Las páginas de la discordia

  • El libro sobre la catedral, origen del proceso y condena del arzobispo, terminó siendo editado, pero ni sus autores ni el público en general han podido adquirirlo

Habría sido demasiado tópico que este reportaje se titulara En busca del libro perdido, pero algo de eso hay. El famoso libro que tanto dio que hablar en el juicio en el que se condenó al arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez Fernández, existe. Hay al menos un ejemplar en la Biblioteca Nacional, otro que se llegó a enseñar durante el juicio y en su momento también un tercero -o mejor dicho, su índice- en una librería cercana a Pedro Antonio de Alarcón. Supuestamente su tirada no es de tres ejemplares, sino de bastantes más. Pero nadie ha podido adquirirlo hasta ahora. Ni siquiera sus autores.

El libro versa sobre la catedral. Como quedó acreditado en la vista oral, lo encargó su predecesor, Antonio Cañizares, en 2000. Debía ser publicado a finales de 2004, coincidiendo con el quinto centenario de la muerte de Isabel la Católica y el tercero de la finalización de la catedral. Estaba financiado por Cajasur y, por ese motivo, el hombre que en 2003 sustituyó a Cañizares, Francisco Javier Martínez Fernández, intentó evitar a toda costa su publicación. No quería saber nada de la entidad cordobesa, con cuyo máximo dirigente, Miguel Castillejo, mantenía una enemistad declarada.

Es de contenido histórico y artístico. Y asimismo, como se dijo en el juicio, tiene un componente religioso. Sobre todo porque lo promovía una entidad eclesiástica, pero no sólo por eso. Del análisis y estudio de los elementos de cualquier obra de arte sacro se extrae la intención evangelizadora de quien la encargó. Es difícil separar lo uno de lo otro. Y en último caso, los religiosos se podrían aplicar lo que dijo Pío XII: "Todo arte es religioso porque el arte nace del alma y el alma es de Dios".

Cajasur financió el proyecto gracias a lo bien que había funcionado la exposición Jesucristo y el Emperador cristiano, de la que se obtuvieron unos beneficios de cien millones de las antiguas pesetas. Detrás de esa exposición estaba Javier Martínez Medina, el sacerdote al que, según el juez, coaccionó e injurió el arzobispo. De esa cantidad, se pensó destinar la mitad a la construcción de un museo para la catedral -iniciativa que se fue al traste poco después- y, como complemento, al libro.

Lo ocurrido desde que, en marzo de 2003, Francisco Javier Martínez llegó a Granada, ya ha sido contado. El juez Miguel Ángel Torres habla en su sentencia de sus numerosos intentos por paralizar el libro, hasta el punto de que, a la desesperada, llegó a pedírselo al mismísimo Castillejo.

Luchaba contra el reloj. Cuando tomó posesión de su cargo, el libro estaba ya en la imprenta, después de que los más de 30 colaboradores coordinados por Martínez Medina hubieran entregado sus artículos. Y Cajasur estaba dispuesto a publicarlo. Pero el arzobispo siguió intentándolo. Tenía un plan.

Como Martínez Medina no le dio los artículos de los colaboradores, alegando que a éstos les amparaba la Ley, él se los pidió directamente, a lo que ellos se negaron. Esa estrategia le permitió ganar tiempo, porque Cajasur, a la vista del cariz que estaban tomando las cosas -con los escritores recurriendo a la vía notarial para impedir que los textos llegaran a quien los solicitaba-, retrasó la fecha de edición.

Fue un balón de oxígeno para el ahora condenado, porque, en junio de 2005, Cajasur jubiló a Castillejo -era algo con lo que el arzobispo contaba- y la entidad pasó a depender del Obispado. Su titular, Juan José Asenjo, prefirió no enemistarse con el arzobispo de Granada.

Los autores del libro, mientras tanto, seguían reclamando que éste viera la luz y hasta se querellaron contra el arzobispo por supuesto incumplimiento del convenio de colaboración. Querían que se les pagara por su trabajo y esto último, aunque con dificultades, se consiguió. Pero no que vieran el libro, que sin embargo sí salió.

El arzobispo, a la vista de que la situación en Cajasur ya era bien diferente, dio el visto bueno a su publicación, aunque con el matiz, importantísimo, de que no lo viera nadie. Sólo para guardarse las espaldas ante una posible reclamación de los autores y también de cara al juicio contra Martínez Medina, que ya tenía cerca.

A los escritores tampoco se les dio un ejemplar. David Rodríguez Donaire, que fue su abogado, les mandó, el 18 de octubre de 2007, una carta que, textualmente, decía esto: "El libro de la catedral ya ha sido publicado, estando a nuestra disposición un ejemplar para quien quiera hacer copia de su obra en la Librería Estrellitas. Pese a que en un primer momento se nos dijo que se nos darían varios ejemplares, finalmente, habida cuenta de su alto precio, en torno a los 200 euros, según informaciones cercanas al Arzobispado, esto no ha sido posible. No obstante, el libro, que cuenta con dos volúmenes, se encuentra a la venta en la propia catedral para quien quiera adquirirlo".

Los autores que se acercaron a esa tienda pudieron, efectivamente, hacer una copia. Pero sólo del índice, donde al menos salen sus nombres. En cuanto a que estuviera a la venta en la catedral, si fue así nadie lo pudo comprar.

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