"El 25% de los españoles tiene derechos en la seguridad social europea"

UN dato, el expuesto en el titular de este artículo, refleja la realidad de una época, no tan lejana, en la que la emigración supuso una verdadera sangría humana en buena parte de la provincia de Granada. Hasta el 18,53% de la población granadina entre los años 1961 y 1975, es decir, unas 60.000 personas, emigró. Pueblos como Montejícar quedaron desolados, según expone uno de sus vecinos, que por supuesto también tuvo que emigrar, y ahora es el presidente de la Asociación Granadina de Emigrantes Retornados (AGER), Rafael León Galindo. Los archivos de la entidad, que recoge las demandas, preocupaciones, gestiones y consultas de miles de personas, casi 30.000, son casos que pueden reflejar "la magnitud del fenómeno de la emigración en Granada", reseña la secretaria de AGER.

Aunque el proceso migratorio de los sesenta y setenta parezca una cuestión de hemeroteca, son muchos los que se pasan por las oficinas de la asociación -en la calle Óscar Romero, 28, en el barrio del Zaidín (958 13 57 33)-, tanto socios, unos 17.000, como no socios, emigrantes de segunda generación que, generalmente, recurren al servicio de orientación laboral.

"Se ofrece un servicio integral y completo y en un régimen de ventanilla única, algo que en la Administración no es posible", subraya Consuelo Casas Martínez, secretaria de AGER y conocedora de primera mano, al igual que el presidente, de las preocupaciones y necesidades de los emigrantes. Y saben de lo que hablan porque los mismos voluntarios y trabajadores de AGER forman parte, de uno u otro modo, del colectivo emigrante. "Les atiendes de una manera empática y familiar, y eso se nota, sobre todo las personas mayores", asevera Consuelo.

El equipo de la asociación aborda cualquier tipo de cuestión, administrativa o familiar. "Los que se han dejado parte de la familia allí también nos necesitan en ocasiones para no perder los lazos, y, por ejemplo, les ayudamos a redactar una carta, en el caso de que tengan algún problema con el idioma", explica la secretaria de AGER. "Incluso hemos puesto en contacto a familias que se habían roto por la Guerra Civil".

Su trabajo diario se centra en dar asesoramiento técnico y jurídico especializado, y además en el idioma del país al que va dirigida la demanda de una prestación o pensión. Su plantilla se divide en cuatro secciones: Francia, Alemania, cuestiones administrativas y asesoría jurídica. "Trabajamos sobre todo con emigrantes que han vuelto, personas casi siempre mayores que en ocasiones desconocen la normativa social comunitaria, y ni siquiera hay profesionales", asegura Consuelo. Rafael tiene muy claro que aún queda mucho por hacer. "Los que se quedaron no han tenido ningún problema, pero los que hemos trabajado aquí y allí hemos tenido que ir a los tribunales", explica el presidente. A base de sentencias, colectivos como éste han conseguido que se calculen de forma adecuada las pensiones de jubilación de los emigrantes españoles. Precisamente las jubilaciones de los que salieron supone una importante fuente de ingresos para la economía granadina, según alega el presidente de la asociación.

Los interesados acuden a la sede de AGER a entregar la documentación relacionada con cualquier aspecto (convalidación de estudiso, desempleo, ayudas, sanidad, ect), pero, evidentemente, hay muchos socios dispersos por medio mundo. Para atenderles, la asociación colabora desde hace diez años con los trabajadores sociales de la Diputación de Granada.

Por otro lado, AGER también ofrece actividades pedagógicas -como clases de idiomas "para que no pierdan la lengua que aprendieron cuando emigraron", reseña la secretaria- y, charlas, viajes o actos formativos que sirven para que otras asociaciones similares puedan beneficiarse de la experiencia ya acumulada en Granada.

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