Un trasplante de solidaridad

  • El Proyecto Crece, de Alcer, reúne un grupo de chicos con enfermedad renal para que compartan experiencias y aprendan más sobre sus circunstancias especiales

Varía según la fase en la que se encuentre el enfermo. Si todavía no ha entrado en diálisis, la precaución que exige un médico ante un paciente con enfermedad renal se centra en la dieta alimentaria y el control de horarios para tomar los medicamentos. Si está en diálisis, el control es más intenso, bien porque el enfermo se tenga que someter a hemodiálisis, y entonces tendrá que acudir al hospital cada tres días para conectarse a un aparato. O bien si es peritoneal, tendrá que estar controlado todos los días desde su casa.

Esta es la situación que tiene que afrontar a diario un enfermo renal. Si a esto se une que hay niños con este problema e incluso que nacen con esta patología, la enfermedad toma un nuevo rumbo. Para hacer más llevadera esta molesta enfermedad a los más pequeños la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades Renales (Alcer) lleva más de 30 años apostando por un programa de encuentro entre niños de 8 a 16 años que han sido trasplantados de riñón y otros tantos que serán intervenidos en un futuro.

La apuesta tiene éxito porque la cifra de participantes ha ido subiendo cada año. Según el baremo que hace Juan Carlos Julián, gerente de Alcer, el 50% de los que vienen han repetido la experiencia y el resto son nuevos. Este año más de 47 personas de toda España han solicitado participar en el Proyecto Crece. De todas estas peticiones al final 38 chicos convivirán junto a otros enfermos que viven día a día la misma realidad.

Una de las chicas, de 12 años, que ya ha tenido acceso al trasplante es de Granada y, además, es el tercer año que repite experiencia. Este año el campamento elegido es el centro de convivencia Maristas de Lardero en Logroño. Un equipo de profesionales estarán al cuidado de los chicos desde hoy y hasta el 3 de julio. Para estos niños, es una experiencia única, según explica Juan Carlos, porque tienen una enfermedad que les dificulta, sobre todo, trasladarse e ir de viaje. Así, en un ambiente vacacional, conviven los que sufren la enfermedad y los que ya han sido trasplantados de riñón y todos comparten sus propias vivencias, de forma que la moral, de alguna forma, mejora. En especial, los pacientes con poca edad se sienten incómodos cuando tienen que explicar la razón de cicatrices o fístulas. Y en estos encuentros pueden relajarse porque no tienen que explicar nada. Se les enseñan, además, hábitos saludables y dietas. Junto a una agenda de actividades lúdicas con carácter socioeducativas hacen juegos como la adaptación del conocido programa Atrapa un millón pero en versión renal y cambiando el dinero por puntos con el objetivo de que reciban la educación sanitaria de forma divertida.

Sus expectativas mejoran cuando tiene lugar el trasplante porque mejora la calidad de vida aunque sin dejar de tomar medicación. Para este tipo de trasplante, Juan Carlos habla de una lista de espera que a día de hoy es de 4.500 personas en España, con el aliciente de que tienen prioridad los niños y que son pocos los menores en España con este problema, por ser una enfermedad poco común en fase inicial.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios