"Me pasaba más de 15 horas jugando en la red"

  • Manuel es uno de los jóvenes que acuden a terapia en Agrajer para tratar su adicción a los juegos de rol

Lo que empezó como una búsqueda se convirtió en cuestión de una semana en una espiral de lo que no es fácil escapar. Manuel comenzó su adicción a las nuevas tecnologías poco antes de cumplir la mayoría de edad. La separación de sus padres y el paso de la educación secundaria a la universitaria le motivaron a probar los juegos de rol en la red. Una serie encadenada de problemas le condujeron a evadirse de la realidad que le rodeaba a través del juego on line. "Me recomendaron el juego, lo probé, y en muy pocos días llegué a pasar entre 14 y 15 horas jugando sin apenas descanso. Era lo único que me motivaba a seguir adelante", confiesa.

Su rutina y sus prioridades cambiaron drásticamente. La alimentación pasó a ser algo secundario, irregular, y estaba centrada en comida rápida y snacks con los que aliviar el hambre sin tener que dedicarle mucho tiempo: "Llegué a subir de peso en torno a unos quince kilos . Descuidé mi aspecto físico y perdí algunos hábitos de higiene". La adicción llegó sin avisar, aunque en su familia ya había antecedentes similares.

"Mi padre ha sido toxicómano desde que yo era pequeño. Por eso, desde el momento que tomé la decisión de salir del agujero, recibí el apoyo total de mi madre. Ella me comprendía, entendía lo que estaba sucediéndome y sabía qué pautas tomar para poder ayudarme". Pese a ello, durante más de un año y medio Manuel estuvo enganchado al juego sin atender a razones. "Mi familia me decía que tenía un problema, aunque yo pensaba que realmente el problema lo tenían ellos. Para mí jugar era algo inofensivo, rutinario. Me negaba a ver en lo que me estaba convirtiendo, huía de la realidad que me rodeaba", asegura.

Hasta que un día, su novia le hizo abrir los ojos. "Me hizo ver, por primera vez, que tenía una adicción. Me dio a elegir entre continuar con el juego o continuar con nuestra relación, y afortunadamente no dudé. Ella me recomendó ir a terapia y hasta entonces no me atreví a dar el paso por miedo a perder todo lo que había conseguido en la red".

Después de un año de tratamiento, la vida de Manuel ha dado un giro de 180 grados: "Estoy aprendiendo a desenvolverme en un mundo lleno de posibilidades en el que los juegos no tienen cabida".

El camino en la terapia no ha sido fácil. "Al principio veía a diario imágenes del juego que se me venían a la cabeza. Recordaba los sonidos, las sensaciones que me hacía sentir y tenía que controlarme para no volver a recaer. El periodo de abstinencia ha sido lo más complicado. Levantarme cada día con ganas de jugar y tener que luchar contra eso", relata. Entre sus nuevos logros, Manuel ha mejorado su rendimiento académico, se ha aficionado a la lectura y se refugia en la música para resistir la tentación de volver a jugar. "Tengo una vida detrás del juego", reconoce emocionado. Gracias a la terapia, el peso de su adicción es cada vez menor.

"Al principio tenía recelo a compartir mi experiencia, aunque poco a poco me fui relajando hasta sacar fuera todo lo que escondía en mi interior". Cada día de terapia le ayuda a sentirse más aliviado. Su tratamiento todavía no ha terminado. "No sabemos cuánto tiempo durará la terapia para no desmotivarnos. Tengo claro que quiero ser feliz y lo estoy consiguiendo".

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