"Hay un problema, nos gusta lo que hacemos"

  • Su productora, Kandor Graphics, acaba de obtener un Goya por la película de animación 'El lince perdido'· Nacieron en Granada y aún presumen de ello

-Le pregunto su biografía y me habla de su empresa. ¿Su vida es su empresa?

-Cuando estaba en segundo de carrera nació la empresa, fui socio fundador. No puedo separar mi vida profesional de Kandor.

-¿Dónde vivía de niño?

-En el Zaidín. Estudiaba en el colegio Juan XXIII, cerca de mi casa. Me enorgullece que aún conservo a la gente de entonces. Muchos de los amigos con los que salgo el fin de semana los conocí en primero de EGB. Otra cosa de la que me siento contento es que el núcleo duro de la empresa, los que arrancamos esto, siguen aquí en un mercado que es muy movedizo. Óscar, Javi, Migue, están desde el principio, no son compañeros, sino amigos

-Una empresa de Granada que triunfa, ¿y siguen vivos?

-Me duele decirlo, pero seguimos vivos a pesar de Granada, porque realmente no es el mejor sitio para montar una empresa como esta, que se basa mucho en el contacto directo con el cliente. Ha sido un empeño, no me veo viviendo en Madrid. Para saltar, hubiese ido a Estados Unidos, no es que me guste, pero hay una calidad de vida distinta. Nos han hecho ofertas para irnos, pero por ahora queremos continuar, porque es el sitio donde nacimos, es una ciudad que creo que es genial para construir tejido industrial audiovisual.

-¿Hay materia prima?

-Nuestra materia prima es la gente con talento que podemos traer aquí. Somos unos enamorados de Granada y la defendemos a capa y espada. Queremos que este Goya, el trabajo que hacemos, revierta de alguna forma, porque es una pena que la ciudad no acabe de arrancar.

-¿Ha tenido el suficiente éxito como para no estar cabreado?

-Me gusta hablar muy poco de mí, porque en este negocio estamos 50 trabajando y lo normal es que hubiese 250. Una película como El lince necesita cinco veces más presupuesto y más personal. Estamos compitiendo, como decía Antonio [Banderas], con películas de setenta veces más presupuesto y tú cuando vas al cine pagas la misma entrada por la nuestra que por la otra. Aquí lo único que hay es creatividad y talento. Tenemos que estar muy contentos, porque con nuestro primer largometraje, de tres festivales, tres premios, eso te llena de orgullo. Es un aliciente, hasta ahora todos los pasos que está dando la empresa son muy seguros.

-¿No es raro que Kandor Graphics siendo una empresa granadina no se dedique a la construcción?

-Hubo una pequeña fase de subsistencia inicial en la que hacíamos cualquier cosa. Infoarquitectura, por ejemplo. Aquí nuestras cabezas van en otra dirección: narrar una historia, recrear un mundo, contar la biografía de un personaje. Éso es lo que realmente nos llena. Tenemos la suerte y la desgracia de que nuestro trabajo es nuestro hobby. Si tenemos tiempo libre es para el ordenador, irnos al cine o leer un libro de ciencia ficción o de cualquier cosa. Desgraciadamente echamos muchas horas, y los que tenemos familia la desatendemos. Realmente hay un problema, es que nos gusta lo que hacemos.

-¿Qué dice su familia?

-Mi mujer tiene más paciencia… Es una santa. En la gala de los Goya se repetía el discurso de "muchas gracias a mi familia" porque este mundo del cine es así. Mi mujer me lo recordaba con delicadeza: "durante tres años sólo nueve fines de semana no has ido a trabajar". Es un curre impresionante, pero también es un esfuerzo para colocar la empresa en un punto que permita saltar al siguiente nivel. Tengo un niño de dos años con quien me apetecería estar el triple de horas, pero no puedo, es un sacrificio que he de hacer y menos mal que mi mujer lo comprende. Seguro que otra persona ya me habría dado la patada.

-La gente 'formal' no le pregunta: ¿sigues haciendo dibujitos o ya has encontrado trabajo?

