El suelo urbanizable ha crecido un 14% pese al descenso de la población

  • El desarrollo urbanísitico de la ciudad no guarda relación con la necesidad real de vivienda

Desde el punto de vista de la sostenibilidad, Granada parece estar asociada a la desproporción. Durante el periodo 2001-2007, el suelo urbanizable de la capital ha crecido un 13,8%, sumando 320 hectáreas a las 2.324 de naturaleza urbana que existían hace seis años. Según el Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE), este dato, que por sí sólo no tendría que ser ni escandaloso ni alarmante, se convierte en un indicador muy significativo si se compara con el comportamiento demográfico de Granada. Desde el año 2001, la población ha caído un 2,2%, lo que lleva al OSE ha afirmar de forma tajante que el modelo territorial de Granada "muestra un consumo de suelo que no guarda proporción con el descenso de población".

Lo que sí puede explicar en parte el aumento del suelo urbanizable -que, según el OSE, se debe a la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) del año 2001-, es el aumento del valor catastral, que ha crecido un 16,78%, obligando a añadir nuevas hectáreas al suelo de naturaleza urbana. De ahí que en los últimos años no haya sido únicamente la capital la que ha experimentado un crecimiento considerable del suelo urbanizable. El Observatorio de la Sostenibilidad en España indica en su estudio que "uno de los factores locales de crecimiento es la falta de suelo vacante en la ciudad", lo que explica que "se observe un peso considerable de los municipios circundantes en la ocupación del área de aglomeración urbana de Granada".

Pese a los factores atenuantes, la conclusión a la que llegan los expertos del OSE es clara: el crecimiento de suelo urbanizable no tiene nada que ver con la necesidad real de alojamiento. El hecho de que el suelo de naturaleza urbana crezca a pesar del descenso de la población "muestra claramente la desvinculación absoluta entre crecimiento urbano y necesidad de vivienda", indica el estudio, que añade que "el crecimiento urbano actúa como motor de la economía ya que se trata de la producción de la ciudad como un bien, cuya finalidad última es la generación de riqueza".

La racionalización del planeamiento urbano es, según el OSE, un paso decisivo para hacer las ciudades más sostenibles. Cambiar el modelo de desarrollo urbanístico de las ciudades es vital "para que se pueda favorecer la implantación de formas de vida más sostenibles propiciando, a su vez, formas de organización social, metabolismos urbanos más eficientes, modelos de transporte más racionales e interacciones positivas con el medio rural que eviten la ocupación abusiva del suelo, las disfuncionalidades socioeconómicas y los impactos ambientales innecesarios".

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