"Un rapto nunca puede ser una mujer que huye del horror para proteger a sus hijos"

  • Juana Rivas remite una nueva carta en la que pide auxilio a los jueces y denuncia la situación de maltrato

Juana Rivas, en su primera imagen difundida, tras su huida el pasado 26 de julio. Juana Rivas, en su primera imagen difundida, tras su huida el pasado 26 de julio.

Juana Rivas, en su primera imagen difundida, tras su huida el pasado 26 de julio. / g. h.

El caso de Juana Rivas continua inmerso en un embrollo judicial cada vez más complejo. A la espera del pronunciamiento del Tribunal Constitucional tras la presentación del recurso de amparo, la mujer -en paradero desconocido junto a sus dos hijos de tres y once años- difundió una imagen en la que aparece sonriente junto a sus hijos. Se trata de la primera foto que difunde desde que decidió poner tierra por medio el pasado 26 de julio para evitar la entrega de los menores. Junto a la foto, enviada por la familia, Rivas remitió una carta. La misma que se leyó el pasado lunes en una concentración celebrada para apoyar a la mujer a las puertas de los Juzgados de la Caleta pero con más detalles.

La mujer explicó que si desde el primer momento que denunció esta situación en España la primera jueza la hubiera escuchado y enviado la denuncia inmediatamente como pone la ley, el Convenio de la Haya no estaría amenazando a mis hijos sino protegiéndolos". Por otra parte, detalló como su expareja no acudió a las citas judiciales en Italia cuando ella peleaba por la custodia del más pequeño (del mayor la tiene desde 2009 cuando Francesco Arcuri fue condenado por malos tratos"). "Ese juzgado citó a Francesco varias veces durante meses. Él nunca compareció. Como tampoco nunca vino a ver a sus hijos ni aportó nada para mantenerlos", afirma.

Por otra parte, detalla que desde que llegó a España está dispuesta a llegar a un acuerdo "pero siempre su respuesta fue que por encima de todo yo tenía que volver a Italia. ¿Cómo volver a esta vida de pesadilla para mí y para mis hijos? A ellos nunca les he hablado mal de su padre. Siempre he intentado que tuvieran buena relación. Hasta él mismo dice que siempre pudo hablar con ellos cuando quiso". Reconoce Juana que el padre dejó de hablar con ellos no porque ella se lo negara sino porque el mayor dijo que no quería hablar con él "porque no podía entender que su padre nos hiciera sufrir tanto".

"Un rapto no puede ser una mujer que huye del horror para proteger a sus hijos" (..). "Cada situación violenta que desencadenaba este hombre era de puertas para dentro, pero nunca se privaba de que los niños no estuviesen delante, incluso mi hijo recibió algún golpe intentando defenderme. Él seguía a su padre cuando me encerraba para ver donde escondía las llaves tanto de casa como del coche, y pobrecito mío en muchas ocasiones me las traía y decía mamá, ¡escapa!. También un día lo dejo encerrado en el campo sin luz y con mucho frío durante dos horas que yo conseguí bajar al pueblo y eso lo hacía para hacerme daño a mí, para que no saliera".

Juana destacó además que él siempre le decía que era una desgraciada y que tenía dinero para enterrarla judicialmente, que allí lo tenía todo perdido con sus contactos. "Os puedo asegurar que esto no es ser un buen padre, este hombre me decía los peores insultos e incluso me escupía en la cara delante de mis hijos. Son infinitas las veces que en mi mente se reproducen las imágenes de mis hijos aterrorizados abrazándome en llantos inconsolables, no comprendían que pasaba y sentían mucho miedo. ¡Podría contar tantas cosas! He escrito diez folios (...). Ojalá me los pidiera un juez. Yo no pido que los jueces cambien sin más de opinión, solo pido que se valore adecuadamente mi situación y la de mis hijos. Que hasta ahora no se ha hecho".

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