Una feria con el estómago lleno

  • Cuando se pasea por los puestos de la feria es inevitable que se abra el apetito · Como cada año las calles huelen a algodón dulce y a 'papa' asada

Con el estómago lleno, todo buen feriante que se precie puede aguantar todas las sevillanas posibles y hasta terminar la noche con 'Paquito el chocolatero'. Pasear por las calles del recinto ferial es todo un popurrí de olores y sabores, y los típicos puestos siguen como cada año proporcionando dulces, cocos y algodones de azúcar para los golosos.

Las mazorcas a la brasa son un clásico tentempié para tomarse a media tarde porque, entre tanto rebujito, el estómago puede que pida algo sólido en cualquier momento. Y si uno no se ha sentado a comer en una caseta siempre tendrá a disposición a cualquier hora del día un puesto de papas asadas, las hamburguesas de la feria probadas por casi todos o los clásicos perritos calientes.

Para quien quiera algo más consistente las brasas siempre están encendidas a pesar del infernal calor. Chorizos, chuletas y pinchitos harán las delicias de los más tragones. Una de las cosas buenas de la feria es que se puede pasar el día picoteando, jamón, queso, gazpacho, paella, pescaíto, y la variedad no tiene límites. Porque las casetas se encargan de ofrecer desgutaciones práticamente a diario.

En la peña Los 17 se puede disfrutar del más antiguo de los concursos de paellas, y para refrescar La Polvarea propone una degustación de sangría. Quien quiera conocer cómo sabe un huevo roto a la Milena sólo tiene que pasar por la noche por la caseta El Cortijo, y para cerrar el estómago a las 02:00 horas de la madrugada La Pedrería invita a una degustación de roscos de María 'la farfolla', regado con fino, manzanilla o rebujito para empujar, y un palito de ron de la Casa de Motril para bajar todo lo ingerido. Con menús de esta variedad no cabe duda de que uno de los objetivos de la feria es bailar para quemar lo comido y lo bebido. Y por la mañana, acabar con unos churros con chocolate como manda la tradición. Eso sí, si el cuerpo lo aguanta.

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