La vida más allá de la enfermedad mental

  • Un seminario aborda en Granada un enfoque más participativo para la recuperación de estos pacientes · Creen que es básico contar con un proyecto de vida que trascienda la dolencia

La recuperación se entiende, sobre todo, como el proceso de poner a la enfermedad en un segundo plano, y en primer plano, la vida. Padecer una enfermedad mental no es incompatible con tener un empleo, una pareja, una vida social y un papel en la comunidad. Con esta idea en mente, la atención a los enfermos mentales se plantea integrar una nueva perspectva. Así se recoge en el nuevo Plan Integral de Salud Mental de Andalucía y así se intentó dar a conocer en el seminario Los servicios de salud mental y el enfoque de la recuperación, que se celebró esta semana en la Escuela Andaluza de Salud Pública, en Granada.

"La recuperación no significa curarse, es decir, que desaparezcan los síntomas de la enfermedad. Lo que significa es que existe un proyecto vital que trasciende la enfermedad, que ésta no determina toda su existencia hasta el punto de no poder hacer nada". La profesora Lala Bono, coordinadora del seminario, resume así esta perspectiva, que se concreta en varios cambios en la organización de los servicios de salud mental, en la práctica clínica, en la forma de trabajo de los profesionales e incluso en la actitud de enfermos y familiares.

"Hay que trabajar determinadas habilidades como la esperanza o el automanejo de la propia vida, alejarse de la dependencia y la tutela", prosigue la profesional, que puntualiza que dependiendo de la gravedad de la enfermedad, los éxitos que se pueden alcanzar son variables, aunque el enfoque debe ser siempre el mismo en cualquier caso. No obstante, a veces son los propios usuarios los que encuentran dificultades para entender esta nueva manera de enfrentarse a su enfermedad. "Aquí existe una importante cultura de la dependencia. ¿Hasta qué punto quiere el enfermo dejar de ser un enfermo?", lanza Bono.

Sin embargo, consideran muy beneficioso para el paciente que tenga "una participación más activa en su proceso terapéutico y vital", explica la profesora, que considera que, además, esta óptica va en la línea de acabar con el estigma que arrastra la enfermedad mental y con todos los prejuicios e ideas erróneas que existen en torno a ella. "Se trata de que la persona pueda percibirse a sí misma como alguien con un rol y valorado socialmente", reitera. Y la mirada de los otros juega un papel esencial.

El muro con el que pueden tropezar todas estas ideas es la falta de medios que constantemente denuncian algunas asociaciones de familiares y enfermos. Ante esto, la respuesta del director del Programa de Salud Mental del Servicio Andaluz de Salud, Rafael del Pino, es que "el aumento de los servicios es siempre necesario, porque se parte de una situación de infrafinanciación histórica". No obstante, Del Pino, que también coordina el seminario, subraya que desde 2003 se ha avanzado mucho tanto en número de profesionales como en centros. "Los recursos han crecido mucho. El compromiso del sistema público ha sido brutal".

Desmiente asimismo la "idea errónea" de que el nuevo modelo comunitario, que acabó con los hospitales psiquiátricos, ha sobrecargado a las familias. "Hay actualmente muchas más plazas entre pisos, casas de acogida y otros centros de las que había en los psiquiátricos", argumenta. "En Andalucía se está apostando por el desarrollo de hospitales de día y de programas de tratamiento intensivo en la comunidad, donde interviene no sólo personal sanitario", sostiene Del Pino, que pone énfasis al mismo tiempo en la importancia de la prevención. "Cuanto antes se detecte un problema, la recuperación va a poder ser mucho más real".

Una visualización del proceso de recuperación desde un punto de vista integral y donde el paciente sea el protagonista es el nuevo giro que estos expertos pretenden dar a los servicios de salud mental. Y nadie es ajeno a este cambio. "Mientras en la sociedad no se destierre el estigma de la enfermedad mental, dificilmente se logrará una integración real", subraya Del Pino. "Lo que se les ha quitado muchas veces es su propia dignidad. Y eso tiene que cambiar".

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