El 40% de los mayores del Albaicín resiste en situación de infravivienda

  • El último estudio de la Oficina de Rehabilitación Concertada calcula que en la zona existen unos 800 inmuebles en estado de degradación grave l Actualmente se interviene de manera directa en 150

Probablemente, la casa de Rogelio Fajardo, ubicada en la Plaza de los Naranjos del Bajo Albaicín, sea dentro de unos años un hotel urbano con encanto o quizás un bloque remodelado de apartamentos. Él, actual único inquilino del edificio, desconoce el futuro del inmueble. Lo que sabe es que paga 168 euros de alquiler para una casa que se alumbra con velas y que no tiene agua corriente.

El problema de la infravivienda en el barrio del Albaicín no es un descubrimiento. La novedad se encuentra en la delicada situación que vive el 20 por ciento de los residentes del barrio, curiosamente, mayores que están siendo objeto del "abandono más absoluto y las presiones más directas" para que dejen sus domicilios, según informan fuentes de la asociación vecinal. Todo esto, teniendo en cuenta que más del 30 por ciento de las viviendas se encuentran vacías y están siendo objeto de nuevas oleadas de ocupaciones ilegales por parte de jóvenes y foráneos que se instalan en el barrio "sin pagar un euro".

Responsables de Urbanismo de la organización vecinal aseguran que, concretamente, en el barrio hay más de una decena de casos de extrema urgencia. Explican que se trata de personas mayores de 60 años que viven solas o con algún hijo a su cargo y sin una economía holgada.

Entre estos casos hay situaciones dispares. Aquellos que viven de alquiler pero sufren el abandono de los propietarios. Y otros que, después de que su casa se incluyera en el Plan de Rehabilitación de Albaicín, han quedado al amparo de propietarios y administraciones "que no nos dicen qué va a ocurrir con nosotros". Cada una de estas historias tiene cara, nombre y apellido. Dicen, que por el momento, ni Servicios Sociales ni la Oficina de Rehabilitación les dicen qué va a pasar con ellos. Hasta que esto ocurra, ellos sólo reclaman dos cosas: que no los muevan del barrio y que no les suban el alquiler.

sin luz en el siglo xxi

Rogelio es uno de los vecinos afectado por el avance inmobiliario que sacude al barrio desde hace unos años. En pleno siglo XXI, en su casa en un barrio Patrimonio de la Humanidad cuenta que por las noches se alumbra con velas y que el agua que utiliza para los quehaceres diarios la recoge de un pilar de la calle Elvira. Después de dos años viviendo en una situación "infrahumana" -no tiene ni cuarto de baño- reclama a las administraciones que se hagan cargo de su caso. "Solicité viviendas de alquiler en el último sorteo de la Junta, he estado en Asuntos Sociales... pero sigo esperando".

Los responsables vecinales amparan este testimonio con la réplica de que se cubran las necesidades. "Nos parece bien que se alquilen casas rehabilitadas a jóvenes y extranjeros, pero teniendo estos casos, se debería dar prioridad a las problemáticas de los naturales del barrio". Su situación, cuenta, es fruto de una reventa. "Los primeros propietarios optaron por vender la casa ya que rehabilitarla les iba a salir más cara. Los nuevos, mientras deciden qué van a hacer con ella, me tienen allí, pero no van a invertir dinero cuando, probablemente hagan una reforma integral o simplemente, la tiren". El hombre sabe que tarde o temprano tiene que abandonar su vivienda, pero no sabe dónde acabará. Está dispuesto a destinar el mayor porcentaje de sus ingresos -500 euros mensuales- para pagar su alquiler, "pero para encontrar una vivienda a ese precio necesito ayuda".

a la espera

A Josefa Vilches todo el barrio al conoce por Pepa. Lleva viviendo en el número 7 de la Placeta Sánchez desde hace más de veinte años, ahora, mantiene la incertidumbre de que tiene que dejar su casa, pero no sabe cómo, ni cuándo, "ni siquiera si realmente la tengo que dejar". La única certeza que tiene Pepa es que a su vecina de abajo ya la han realojado en un piso de La Chana.

Su caso responde a uno de los expedientes que la Oficina de Rehabilitación tiene pendientes de trámite. "Sé que lo tienen que rehabilitar y que cuando esté bien la casa volveremos... pero no sé yo". La mujer comenta que no sabe en qué fase se encuentra su casa y que "simplemente me dijeron que no me podían dar ayuda -para alquilar otro piso-". Mientras su casa se deteriora a pasos agigantados. Las escaleras que suben a su vivienda están llenas de grietas y la fachada del bloque plagada de desconchones que atestiguan un paso del tiempo que los propietarios del inmueble no han frenado con arreglo o remodelaciones.

las hermanas maya

Lola ha vendido toda su vida castañuelas en San Nicolás. Cuando terminaba su jornada se marchaba a su casa en el Aljibe del Gato, en el corazón del Albaicín. Cuando contaba a los extranjeros que vivía en el corazón del barrio se imaginaban que moraba en alguno de los cármenes que pueblan el barrio, pero, en realidad, su casa, al igual que la de su hermana Josefa, se reduce a una habitación y dos habitáculos. Después de cuarenta años residiendo en su casa dicen que se han acostumbrado a tener la olla hirviendo enfrente del televisor y que la pila de lavar y lavarse se encuentre a unos centímetros de la puerta. Justo al lado de la ornilla está la puerta del dormitorio, en el que duerme Pepa con uno de sus hijos. Por esta "maravilla" en el Albaicín una de las hermanas paga 88 euros y otra "más de siete billetes" -unas 10.000 de las antiguas pesetas-. De sus propietarios sólo saben que son catalanes y nada más, "por ahora no nos han dicho nada de subirnos ni de tener que marcharnos, pero... así vivimos", cuentan incluso con una sonrisa en la cara.

Ante esta situación, los representantes vecinales exigen en Plan dedicado a Vivienda concreto para la zona, "y más que eso que existe con el Pepri más específico para casos como los de Rogelio, Josefa o Lola", explican.

Mientras el avance urbanístico y personas de alto poder adquisitivo crean auténticos palacios en las serpenteantes calles del popular barrio, en la sombra existen los otros cármenes, más antiguos y más olvidados, pero que conservan la esencia de Albaicín: su gente.

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