Una investigadora granadina, en el corazón de la tragedia de México

  • Rosa López se encontraba en la UNAM cuando se produjo el terremoto y también fue testigo del seísmo de hace dos semanas

"La ciudad estaba colapsada. No había luz, ni línea de teléfono. La gente corría por mitad de las autovías". De esta forma relata la investigadora de la UGR Rosa López el terremoto de magnitud 7,1 en la escala Ritcher que tuvo lugar el martes en la ciudad de México. El seísmo, que ha causado al menos 225 muertos -94 en la capital, 71 en Morelos, 43 en Puebla, 12 en el Estado de México, 4 en Guerrero y 1 en Oaxaca-, se produjo dos semanas después de otro de magnitud 8,2 que afectó al sur del país y que también presenció esta investigadora: "Se trata de la segunda vez que tengo que poner en Facebook que estoy bien".

Rocío López es una joven de 32 años que realiza su tesis doctoral dentro del Programa de Estudios Migratorios de la Universidad de Granada. En el marco de estas investigaciones, el pasado 3 de agosto viajó hasta México, donde estará hasta el próximo 30 de noviembre y ha sido testigo de los dos terremotos que han azotado el país en menos de un mes. "Estaba en unas jornadas de investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cuando notamos un fuerte terremoto y empezaron a sonar todas las alarmas. No dio tiempo a que saltara la alerta antes de que llegase porque el epicentro estaba muy cerca", contó esta investigadora anoche a Granada Hoy, que avisó a su familia desde el móvil de un compañero.

"Rápidamente nos evacuaron a todos. No me dio tiempo a coger mis cosas. Ni si quiera el móvil. Las líneas estaban colapsadas y no había electricidad. Un compañero de las jornadas me dejó su teléfono y pude llamar a mi hermana para avisar en casa de que estaba bien", explicó Rosa López, que no pudo recuperar sus pertenencias hasta cuatro horas más tarde.

"La ciudad estaba saturada. El metro y los transportes estaban colapsados, veías a gente corriendo por las autovías... Fue muy fuerte", relató esta joven, que consiguió volver a casa gracias a Erika, "una profesora de ciencias Políticas que, aunque no conocía, me llevó en su coche hasta la colonia Benito Juárez, donde vivo con un profesor de la UNAM, su mujer y su hijo".

Al llegar a casa, la situación seguía siendo crítica. En la zona se había derrumbado un edificio por lo que pasó la noche "quitando escombros y ordenando los enseres de los afectdos, hasta que fuimos evacuados debido a varios escapes de gas, que incluso provocaron alguna explosión". Pero al igual que ella, mucha gente se ha volcado con la causa, por lo que resalta la "abrumadora solidaridad de personas que quitan escombros, acogen gente o llevan comida".

Sin embargo, no es la primera vez que Rosa López vive esta situación. Hace dos semanas se encontraba en Oaxaca cuando se produjo el anterior seísmo, el cual vivió "con muchos más nervios porque fue mucho más duro".

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