Las penas se ahogan con la lluvia

  • El mal tiempo redujo las visitas al cementerio e impidió la celebración de la misa oficiada por el obispo

La visita al camposanto el 1 de noviembre es tradicional en toda España, pero este año, el número de visitantes en Granada ha sido menor que otros años debido a las inclemencias del tiempo que regalaron ayer un día de lluvia y frío. Aunque en menor número, la hilera constante de personas no faltó desde que se abrieran las puertas a las nueve de la mañana hasta su cierre a última hora de la tarde. Desde mediados de octubre las visitas han ido creciendo diariamente a medida que se aproximaba la festividad para limpiar, decorar y acompañar los panteones, nichos y mausoleos de sus familiares y conocidos; e incluso ayer, seguía la peregrinación de flores, paraguas y escaleras hacia las tumbas de los allegados. Por la tarde estaba prevista una misa celebrada por el obispo en una de las explanadas pero se suspendió por el mal tiempo.

El color de las flores se mezclaba con los trajes naranjas de los escaleristas y jardineros que ayudaban a los granadinos a colocar sus regalos en las alturas de los nichos. Y su colorido contrastaba con el gris del cielo y de las miradas de los que se acercaban a tumbas recientemente estrenadas. Para los rezagados que no habían podido ir antes a colocar sus flores, un elenco de floristeros esperaba a las puertas del cementerio con sus carros cargados de todo tipo de flores. Y con el ramo en la mano se adentraba el visitante hacia la localización buscada para dejar su presente. Muchos eran los que iban directamente a una tumba y se iban después de visitarla; pero muchos eran también los que aprovechaban para dar una vuelta por la majestuosidad de los patios que albergan tumbas de personajes históricos o decoraciones de grandes escultores. También había quien se paraba frente a una lápida que indicaba "rezad un Padrenuestro por el alma de quien aquí yace", para cumplir la petición gravada en la piedra para la eternidad.

La distribución del Campo Santo se hace más clara y fácil para el visitante gracias a los múltiples planos que se encuentran a la entrada de cada uno de los patios; así como las indicaciones de calles y zonas con placas en las paredes. Si todas las zonas eran sorprendentes por el cuidado y el amor con el que estaban adornadas, una de ellas era impactante: la zona de parvularios. Un pasillo entero donde las muñecas y juguetes que acompañaban a las flores indicaban que quien allí yacía enterrado era un niño o incluso un bebé. Un día para el recuerdo de todos los granadinos, independientemente de sus creencias. Un día para valorar la vida y cuidar del lugar de reposo de los que ya no están entre las calles granadinas sino en ese lugar al lado de la Alhambra.

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