"Aquí tengo un drama, pero el de abajo es peor"

  • Ángel Cortés afirma desde la grúa que por culpa del promotor hipotecó su casa y la de su padre

Ángel Cortés es ferrallista, término que el diccionario aplica al "operario encargado de doblar y colocar convenientemente la varilla o el redondo de hierro para formar el esqueleto de una obra de hormigón armado". Ejerce ese oficio desde los 14 años. Está orgulloso de ello, se considera "un buen ferrallista". A los 20 se estableció por su cuenta y ahora, siete después, la ruina se le ha instalado a la vuelta de la esquina. Ángel es, junto a Ismael Fuertes, de profesión encofrador, uno de los dos hombres que ayer se subieron a una grúa en una obra en Las Gabias.

Tiene muy claro quién es el culpable de sus males. Se llama Pablo Chinchilla y es un promotor que le debe 370.000 euros. Por culpa de esa deuda, Ángel ha hipotecado su casa y la de su padre. Lo único que consiguió ayer encaramándose a la grúa fue una eventual promesa de pago en una fecha muy lejana, octubre de 2010.

"Ese pagaré que Pablo Chinchilla ha enseñado tan flamenco es de Hufrago, una empresa que debe dos millones de euros en devoluciones. ¿Para qué sirve, entonces? ¿Quién garantiza que para esa fecha Hufrago podrá pagarle ese dinero a Pablo? ¿Acaso hay algún banco que quiera avalar ese pagaré como garantía de que hay fondos para hacer frente? Porque si es así, nos bajamos", reta.

De todas formas, el ferrallista exculpa a Hufrago, empresa que, tenga las cuentas más o menos saneadas, se limitó a comprarle el solar a Chinchilla; las deudas de éste eran anteriores. "Cada cual tiene que cargar con sus responsabilidades, con independencia de que le deban o no a ella. Pablo Chinchilla está queriendo decir que cuando le paguen, él pagará, pero es que lo uno no tiene nada que ver con lo otro", insiste.

El pequeño empresario está dispuesto a quedarse en la grúa el tiempo que haga falta, aunque admite que allí no se está nada bien. "Pero es que, si tenemos un drama aquí arriba, abajo lo tenemos aún peor. A mí me van a quitar mi casa y la de mis padres, yo ya no tengo nada que perder", explica, y agrega un último recado, éste para los bancos: "Sólo quieren su dinero y sus beneficios, lo demás les da lo mismo. A la hora de ayudar, nada. A mí me dijeron que Chinchilla era estupendo, que no había problemas. Y ahora, mira lo que pasa", finaliza.

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