Del sofocón de las chapatas al éxtasis de los violines

EN un pueblo cercano al mío había una banda municipal que cada vez que había un concierto se las veía y se las deseaba para rellenar con piezas musicales el tiempo asignado. Por eso, cuando se les acababa el repertorio, el director de la banda se dirigía a los asistentes y decía:

"A petición del querido público, repetimos el pasodoble El gato montés, aunque en esta ocasión más cargao de bombo". Y la banda municipal repetía El gato montés, pero más cargao de bombo.

Esa es la sensación que he tenido como observador de las elecciones generales al ver los resultados del pasado domingo: los políticos nos han tocado la misma pieza, aunque ahora más cargada de bombo.

Lo comento con Harry, mi amigo irlandés, mientras subimos por la cuesta Gomérez camino del Carlos V, a donde vamos para asistir a un concierto de los Festivales de Música y Danza.

-Yo no comprender por qué los españoles seguir votando a un partido con tantos corruptos. Vuestro Valle Inclán tener razón, en España el mérito no premiar, premiar el robar y ser sinvergüenza. De todas maneras los españoles ser más listos que los ingleses. Votar con miedo, pero con más sentido común.

Harry sigue muy desanimado y pesimista ante el futuro tras saber que el Brexit había triunfado en el Reino Unido. No comprende cómo un país que inventó la economía y la revolución industrial, el país de los grandes descubrimientos en los orígenes heroicos del desarrollo económico, haya podido elegir vivir fuera de Europa.

-Inglaterra ser cuna del parlamentarismo, de la monarquía constitucional, del liberalismo, de las primeras leyes de protección al trabajo… No comprender por qué ahora retroceder en la historia -dice Harry.

Y aparte de nuestra desilusión política y económica, está la deportiva: tanto España como Irlanda han sido eliminadas de la copa de Europa. Pero de eso no hablamos. Para qué.

Le comento a Harry que otra de las señas de identidad de Granada son sus festivales de música y danza que se celebran desde hace 65 años. Le propuse ir a ver uno de los espectáculos e inmediatamente dijo que sí, porque le gusta la música y porque, dice, nunca ha visto una actuación en el Carlos V, el quinto marco incomparable que enumerara Irving.

El almanaque prácticamente se ha comido junio y las noches son calurosas pero aún llevaderas. Si la cuesta del bosque de la Alhambra se sube sin prisas, el rumor del agua de los canalillos ayuda a hacer agradable el paseo. Le he dicho a Harry que para ver un concierto del festival no hay que ir vestido de cualquier manera y me ha hecho caso: se ha puesto una camisa blanca impoluta y unos pantalones negros. Podría pasar por un camarero, pero eso no se me ocurre decírselo.

Mientras andamos le cuento a mi acompañante que el origen del Festival Internacional de Música y Danza de Granada está en los conciertos sinfónicos que desde 1883 se celebraban en el Palacio de Carlos V y en el Concurso de Cante Jondo, convocado en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra en 1922. Su primera edición tuvo lugar en el año 1952, bajo los auspicios de los Ministerios de Asuntos Exteriores, Cultura e Información y Turismo de España. Entonces se denominó Primer Festival de Música y Danza Españolas. Tuvo como principal impulsor a un antiguo alcalde granadino, Antonio Gallego Burín, que a la sazón era el director general de Bellas Artes. Desde entonces se celebra durante los meses de junio-julio de cada año. Uno de sus mayores encantos consiste en coordinar la música con los escenarios donde se desarrollan. Oír un piano en el patio de los Arrayanes o ver un espectáculo de danza bajo la luna del Generalife, puede resultar un orgasmo para los sentidos.

Nosotros vamos a escuchar a la Joven Orquesta Nacional de España, conocida también como la JONDE, que estará dirigida por Christian Zacharias. En la pequeña explanada que hay a la izquierda del Palacio, donde están los cañones, han habilitado un lugar con mesas altas para tomar un piscolabis. Una pregunta tonta que le hago a Harry antes de comenzar el concierto es que si quiere una cerveza.

-Bien grande y bien fría, a ser posible. Pagar yo -dice.

