"El principal problema no son las industrias, sino los hogares"

  • Leticia Baselga, coordinadora de residuos de Ecologistas en Acción, advierte de la gran cantidad de restos peligrosos que se generan a diario en las viviendas

Normalmente, cuando se piensa en residuos peligrosos se tiende a imaginar una gran industria contaminante vertiendo chorros de un líquido fluorescente y humeante. La realidad es muy distinta.

Según la coordinadora de residuos a nivel nacional de la organización Ecologistas en Acción, Leticia Baselga, "el principal problema no son las industrias, sino los hogares". La falta de concienciación ciudadana provoca que se viertan sin ningún tipo de control una gran cantidad de residuos peligrosos con alto poder contaminante en el medio ambiente. La acción contra este problema ecológico empieza en el hogar de cada ciudadano.

"Sin disminuir el problema de las grandes industrias, lo cierto es que éstas suelen estar muy controladas por la administración. Se sabe qué produce y en qué cantidades. Además, se les obliga a pagar por el reciclaje. Esto no ocurre en los hogares", asegura Baselga.

Hablar con esta especialista en residuos casi produce pavor. Productos de limpieza, pilas, bombillas, tubos fluorescentes, televisiones, ordenadores, baterías de móviles... la gran mayoría de cacharros y productos que se apilan en un hogar pueden ser residuos peligrosos.

Baselga indica uno especialmente: las bombillas de bajo consumo. Paradójicamente, este artefacto tan promovido desde la Administración puede convertirse, si se arroja a la basura general, especialmente si está roto, en un elemento altamente nocivo, ya que en su composición tiene mercurio. "La administración no ha informado lo suficiente sobre las bombillas de bajo consumo, quizás por la necesidad de ahorrar energía".

Las pilas también son peligrosas para el medio ambiente. Su vertido incontrolado supone el origen del 93% del mercurio que se encuentra en la basura doméstica, el 48% del cadmio, el 47% del zinc y el 22% del níquel.

Aquí no queda la cosa. El exceso de lejía y otros productos de la limpieza del hogar, las radiografías, los productos para el mantenimiento de las piscinas (antialgas, floculantes, cloro), los insecticidas, las medicinas y hasta esos productos que se comercializan ahora para quitarle las bacterias a las lechugas, pueden dañar seriamente el medio ambiente si no se reciclan convenientemente, según Baselga.

"Como dependemos de la buena voluntad de los ciudadanos para que estos elementos se reciclen correctamente, hay que intensificar las campañas de concienciación y multiplicar el número de puntos limpios (lugares para el reciclado en general). Muchos de ellos no tienen vigilancia o son un auténticos basureros", añade la ecologista. "No hay excusas para no usarlos, pues son gratis. En Bélgica, por ejemplo, además de ser obligatorios hay que pagar por el servicio". No todo es negativo, "en España funciona muy bien el reciclaje de medicinas, cualquier persona que lo quiera hacer sólo tiene que ir a una farmacia y dejar allí el producto".

Otro de los escollos son los pequeños negocios urbanos, como peluquerías, tintorerías, talleres mecánicos. Éstos últimos, especialmente, suponen una gran amenaza por los aceites industriales que suelen desechar.

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