Una romería con frío y sin gente

  • La lluvia, el frío y el viento deslucieron ayer la celebración del patrón de la ciudad en la Abadía del Sacromonte, a la que tan sólo asistieron 200 personas frente a los miles de visitantes que acuden cada año

Si hay alguien de la Abadía del Sacromonte o de la corporación municipal encargado de llevar unos huevos a las monjas Clarisas para asegurarse el buen tiempo en la mañana dominical tal y como hacen las novias antes de sus bodas se ve que se le pasó el encargo. Y si ese cargo de mediación no está asignado, debería tenerse en cuenta porque la lluvia y el frío deslucieron los actos de homenaje al patrón de la ciudad. La misa oficiada por el arzobispo de Granada tuvo más capacidad de convocatoria, pero la barra de la hermandad de los Gitanos estaba rala, las explanadas que jalonan la colina y que congregan cada año a miles de granadinos y de turistas aparecían mondas y en la carpa municipal no se llegaron a dar los 4.000 kits de salaíllas con bacalao, habas y agua previstos.

No sólo es que la afluencia de público fuera la menor de los últimos años -apenas 200 personas-, el problema es que los aledaños de la Abadía invitaban ayer más a la meditación y al sosiego propios de un monasterio que al jolgorio inherente a una romería. Prueba de ello es que de los escasos visitantes que optaron por coger las vituallas y degustarlas allí se hacían confidencias en pareja y en voz baja o comían melancólicos la habas con la vista perdida en lontananza.

Los cofrades de la Hermandad de los Gitanos barruntaban los negros nubarrones que se cernieron sobre la celebración de San Cecilio y, como explicó ayer uno de sus miembros, Miguel Vílchez, no sólo compraron menos género para sus barras sino que optaron por suprimir las dos que tradicionalmente flanquean a la carpa municipal donde se reparten las salaíllas. Y acertaron. "No ha venido casi nadie, pero lo esperábamos. Ayer llovía mucho y esta mañana en algunos momentos. Está todo embarrado y hace mucho frío", comentaba Vílchez con resignación.

Óscar Ruiz, el jefe del servicio de administración de Protección Civil, destacaba ayer que no sólo se habían acercado hasta el lugar muy pocos visitantes sino que además lo hicieron de forma escalonada. Lo que, por otra parte, tuvo sus ventajas para ellos, que no tuvieron que realizar ninguna asistencia.

Otra ventaja es que tampoco hubo colas para coger el presente gastronómico del Ayuntamiento de Granada. Pero el Consistorio no afinó tanto los cálculos y sobraron buena parte de las 4.500 salaíllas, las 5.000 botellas de agua, los 1.300 kilos de habas y los 150 kilos de bacalao que tenía previsto repartir. A las 14:30 horas sólo se habían entregado 2.700 bolsas de las que 4.000 preparadas y porque, según el encargado, Ángel Aguilera, muchos pasaban varias veces haciéndose los remolones para coger más de una bolsa. "Otros años a las dos de la tarde ya se ha entregado todo", comentaba.

Los que sí desafiaron al mal tiempo fueron los miembros de la Corporación Municipal. Además del alcalde, José Torres Hurtado, también asistieron la edil de Turismo, María Francisca Carazo, y la portavoz del grupo municipal socialista, Carmen García Raya, que ejercieron por primera vez en la historia como comisarias municipales.

La meteorología obligó a suspender las actuaciones municipales, por lo que la única música que se escuchó ayer fue la de las sevillanas de la barra instalada en la Casa de la Sevillana, donde paran los autobuses. En este lugar los vecinos del barrio aprovecharon para recoger firmas contra la carretera que plantea el Ayuntamiento y que enlazará el Sacromonte con El Fargue. La unión vecinal fue la nota más popular y entusiasta de una romería solitaria, fría y pasada por agua.

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