El teatro estuvo de luto

  • La farándula llora

  • La actriz Emilia Portillo fue asesinada en Granada

  • El crimen de la calle Puentezuelas provocó graves alteraciones de orden público

  • Dejaba hijo de 9 meses

Corría el año 1912. Cuando el sargento de la policía Salvador Megías llegó a la pensión de la calle Puentezuelas, número 16, tuvo que entrar por un balcón rompiendo los cristales. Se había avisado de un crimen en la casa de huéspedes que regentaba Elisa Galadí en compañía de su socio y amante José y de su hijo Julio, estudiante de segundo de Derecho.

Debutaba en el Teatro Cervantes la compañía del granadino Antonio Paso, padre del reconocido autor teatral Alfonso Paso, con la zarzuela cómica de los Álvarez Quintero Anita la Risueña. Parte de los actores vinieron a hospedarse en la citada pensión, entre ellos el matrimonio compuesto por la cantante motrileña, aunque hija de granadino, Emilia Portillo Reparaz, de 19 años, madre de un hijo de nueve meses, y su marido el actor de 23 años Fernando Caravallo. Todos fueron pagando religiosamente el hospedaje hasta que en la última semana la compañía anuncia que finaliza sus actuaciones en Granada. El anuncio puso en guardia a la dueña Elisa que exigió, de malos modos, el pago de la semana por adelantado. Los actores pidieron paciencia hasta que cobraran las últimas actuaciones. Con frase amenazante la desconfiada Elisa animó a sus socios José y Julio, "subid a por los revólveres y veréis como se arregla esto"; se desató entonces una acalorada discusión en el comedor de la planta baja. Subiendo el tono de la pelea ocurrió que del susto al mozo del comedor se le cayeron los platos, el ruido aumentó la confusión y enardeció los nervios, de modo que el joven Julio realizó varios disparos, uno de los cuales impactó en la sien de la joven cantante Emilia Portillo que cayó desplomada al suelo falleciendo poco después. El criminal y su padre salieron huyendo para refugiarse en la casa de al lado, siendo detenidos al rato.

El anuncio puso en guardia a la dueña Elisa, que exigió el pago de la semanaUna nueva manifestación se agolpó en la puerta gritando

El Teatro Cervantes suspendió la función; frente a sus puertas se colocó el féretro y la orquesta del teatro entonó una marcha fúnebre, mientras los compañeros depositaban coronas de flores. Una veterana cantante granadina, ya retirada, se ofreció a cuidar al pequeño hijo de Emilia. Igualmente asistieron al entierro y en señal de protesta los estudiantes de la Facultad de Derecho, compañeros del criminal José Martín, al que apodaban despectivamente Martín Lutero. La Plaza del Campillo, abarrotada de gente, asistió con indignación al acompañamiento fúnebre. El Centro Artístico mostró colgaduras de luto en sus balcones y Antonio Paso dedicó un sentido artículo titulado La farándula llora.

El suceso tuvo una tremenda segunda parte que pudo terminar en nueva tragedia; cuando Elisa, la dueña de la pensión, instigadora del crimen, se paseaba con descaro por las céntricas calles granadinas el mismo día del entierro, fue recriminada a gritos y zarandeada por un grupo de mujeres que pensaban arrastrarla de los pelos hasta Puerta Real. La pronta intervención de la policía introduciendo a la mujer en el café Colón evitó lo que pudo ser un desastre. Pero el gentío se mantuvo a las puertas gritando justicia por lo que tuvo que intervenir la Guardia Civil que pudo sacar a Elisa escoltada. A la altura de la calle Salamanca y cerca de la Plaza de Bibarrambla fue de nuevo asaltada la mujer, lo que obligó a cargar a la Guardia Civil y a introducirla en un coche oficial.

Pero no terminó ahí la cosa. Cuando los demás actores fueron a la pensión a recoger sus ropas, la dueña les pidió el dinero. Una nueva manifestación se agolpó en la puerta gritando, apedreado los cristales y hasta con intención de prenderle fuego a la casa de huéspedes. El jefe de Seguridad Luis Degorgue tuvo que mandar a una pareja para custodiar la casa. El tema fue comidilla de las tertulias granadinas y el crimen de la calle Puentezuelas saltó a la prensa nacional. Pero eso fue ayer; hoy la farándula está de fiesta y el Teatro vive.

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