-Nuestra siguiente película va a tocar un tema parecido. Es la historia de Góleor, un chico que quiere ser héroe y su padre que sea abogado. Se parece a la de muchos de los que estamos aquí. Yo me he dedicado a una cosa que seguramente mi padre dirá: tú estás chalado, eso de los dibujitos animados… Con el tiempo esto funciona y no sólo trabajas tú sino que trabajan contigo 50 personas que comen y pagan su hipoteca con este oficio. Empresas como Pixar han demostrado que un sueño puede ser rentable.

-Laura Dalateh tiene diez años y quiere intervenir con estas preguntas. Una: ¿por qué se le ocurrió hacer una peli de dibujos?

-Desde pequeño adoro los dibujos animados, la fantasía, soy lector compulsivo de comics. El cine es una evasión fantástica, uno de los mejores inventos y poder vivir durante dos horas vidas emocionantes, me supone un placer enorme. Me encantan esos mundos y por eso quiero, no sólo consumirlos, sino también crearlos.

-Dos: ¿en qué se ha inspirado?

-Desde que tienes cuatro o cinco años empiezas a meterte un montón de 'basura' en la cabeza, porque recibes información de todos los comics y los libros que lees, todas las películas que te gustan. En El Lince perdido todos esos conceptos que tenemos en la cabeza, los hemos aplicado a una cosa que es medioambiental, que se supone que va a ser aburrida, pero que ha resultado todo lo contrario.

-Tres: Desde el 'punto de mira' (sic), ¿añadiría o quitaría algo?

-Por supuesto que sí. Este tipo de obras no las entregas, te las arrancan de las manos y a todos los niveles empezando por la historia y acabando por detalles técnicos. Las cosas nunca están como quieres. El lince, que es nuestro hijo y al que queremos mucho, es el comienzo de algo más grande y ambicioso.

-Cuatro: ¿Tiene cosas discriminatorias la película?

-Eso nos preocupaba, porque estamos en una sociedad… A veces creo que es injusto, pero se tiene demasiada atención a eso: 50% de tal y 50% de tal. ¿Por qué no 80-20 o 20-80? Es un tema que tuvimos presente al hacer el guión. Aunque el 'prota' es un lince, los personajes más interesantes son femeninos. El secreto de estas producciones consiste en que gustes a un público suficientemente amplio como para que la obra se difunda y tengas unos ingresos y un retorno. Lo hemos hecho con la mejor intención.

-Cinco: ¿De qué va la peli?

-El lince perdido cuenta las aventuras de Félix, un lince ibérico con mala suerte; Gus, un camaleón paranoico; Beea, una cabra adicta al riesgo, y Astarté, una halcón herida, en su intento de escapar de Newmann, un cazador sin escrúpulos contratado por un millonario excéntrico con un plan secreto para salvar animales en peligro de extinción en contra de su voluntad.

-Última pregunta de Laura. ¿Por qué un lince y no otro animal, es por su protección o porque fue el primero que se le ocurrió? ¿Ha visto algún lince en su vida? ¿Es idea de algún amigo o por alguna otra cosa?

-[Risas]. Sí, he visto un lince y es impresionante. ¿Por qué él? Primero, porque Medio Ambiente está detrás de la película y, segundo, para que los niños se encariñen con animales que tienen cerca, ya está bien de ver sólo africanos. Sí, queríamos ayudar al lince, el felino con mayor peligro de extinción del mundo. Y, como decía Antonio, por qué no en vez del mapa de Ohio ver el de Andalucía y que el paisaje de fondo sea El Veleta o Doñana. Queríamos una película de aventuras y para bien o para mal la hemos situado aquí. Creo que es lo que la hace exótica o diferente. Si quieres llegar a los niños tiene que ser con un producto que les divierta, si sospechan que intentas enseñarles algo, lo rechazan. Cuando vi 'Babe, el cerdito valiente', casi me hago vegetariano, porque le coges tanto cariño…

-¿El truco de 'El lince perdido'?

-Narrar una historia que a la gente le pueda gustar y contar con un equipo magnífico. Decía Hitchcock que hacen falta tres cosas para una película: guión, guión y guión. Sin olvidar los apartados artísticos que son importantísimos y que aquí hay un talento inconmensurable. En este tipo de cosas, no puedes estar en todo. La gente si no lo ve no puede entender cómo se hace una película así, no es como el cine que plantas la cámara y empiezas a moverte.

