La mar, con M de mujer

  • Ni capitanas, ni contramaestres, las mujeres en el sector pesquero han estado relegadas a los puestos del mercado, salvo excepciones

En la pesca algo está cambiando. Un sector en el que no ha existido tradición de que participe la mujer en la Costa de Granada, ve con buenos ojos que arrimen el hombro tanto féminas como hombres, para impedir que todas las dificultades por la que atraviesa hagan que finalmente el barco zozobre.

Motril puede presumir de contar con la única jefa de lonja de toda Andalucía. Mari Luz Ruiz se encuentra al frente de un trabajo en el que habitualmente hay pocas mujeres. Cada vez que suena su nombre, sus compañeros se nota que la aprecian porque enseguida hay alguien que añade que no sólo es la única, sino que es "la mejor".

En cuanto a si se ha sentido alguna vez discriminada por su condición sexual, Mari Luz responde que no, que "por lo general, son superbuenos" y agradece a sus jefes su apoyo en los comienzos. De aquello hace 8 años.

Su trabajo principal consiste en garantizar el seguimiento del producto pesquero desde que se extrae del mar hasta su consumo, asegurar que desde el punto de vista sanitario son seguros para el consumidor y desarrollar una labor de vigilancia.

Mari Luz es muy respetada en su trabajo, pero también se acercan a ella para preguntarle distintas cuestiones o consejos. En la lonja se repite su nombre casi como un mantra. Y siempre hay alguien que se acerca, orgulloso de poder contar con ella, y que sigue añadiéndole calificativos: "Es una jabata", "es multitarea", "ayuda en todo lo que puede"...

Una de las que hace estos comentarios es Rosa María Jiménez. A sus 35 años, es marinera. Sus compañeros de profesión hacen apuestas sobre cuánto tiempo aguantará en este duro trabajo, reservado hasta ahora prácticamente para hombres. De momento, lleva ocho meses. Comenzó en esto por necesidad, ya que su marido, patrón de un pequeño barco dedicado a la pesca del pulpo, necesitaba llevar a un marinero y las circunstancias económicas tan difíciles que rodean al sector en la actualidad hacían imposible que con lo que ganaba pudiese pagar un sueldo, así que se le ocurrió que su mujer podría ser la compañera perfecta también en el mar.

Desde entonces, la vida le cambió a Rosa María. "Hay días que no me acuesto", porque a las doce de la noche tenemos que empezar. Sus funciones son las propias de una marinera en una embarcación que se dedica a la captura del pulpo o pesca de alcatruces. "Preparamos el barco para arrancarlo, vamos reparando lo que se va rompiendo por el mal tiempo o por otras razones… No se para en una jornada ni siquiera para comer".

"La suerte es que no me mareo", comenta y añade que "el trabajo en sí me gusta, porque estás en contacto con la naturaleza, sin embargo, hace falta fuerza física y mental para aguantarlo". El movimiento, el frío y la humedad son algunos de sus enemigos: "Me pongo hasta tres calcetines, pantalones térmicos y otros encima y siempre te terminas mojando en un barco pequeño de tan sólo 7,8 metros", señala.

Además, es madre de dos hijos, un niño de 11 y una chica de 17. A Rosa no le gustaría que esta última también hiciese historia como una de las pocas marineras que existen. "Ella irá a la Universidad el año que viene" y comprende que un trabajo como éste es muy duro y sacrificado.

Y, a veces también poco comprendido el papel de la mujer en él. "A mi marido le han dicho que cómo ha permitido que su mujer trabaje en la mar, que no es un trabajo para una mujer", pero también reconoce que nadie la ha tratado mal o diferente por hacerlo. Aunque confiesa que en el barco manda su esposo, "porque tiene más experiencia", luego siente que los dos son iguales para todo. "Hay hombres y mujeres que sirven para la mar y hombres y mujeres que no", sentencia.

Antes que ella otras personas del mismo sexo le abrieron el camino, como Concepción Peña, que también se dedicaba al palangre del pulpo con su marido, o Encarnación Sánchez, que fue alumna de formación básica del desaparecido Centro de Desarrollo Pesquero, donde se impartían estos cursos y un lugar donde todos recuerdan que eran asesorados y apoyados en su labor.

Según el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Motril, Ignacio López, en la actualidad hay dos marineras en circunstancias similares a las de Rosa y dos armadoras.

Entre estas dos últimas se encuentra Ana Rico, que lleva unos 40 años ocupándose del barco, 17 de ellos en solitario, desde que se quedó viuda. Ella es la empresaria, la que se ha ocupado siempre de todo el papeleo y "de todo lo concerniente al barco, excepto de pescar". También en él han trabajado sus tres hijos, aunque ahora están en otras ocupaciones. En la actualidad dice que "no se saca ni para vivir", y a sus 73 años ha decidido dar de baja su embarcación, el Nuevo Kiwi. "Ya es hora de que yo descanse también".

Ana dice que no se ha sentido nunca discriminada por ser armadora: "Yo he sido siempre competente y no he tenido problemas en que nadie pensara que lo haría peor por ser mujer".

Pero todavía hay algunas mujeres más rodeadas de hombres. La Cofradía de Pescadores de Motril es una de las pocas de Andalucía cuyos servicios administrativos están en manos femeninas, en concreto, de María José López Sáez, una profesional que lleva trabajando para el sector pesquero desde diciembre del año 2005.

Según el trabajo realizado por Obsemar, en el que colaboró la Diputación, titulado La mujer en la pesca en Granada. Un papel desconocido, en el sector extractivo y productivo de la pesca el papel femenino en la provincia es prácticamente testimonial. Destaca el papel de la jefa de lonja, "como algo muy poco habitual". Y en el sector comercial sí empiezan a aparecer más mujeres. En concreto, dominan en la venta, tanto en pescaderías como en los puestos del mercado. También son más las compradoras de pescado que los hombres que los adquieren. Asimismo, las hay en otras administraciones relacionadas, en Capitanía y algunas empresas. Sin embargo, no hay ni motoristas, ni contramaestres, ni capitanas, ni mecánicas…

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