Un partido contra los estereotipos

  • Pinos Puente ha sido el lugar elegido para el encuentro de fútbol que enfrentó ayer a población gitana y agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil · El árbitro del partido fue el párroco del municipio

La legendaria rivalidad entre la población gitana y las fuerzas de seguridad tuvo ayer su punto de encuentro en el partido de fútbol por la convivencia, que se disputó en la localidad granadina de Pinos Puente en un ambiente distendido y deportivo.

En una localidad en la que la mezcla de razas y culturas es cada día mayor, gitanos, policías locales y guardias civiles han intentado suavizar la mala fama que rodea sus relaciones con la mezcla de regates, goles, tiros a puerta y faltas, que también las ha habido.

Para impartir justicia y paz sobre el terreno de juego los personajes tampoco han sido casuales ya que el trencilla de este partido especial ha sido el párroco de la iglesia católica de Pinos Puente, Antonio Hernández, al que han acompañado en las bandas un miembro de la comunidad musulmana y otro de la iglesia de Filadelfia.

Lejos de resultar una mezcla explosiva, los casi 300 aficionados asistentes al partido han disfrutado animando al sector con el que más identificado se sentían, aunque los miembros de la comunidad gitana se han llevado la palma en número de seguidores.

La intención de este encuentro es llevar el respeto y las bases de la convivencia a ambos sectores, porque "hay que saber convivir", explicó la concejal de Bienestar Social de Pinos Puente, Francisca Toribio, que realizó el saque de honor de este peculiar encuentro.

Y aunque antes del comienzo todos se desearon suerte y prometieron juego limpio, los pillos hicieron de las suyas por ambos bandos y provocaron faltas, se tiraron a la piscina en el área rival o controlaron con la mano alguno de los balones a los que no llegaban por alto.

Por fortuna, el árbitro del encuentro no tuvo que hacer uso de las tarjetas aunque, tal y como explicó el propio protagonista, el padre Antonio Hernández, se produjeron momentos de tensión sobre todo tras dar por válido un gol ilegal, por fuera de juego, a la comunidad gitana, aunque el comportamiento de los futbolistas "ha sido bueno".

Más de un miembro de la comunidad gitana disfrutó regateando al agente que algún día le puso alguna multa de tráfico, hecho que aportó "más motivación" por participar en el encuentro, tal y como señaló Luis Fernández, miembro del equipo de los gitanos.

Pese a las patadas que se pudieron propinar, incluidas en el guión de cualquier partido de fútbol por muy amistoso que sea, o del penalti señalado a favor de los gitanos en el último minuto, dudoso donde los haya, aficionados y jugadores disfrutaron de un día de convivencia que pretende romper estereotipos.

La concejal de Seguridad Ciudadana de la localidad, Teresa Fernández, reconoció que los ciudadanos deben aprender a que las fuerzas del orden "están para ayudarles y trabajar por ellos". Al final todos terminaron abrazados y se citaron para una próxima ocasión pero sin aires de revancha, ya que el choque terminó empate a dos goles, aunque quizás el resultado, en este tipo de partidos, sea lo que menos importe.

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