-No hay sangre ni violencia explícita: que nos devuelvan el dinero.

-[Risas]. No es la típica película cien por cien blandita, pero hemos cuidado mucho que el niño no se asuste. Los niños tienen que aprender a vivir, de alguna forma, con ese tipo de cosas. Bambi no es fácil de ver, o el inicio de Buscando a Nemo. Sin ser duros, no hemos evitado temas como la muerte, porque los niños saben mucho más de lo que creemos y es bueno que estén expuestos a cierto tipo de historias, sin exagerar, no hay que traumatizarlos. Tienes que intentar forzar todas las situaciones, porque el cine es una montaña rusa de emociones donde lo pasas bien, lo pasas mal, tienes miedo, estás contento y como no hagas eso, la gente no entra.

-Antes había una clasificación moral: "para menores acompañados". ¿Esta es "para mayores acompañados"?

-[Risas]. Es una buena definición, los adultos muchas veces necesitan la excusa del niño acompañante para ver animación, y no debería ser así. Wall-E está nominada al mejor guión en los Oscar, no al de animación. El cine de animación está arriesgando más que el de imagen real. Wall-E tiene una primera media hora que pocos se atreven a hacer porque los niños se salen de la película. Pixar no sólo es el mejor estudio de animación del mundo, sino que se está despegando a una velocidad inalcanzable. No hacen tanta taquilla como DreamWorks, pero el nivel de riesgo, historias y sentimientos que transmiten, avanzan y sorprenden con cada película. En el aspecto económico, el cine de animación tuvo un antes y un después, cuando los adultos empezaron a entrar. Ahora mismo los beneficios son increíbles.

-'El lince perdido' se ha rodado con un presupuesto de cuatro millones de euros y un equipo de unas cuarenta personas. ¿Son una productora del top manta?

-Es el trabajo de una productora de cuarenta héroes. No estamos en el top manta porque se han tomado medidas. La película se hizo a partir del trabajazo de cuarenta personas que se han triplicado, si no es imposible. Creo que tenemos uno de los mejores equipos humanos de Europa. Hemos conseguido que la falta de medios sea virtud.

-¿Cómo se hace una película industrial sin industria?

-Intentando poner las bases para crearla, ése es el gran problema que tiene España en la animación. Lo primero que tienes que hacer con tus películas es llenar salas. Hay una frase que me gusta mucho: "las reglas de cine se resumen básicamente en una, si haces una película muy cara tienes que conseguir que mucha gente vaya a verla". Eso implica, a veces, hacer concesiones y no contar la historia tal y como querrías. Lo fundamental es que la gente que trabaja en la animación cada vez esté mejor pagada y tenga un trabajo más digno, así se crea una industria. Hay cine español que no me gusta y lo rechazo, pero que ha conseguido grandes taquillas y lo alabo. Como pierdas de vista eso, cierras a los seis meses y no haces tu segunda película nunca.

-Antonio Banderas es coproductor de la cinta, ¿en qué ha ayudado?

-A pesar de la distancia ha estado muy encima de la película, teníamos reuniones cada tres meses. Y sobre todo ha aportado entusiasmo y energía para seguir. Además sabe mucho del mundo de la animación. Por haber hecho Shrek se ha metido en las entrañas de una industria y en DreamWorks, la empresa más grande que hay ahora mismo en EE UU. Antonio sabe cómo funciona, es amigo personal de Katzenberg, su presidente. Tiene una intuición muy fuerte de lo que va a funcionar o no, sobre todo, a nivel de actuación, de que los personajes estén vivos, comuniquen. En el siguiente proyecto va a tener una implicación más fuerte a nivel creativo. Además de poner la voz, conseguirá un casting americano y se encargará de dirigir a los actores. Imposible encontrar mejor socio para arrancar una aventura como esta.

-¿Hay un compromiso de fusión entre las dos productoras: Kandor Graphics y la suya, Green Moon?

-Es una alianza para, en los próximos diez años, hacer cinco proyectos. O, como decía el propio Antonio, siete, ocho o los que vengan.

-Su siguiente proyecto, 'Góleor: la balanza y la espada', ¿será más arriesgado?

-Sí, Es más compleja que El lince con un final que nunca se ha visto en una película de animación.

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