-Le explico a mi acompañante que últimamente el festival se ha abierto a la sociedad granadina pero que hasta hace unos años era un evento muy exclusivo, donde iban los señores vestidos con chaqueta y corbata, cuando no de frac, y las señoras con sus mejores joyas y vestidos. Más que un festival de música llegó a ser una exhibición de modelitos de la alta sociedad. Pero ahora es otra cosa porque el certamen se ha popularizado y puede llegar a todo aquel a quien le gusta este tipo de música. Por eso hoy no es raro ver a un joven en vaqueros o a una chica en minifalda escuchar atentamente lo que toca la JONDE.

Además de dos tercios de cerveza, Harry coge dos chapatas pequeñitas con un poco de jamón en el centro a modo de bocata. Cuando va a pagar le soplan 15 euros. Los pequeños tentempiés (que se acaban con un par de bocados) cuestan cinco euros y medio cada uno. ¡A casi tres euros el bocado!

Entonces le tengo que explicar a mi amigo que si el Festival de Música de Granada quiere seguir siendo asequible, para todos los públicos, no puede permitir esos abusos. Parece como si nos quisieran hacer creer que la música clásica solo les gusta a los ricos. Pero bueno, tampoco es para lamentarse demasiado. Una noche es una noche.

-Ser en todos sitios igual. Yo estar una vez en Salzburgo y costar una cerveza más que la entrada a un concierto -dice Harry.

Pasado el sofocón de las chapatas a precio de brillantes, entramos en ese recinto al que una vez unos turistas japoneses confundieron con una plaza de toros. Le digo a Harry que la próxima semana le contaré algo más del palacio, ya que ahora vamos a centrarnos en la música. Tenemos la suerte de contar como vecino de butaca con José Antonio Lacárcel, un crítico musical que lleva cubriendo el festival desde el año 1968. Un buen amigo mío y desde ahora también de Harry. Antes de empezar nos explica que aquella orquesta que vamos a oír es el vivero de instrumentistas que pasarán a engrosar las principales orquestas que hay en España y la Orquesta Nacional. Y nos relata algunas anécdotas, como el día en que empezó a llover y el agua acumulada en un toldo fue a caer sobre los timbales. O el día en que Montserrat Caballé se escoñó durante una actuación.

Cuando comienzan los jóvenes a tocar, hasta las golondrinas que revolotean por los alrededores se suman al ambiente de recogimiento que requiere la ocasión. Veo a Harry en algún momento cerrar los ojos para involucrarse más en la música que estamos oyendo. Parece como si las notas le entraran por el oído y le fueran directamente al corazón. Él no es que sea un melómano pero está convencido de que sin música, la vida sería un error. Todo parece ir bien. Hay que interpretar a Schuman, Brahms y Widmann. Como soy un profano, hay una cuestión que siempre me ha intrigado y que se la pregunto a mi amigo el crítico al terminar una de las piezas.

-José Antonio, ¿tan importante es un director de orquesta? Lo digo porque todos los músicos miran las partituras y no al podio.

-Es importantísimo. Se encarga de marcar los tiempos. Sí, los músicos miran las partituras, pero están pendientes también de las órdenes de él.

Con Harry apenas hablo. Él está en lo suyo. Como en trance, disfrutando de la música. Al terminar una de las piezas yo comienzo a aplaudir. José Antonio me coge las manos y me suelta una reprimenda:

-No hagas eso insensato. Se aplaude al terminar la sinfonía. Yo te aviso.

No hizo falta que me avisara. El entusiasmo del público era evidente al terminar la sesión. A mí me pasa con la música clásica como con los vinos: sé los que me gustan pero en un momento determinado me pueden meter un Vega Sicilia por un don Simón y yo ni me entero. Por eso, al salir del Carlos V le pregunto al especialista.

-¿Cómo ha estado José Antonio?

-La cuerda ha estado compacta, los vientos muy homogéneos y de generoso sonido y las trompas ajustadas y bien afinadas. En cuanto a la madera…

-No te enrolles, joder. Eso lo escribes mañana en el periódico. ¿¡Qué cómo ha estado!?

-De puta madre.

-Pues eso.

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