El parricida de Cúllar declara en el juicio que se le "bloqueó la cabeza"

  • El hombre asegura que padecía una depresión Dice que su mujer estaba de frente cuando salió con la escopeta

Antonio G.B., el vecino de Cúllar que acabó con la vida de su mujer, Antonia María Latorre Bujaldón, el 4 de septiembre de 2014, declaró ayer que ella estaba de frente, en la calle, "mirando hacia la puerta" y con "el móvil en la mano" cuando disparó su escopeta. Todo se produjo después de "muchas amenazas" y de que esa misma mañana el médico le hubiera diagnosticado una depresión. "Se me bloqueó la cabeza de tal manera que no supe ni lo que hice", dijo.

Durante la primera sesión del juicio, que se celebrará durante toda esta semana en la Audiencia de Granada y que cuenta con un jurado popular, el parricida confeso sólo accedió a responder a las preguntas que le formuló la fiscal y su defensa. No pudieron plantearle sus cuestiones ni la acusación particular que ejerce su hijastra ni la acusación popular que ejerce la Junta de Andalucía. De igual modo, el hombre comunicó al propio magistrado que preside el tribunal popular, Juan Carlos Cuenca, que prefería no contestar tampoco a sus preguntas. "No me encuentro bien", aseveró.

La vista se inició sobre las 12:00 horas en la Sección Segunda, después de que se constituyera el jurado, que está integrado por seis mujeres y tres hombres. Durante la lectura de los escritos de las acusaciones, antes de su interrogatorio, el acusado se llevó en varias ocasiones un pañuelo a los ojos.

Se enfrenta, en principio, a una petición fiscal de 20 años de prisión, mientras que las otras acusaciones reclaman que sea condenado a 25 años. Su defensa solicita sólo 5 años, al concluir que el crimen fue un homicidio con las atenuantes de confesión y alcoholismo, unidas a una presunta anomalía mental por depresión. Pero Antonio G.B., negó ayer que llegara borracho a casa. "Yo nunca me sobrepasaba", manifestó, refiriéndose a la bebida. Sí se tomaba pastillas. Doce, según sus cálculos.

El hombre rechazó asimismo que tuviera problemas con su esposa y aseguró que ella no le había propuesto "nunca" separarse. "Yo era su ojo derecho", afirmó. Apuntó incluso que les decían que eran "una pareja envidiable". Llevaban 22 años juntos.

En su relato, explicó que aquel día por la mañana había estado en el médico, que le advirtió que estaba cayendo "en un pozo sin fondo", un extremo que no había contado antes "porque tenía la cabeza muy bloqueada". Por la tarde, fue "al huerto con unos amigos", ya que "tenía costumbre de echar una partida". Regresó a su casa sobre las 20:30 o 20:45 horas. Se encontró entonces con que Antonia "estaba muy enfadada". "Me dijo que qué horas eran esas de venir" y "empezó a pegarme", declaró. Él negó haberle puesto "nunca" la mano encima.

En los momentos previos al disparo, mientras discutían, Antonia le dijo "que iba a llamar a sus hermanos". Cogió el móvil, de hecho, y "se quedó en la puerta". Él entró a continuación a por la escopeta, que guardaba "en una funda", en un dormitorio, y cerró la puerta. "Me asusté o me hizo mala reacción la medicación", indicó para tratar de justificar su acción.

Antonio no recordaba ayer si llegó a echar la llave una vez accedió al interior de la casa, donde se le "escapó" un tiro "en la salita". Una vez fuera, sabe que disparó a su mujer, "pero -añadió- no lo recuerdo, estoy muy bloqueado". Dijo creer que la víctima le vio salir, "porque estaba mirando hacia la puerta". Tras el disparo, volvió a entrar en el domicilio e intentó suicidarse. Aunque se hirió en la cara, no lo logró "porque la escopeta era muy larga, no atinaba y se le iba para el lado". Sobre Antonia, afirmó que "se metía mucho con mis padres muertos y yo nunca me he metido con los suyos".

Tras la declaración del acusado, testificó Emilia, hermana de la víctima. Dijo que siempre pensó que su cuñado era "un lobo disfrazado de cordero". Lo definió como un hombre "muy machista" y "muy intolerante". "Esa tarde me dijo que estaba preocupada, porque llevaban días que estaban mal y quería separarse de él", reveló Emilia, que había estado durante el día con Antonia y recibió su llamada justo antes del crimen. Antonia le pedía que acudiese porque "Antonio había cerrado la puerta y no podía entrar". La mujer tardó 5 ó 6 minutos en llegar a casa de su hermana. La encontró tirada en el suelo "como un perro", inconsciente.

También la hija de la fallecida, de una pareja anterior, testificó ayer. Señaló que su madre no quería darle "disgustos" porque estaba embarazada y que se limitaba a decirle que las cosas no iban bien y quería separarse. El juicio continúa hoy.

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