El legado del santo Job

  • El Centro Lorca tuvo 2006 como primera fecha para la llegada del legado, aunque no será finalmente hasta el 30 de junio cuando lleguen todos los documentos

  • La primera entrega ya se encuentraen La Romanilla

"El Centro Lorca abrirá en 2006"; desde este anuncio no ha pasado un año en el que no se avanzara que todo estaba en vías de solución y que los fondos del poeta llegarían en breve a Granada. De hecho, estos anuncios fallidos compiten con los anuncios que también quedaron en papel mojado sobre la llegada del AVE a la ciudad. En marzo de 2004, el ministro de Fomento Álvarez Cascos colocó la primera traviesa de la línea de Alta Velocidad entre Granada y Málaga. Apenas unos meses antes, el 2 de febrero, las instituciones firmaban un protocolo en la Huerta de San Vicente para construir un gran espacio dedicado a Lorca en la plaza de la Romanilla que abriría en dos años y que tendría un presupuesto para su funcionamiento de 2,4 millones de euros. Dos historias en paralelo que han acaparado las portadas de los últimos 15 años y que, en el caso del Centro Lorca, comienza a tener un final feliz con la llegada esta semana de los primeros documentos procedentes del legado de Lorca que forman parte de la exposición Una habitación propia. Igual que el santo Job, tras un camino tortuoso y lleno de padecimientos, el legado al completo estará en la cámara acorazada del Centro Lorca antes del 30 de junio.

La idea de que Lorca regresara a Granada para ser el estandarte de la ciudad venía de lejos, pero fue con la llegada de José Torres Hurtado a la Alcaldía cuando comenzó a concretarse el proyecto. El Ayuntamiento volvió a ofrecer el solar de la Romanilla para crear un gran centro y la Fundación Lorca aceptó el ofrecimiento, poniendo sobre la mesa la necesidad de crear un gran consorcio institucional. De ahí a la foto fundacional en Moncloa, con el alcalde y Laura García-Lorca departiendo amigablemente con un José María Aznar en las postrimerías de su mandato que certificó el apoyo del Gobierno al proyecto.

El 21 de febrero, el Ministerio de Cultura, Junta, Ayuntamiento y Diputación firmaron un protocolo de colaboración en la Huerta de San Vicente que, sin saberlo, llevaba la semilla de todos los males que se fueron sucediendo. Las instituciones acordaron encomendar a la Fundación Lorca las gestiones para obtener los fondos europeos para construir el Centro, 16,9 millones de euros que significaban el 75% del importe total. Entre bambalinas ya estaba Juan Tomás Martín, secretario de la Fundación Lorca y un soldado de fortuna de las ayudas europeas. Sobre el papel era el perfil preciso para esta etapa, aunque pasados los años, ya en 2013 y con las obras paradas, la sospecha comenzó a cernirse sobre él hasta desembocar en la denuncia que presentó Laura García-Lorca por subirse las comisiones del 4 al 15% y por falsificar su firma.

El desastre ya estaba germinando en el Centro Lorca de manera soterrada y las instituciones ya comenzaron a sufrir las primeras tiranteces con el cambio en el Gobierno y la llegada del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. A comienzos de 2005 se dio un gran paso cuando el comité de expertos presidido por Rafael Moneo seleccionó el proyecto ganador para construir el Centro Lorca, la propuesta vanguardista de un equipo de arquitectos eslovenos y mexicanos.

Ahora, con una imponente maqueta, faltaba definir los fondos económicos para su construcción. Tras diversas vicisitudes, la UE garantizó el 15 de agosto de 2006 una aportación de 14 millones, hecho que confirmó a los periódicos el mismo Juan Tomás Martín. Eran finalmente 14 millones de los 18,6 en los que estaba presupuestado. La primera fecha de 2006 quedó en el retrovisor y el siguiente objetivo pasó a ser inaugurar en 2008 después de que las instituciones firmaran al fin el convenio para crear el Consorcio del Centro Lorca. A mediados de este año comenzaron las obras de cimentación y el edificio de la Romanilla fue emergiendo poco a poco bajo la supervisión de la Fundación Lorca, que tenía la encomienda para la construcción del Centro. Aquí ya se daba todo por hecho y se brindaba con champán en las puertas de la Romanilla, hasta que llegó el famoso sobrecoste de 3,6 millones en las obras que llevó a Ferrovial en 2010 a poner el candado en el solar con el 95% del edificio terminado y con una programación para el estreno ya ultimado por parte de Laura García-Lorca. Otro estreno, en este caso el programado para octubre de 2011 que quedaba en el cajón de las promesas incumplidas y la Junta y el Gobierno, que por entonces seguía gobernado por el PSOE, comenzaron una batalla dialéctica sobre las aportaciones que ambas instituciones debían realizar para sacar el proyecto del atolladero. A continuación se llegó a un acuerdo para pagar a escote el sobrecoste de las obras, aunque el dinero no llegaba y el solar de la Romanilla seguía sin ver un obrero. Pero en abril de 2012 llegó un nuevo impulso con la llegada de los fondos noruegos, 4,8 millones -que al final fueron menos de 4- para equipar y financiar el primer año de actividades culturales en el Centro Lorca. Ya en 2013 se produjo otra reunión en la sede de la Junta de Andalucía en Granada en la que se anunció que ya estaba todo solucionado y que ese mismo año abriría por fin sus puertas el espacio cultural, toda vez que, ahora sí, Ministerio de Cultura, Junta y Ayuntamiento iban a poner 1,2 millones sobre la mesa -más 500.000 euros de la Diputación- para que Ferrovial entregara de una vez las llaves del Centro Lorca.

Pasó 2014 sin pena ni gloria y, a comienzos de 2015, la empresa constructora dio su brazo a torcer y remató el edificio. Se puso como fecha de inauguración el 5 de junio y los canapés ya estaban casi preparados cuando se anunció que se posponía la inauguración por "cuestiones técnicas".

Y estalló el escándalo con la denuncia de Laura García-Lorca a Juan Tomás Martín, el hombre del traje gris de la Fundación. Se supo que había un crédito impagado de 4 millones con la Caixa y el Ministerio de Cultura y la Junta de Andalucía sembraron más dudas sobre la gestión económica anunciando que iban a reclamar a la Fundación 1,7 y 2,5 millones de euros respectivamente por facturas injustificadas, además de la espada de damocles de los fondos noruegos, que habría que devolver si no llegaba el legado.

Las reuniones clave para desbloquear la situación se sucedieron y las relaciones entre la Fundación y el Ayuntamiento llegaron a un callejón sin salida, con el equipo de Torres Hurtado barajando la posibilidad de dirimir la crisis en los tribunales.

El caso Nazarí llevó a Francisco Cuenca a la Alcaldía y su primera foto fue con Laura García-Lorca en la Residencia de Estudiantes. Comenzó una nueva etapa y finales de 2016 era la fecha para la llegada del legado. Finalmente, el pasado mes de diciembre se llegó a un acuerdo trascendental, la liquidación de la encomienda a la Fundación Lorca, que implicaba que las instituciones se hacían cargo de las facturas que aún quedaban pendientes de pago de la construcción del Centro Lorca. Mientras, la Fundación, que previamente había llegado a un acuerdo con la Caixa, consiguió capear el temporal poniendo la cuenta a cero después de que se llegara al acuerdo de que el legado llegaría en usufructo los res primeros años. Con esto se terminó de saldar el millón de euros de descuadre que aún quedaban en las cuentas, después de que el Consorcio aceptara los llamados 'gastos asociados' a los que tuvo que hacer frente la Fundación por la parálisis en el Centro Lorca.

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