Más de 3.500 granadinos se autoprohíben entrar a salas de juego, bingos y casinos

  • Los tradicionales enclaves de apuestas aún cuentan con bastantes adictos pese al ascenso de las fórmulas online La asociación Agrajer presta ayuda a los afectados en la provincia

Tiene que ser muy duro y doloroso tomar la decisión de pasar a engrosar las listas de personas que se autoprohíben la entrada a las salas de juego, bingos y casinos. Ciudadanos incapaces de controlar sus impulsos que tienen que dejar el orgullo a un lado para dar ese paso. Pero, a veces, no hay otra salida para "empezar a vivir". Y eso, precisamente, es lo que han hecho, aproximadamente, 3.500 granadinos. Personas que solicitan que la seguridad de las salas les impida el acceso, tratando de evitar lo que muchas veces se les hace inevitable.

Y es que, según los cálculos de la Asociación Granadina de Jugadores de Azar en Rehabilitación -Agrajer-, entre 12.000 y 14.000 vecinos de la provincia conviven con una situación de dependencia a este tipo de juego, el 1,7% de la población son jugadores "patológicos" y el 6,6% están "en riesgo". Cifras alarmantes para un trance que puede sufrir "cualquiera", casi sin distinción de edad, sexo o condición sociodemográfica o económica. "Yo llevo cuatro años viviendo, lo que es vivir. He vuelto a nacer. Antes, mi vida no era vida, ahora soy el hombre más feliz del mundo", asegura un sonriente Paco Extremera. Él es el actual presidente de Agrajer, y un jugador rehabilitado. La organización que lidera, que colabora con el Ejecutivo andaluz, trata casi a diario a unas 280 personas afectadas.

Pese a que reconoce que presidir una asociación como la suya, descrita como una institución no lucrativa y de carácter benéfico-social, conlleva mucho trabajo y dedicación, Paco lo hace con gusto. Tiene que compatibilizarla con su trabajo, pero cuando el antiguo presidente le pidió hace alrededor de un año y medio que le sustituyese, no lo dudó. Lo hizo por "todo" lo que Agrajer le "había dado" a él y a su familia. "Me han dado la vida de nuevo y quiero seguir sacando a gente que está metida en el juego. Hay miles y es una gran responsabilidad", sostiene. "Me gustaría hacer una película para que se viera de dónde he salido; lo que me ha dado esta asociación no se lo podré devolver ni en 40 años".

El Gobierno autonómico, de la mano de la Consejería de Hacienda, es la administración encargada de controlar el mercado de los casinos, bingos, salas de juego y máquinas tragaperras. Y de imponer las sanciones precisas. Como informan fuentes de la Delegación en Granada, la provincia no cuenta en la actualidad con ningún casino, pero sí con dos bingos, 44 salas de juego y unas 3.100 tragaperras -de acuerdo a las cifras de final de 2013-. Además, desde hace siete años, se han retirado unas 1.400 máquinas del estilo. Su existencia es la que "arruinó" la vida de Paco Extremera.

Para él, lo peor es la vergüenza que causa esta enfermedad. Una patología de cuya importancia la sociedad aún "no es consciente". "Todo el que viene aquí, se da cuenta de verdad de lo que llega a ser este problema; no sólo económicamente. Yo venía muy equivocado, venía destrozado porque me había gastado muchos millones y eso me preocupaba pero, cuando llevaba un tiempo, vi todo lo que había arrastrado el juego: a mi familia, a mi mujer, a mis tres hijos... Aquí aprendes a hablar con ellos y te das cuenta del daño que les has hecho. El dinero es totalmente secundario", explica emocionado.

El mercado del juego mueve anualmente mucho dinero. Sólo en 2013, la Junta recaudó 14 millones derivados de las tasas fiscales e impuestos relacionados. Igualmente, la Policía adscrita a los delitos vinculados levantó 167 actas de inspección que conllevaron sanción, según referencias de la propia Administración. Multas que pueden ser leves, graves o muy graves. Las primeras pueden llegar hasta los 600 euros, por ejemplo, por no tener pegada a una tragaperras la documentación legal. Las segundas oscilan entre los 600 y los 10.000 euros. Las más cuantiosas son las muy graves, a partir de los 10.000. La razón puede ser la de tener instalada una tragaperras "sin autorización".

Como declara el presidente de Agrajer, en los últimos tiempos, los llamados juegos tradicionales están siendo sustituidos paulatinamente por los online y, especialmente, por las apuestas deportivas. "Las tragaperras siguen siendo líderes pero ahora internet las va a adelantar", augura. Por eso, reclama que los jóvenes, a quienes más atrae todo lo relacionado con las nuevas tecnologías y quienes más familiarizados están con ellas, tengan "mucho cuidado". La publicidad 'positiva' que disfrutan este tipo de actividades es otro de los aspectos que preocupa bastante en Agrajer. Anuncios donde salen figuras admiradas por los niños y que no alertan del peligro que puede conllevar una adicción. "Luchamos contra la publicidad que se está dando a las apuestas. No prohibimos que se anuncien, pero pedimos que lo hagan fuera de horario infantil en televisión".

Para los que crean que tienen problemas con el juego, Paco recomienda que se acerquen al local de su asociación, en Cenes de la Vega. "Les diría que sí se puede salir y que te cambia la vida más de un mil por cien, a ti y a los de tu alrededor". Él mismo relata cómo se decidió: "Las primeras veces venía y me quedaba a unos metros, después cuando entré me iba corriendo por vergüenza... Es una enfermedad muy vergonzosa, por eso en los medios nadie quiere salir, pero yo dije que no había cometido un crimen, que esto es una enfermedad. Ahora puedo andar por cualquier sitio como un hombre libre".

Casi sin hacer ruido, Agrajer continúa, día tras día, con su labor incansable, ayudando a seguir adelante a cientos de personas. En su sede de la Carretera de la Sierra y en el 958 489293, siempre tienen las puertas -y sus brazos- abiertos para el que lo desee. Un apoyo, sin duda, inestimable.

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