial que era el marido y lo bien atendidos que estaban por los hijos y nietos, "que estaban aquí todos los días y los fines de semana". "Esto ha sido una desgracia", decían. En total son cuatro hijos, dos hijas (una vecina del pueblo y otra que vive en Valderrubio) y dos hijos (el que descubrió los cuerpos y otro que es camionero y que estaba en Francia).

Conforme iba avanzando el día la noticia se iba conociendo por más vecinos, que no dejaban de acercarse al lugar de los hechos ni de comentar lo ocurrido en negocios y bares. Todos los conocían porque es un pueblo pequeño y ellos eran vecinos de toda la vida.

En base a las primeras evidencias, las cartas encontradas y la disposición de ambos cuerpos, los investigadores descartan a priori que éste pueda encuadrarse en un episodio de violencia de género o crimen machista. La investigación se orienta hacia lo que se denomina "crimen compasivo", aquel en el que por las circunstancias clínicas, asistenciales y personales de ambos fallecidos deciden de mutuo acuerdo poner fin a su vida de una manera voluntaria y decidida. Esto se interpreta por parte de los expertos como una acción que, en la voluntad del que lo ejecuta, persigue no condicionar ni agravar más, de cara al futuro, su control asistencial ni sus cuidados. E incluso pretende aliviar y evitar el aumento de la presión de esos mismos cuidados personales sobre su propio entorno familiar.

De esta manera la acción consentida de ambos fallecidos ha conmocionado, aún más si cabe, a todos los vecinos de esta pedanía de la Vega granadina.

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