"No puede ser que una empresa quiebre porque la administración le debe dinero"

  • El presidente de la patronal de la construcción denuncia las carencias del actual sistema de licitación de obras públicas, que permite que se adjudiquen trabajos hasta un 50% por debajo de su coste

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La promoción inmobiliaria y la edificación no son las únicas actividades del 'tocado' sector de la construcción que están atravesando un momento "límite" desde que se desencadenó la crisis económica. Las empresas que se dedican a la obra pública -las adjudicatarias del Metro representan bien su situación- se enfrentan a la morosidad crónica de las administraciones y a un sistema de licitación y de adjudicación que deja fuera precisamente a quienes más lo necesitan: las pymes y los autónomos. Desde que fuera nombrado presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas de Construcción y Obras Públicas, José María Aguilar se ha propuesto que las administraciones tomen nota de que éste no es el camino de la recuperación.

-¿Es la morosidad uno de los mayores problemas a los que se enfrenta ahora el sector?

-La morosidad es terrible y, además, inconcebible. No tiene sentido que alguien contrate una obra si no tiene dinero para hacerla. Las administraciones públicas tendrían que ser más responsables en ese aspecto porque en vez de crear empresas están precipitando que haya compañías que vayan a la quiebra, que se arruinen por deudas de la administración. Eso no se puede permitir. No puede ser que una empresa se vaya a la quiebra porque la administración le debe dinero.

-Siendo tan precaria la tesorería de las administraciones, ¿cuál sería la solución a los impagos?

-Evidentemente, no empezar una obra si no se tiene el dinero. O al menos tiene que haber un compromiso de que se va a pagar finalmente la obra. El problema es todavía más grave porque nos encontramos con una situación de las entidades financieras que también es inconcebible. Un país sin sistema financiero no puede funcionar. Y estamos sin sistema financiero. Si alguien te debe dinero y resulta que nadie te lo presta hasta que te lo pagan... Hay que pedirle al sistema financiero que funcione como tal, porque el país no se recuperará sin créditos.

-¿La colaboración de las entidades financieras es fundamental para que el sector salga adelante?

-Sin duda alguna. Hay mucha gente que quiere invertir, pero el dinero es muy miedoso. La gente lo tiene guardado, sobre todo con lo que ha sucedido, porque no hay seguridad ni garantía de buen funcionamiento. Imagina que a la gente que invirtió en las fotovoltaicas, a la que le daban unas expectativas de venta del kilowatio a un precio determinado, le dicen una vez hecha la inversión que en vez de pagarle lo acordado le pagan más barato. Eso no es bueno para la inversión. En nuestro caso si te adjudican una obra, contratas y compras maquinaria para poder hacerla, y no te pagan la obra o te rescinden el contrato... Pues así no se puede funcionar. Si se diera estabilidad y seguridad de que si empiezas un negocio lo puedes continuar, se solucionaría parte del problema.

-En qué situación han dejado todos estos problemas a las empresas granadinas?

-Pues cada día va cambiando porque desaparecen más empresas. Es terrible. El que cierren 200 empresas al mes es todo lo contrario a la recuperación. Es que es tan difícil crear un tejido empresarial, que dejar que se vaya diluyendo no puede ser. Algo se está haciendo mal.

-Y el sistema de licitación pública no ayuda...

-Las licitaciones se están haciendo fatal. Se están adjudicando obras por debajo del coste, obras con un 45 o un 50% de baja. Eso cualquier persona sensata no lo entiende. Pues el sector está haciendo eso, así que a la administración que lo haga se le debería dar un carnet de inútil. ¿Qué se consigue con eso? Pues arruinar a la empresa, que tenga que hacer un mal proyecto o que la compañía vaya por debajo del coste de la oferta. Pero no es la forma de funcionar. Cuando un engranaje funciona mal, se empiezan a romper todas las piezas. En las licitaciones se están confundiendo muchas veces la calidad de la empresa con su clasificación. El Ministerio de Industria cataloga a las empresas por su experiencia, pero lo único que mira es que la obra al final está bien hecha, sin ver todo lo que ha pasado por medio: empresas que han ayudado a la obra, que se han adelantado a los problemas, que dan valores añadidos. Y eso en una subasta no se valora. Tendría que haber varios criterios, algunos de ellos subjetivos. Pero la gente tiene miedo de utilizar criterios subjetivos por si alguien dice algo. Si eres un buen gestor, tienes que intentar quedarte con las empresas que mejor funcionen.

-Se licita mal y se licita poco...

-La de ahora mismo es una situación límite, porque hay muy poca licitación. Así que habría que utilizar criterios límites, criterios de crisis. Se debería intentar potenciar el tejido empresarial que tenemos en la provincia. Se trata de subsistencia. Deberíamos intentar también apoyar un poco a las empresas locales, a las personas que realmente ejecutan las obras al final. Ahora mismo el que una empresa grande venga, se quede con la obra y estruje a las empresas locales para llevarse el mayor beneficio posible no se debería permitir. Al final todas las obras las están haciendo las empresas locales, pero a unos precios muy bajos. Como no hay más obras, se aprovechan.

-¿Cuáles son las perspectivas?

-Ahora se va a hacer mucha obra civil en Granada con los fondos Feder por Medio Ambiente, con las canalizaciones de Rules. Estamos intentando que se quede en Granada al menos un porcentaje grande. En Granada somos más quijotes que nadie, porque intentamos no hacer eso cuando de hecho en otras provincias no te dan ninguna obra si no eres de allí. Es lógico. Ahora, solamente ahora, porque luego cuando las cosas van bien para que las empresas crezcan y haya más competencia hay que abrir mercado. Ahora se trata de subsistir, tener el mínimo para poder aguantar a tu gente. Y quienes generamos empleo somos las empresas pequeñas y medianas y los autónomos. Somos los que deberíamos estar manejando todo esto. Sobre todo porque lo que más nos preocupa es el tema del personal. La empresa podrá medio aguantar, pero no se puede llegar a una situación en la que no puedes darle trabajo a tu gente.

-¿Se ve luz al final del túnel?

-No, no se ve nada. La solución que estamos viendo es irnos al extranjero. Lo llaman internacionalización cuando deberían llamarlo inmigración, y nuestros destinos son Marruecos, Perú, Brasil... Yo no encuentro otra salida, a menos que salgan las obras de Medio Ambiente, pero no si las siguen adjudicando por debajo de coste.

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