GRANADA CF

Surfeando las formas de jugar

  • Oltra debe empezar a decidir si este equipo juega mejor con posesión o defendiendo para contragolpear

De no ser por las intervenciones de Javi Varas, el Granada tendría ahora peores resultados. De no ser por las intervenciones de Javi Varas, el Granada tendría ahora peores resultados.

De no ser por las intervenciones de Javi Varas, el Granada tendría ahora peores resultados. / AGENCIA LOF

Terminó la quinta jornada en Segunda y el Granada tiene más cerca el pozo de la Segunda B que la Primera División. Es bueno decirlo ahora y no dentro de seis meses. Es mejor aún asumirlo cuando no se ha consumido ni una séptima parte de la competición porque todo está aún por jugarse. Es fantástico aterrizar en Segunda y verse cerca del desastre para variar el objetivo. No hizo bien el club, ni la dirección deportiva, en asumir el ascenso como objetivo primordial por mucho fondo de ayuda al descenso que hubiera. No estaba ni está el club en unas condiciones óptimas para asegurar nada, para exigir nada, ni para echarse presión encima. El descenso de la temporada pasada tuvo unas características incompatibles con la exigencia actual. No se pasa en dos meses de la descomposición y el desastre a la fortaleza de un entidad que funciona. No es compatible hacer un equipo nuevo y encima garantizar el éxito. Los merecimientos se construyen poco a poco.

LA OLA MALA

Creo en que el universo pone a cada uno en su sitio por sus actos. Suelen llamarlo karma. En el fútbol existe y en Granada lo comprobamos muy recientemente. Este club sufrió, la hinchada fiel, esa que apenas metió a 500 espectadores en Los Cármenes al principio en Tercera, más todavía. Aguantar derrotas ante equipos de pueblos, fracasos en fases de ascenso... Hicieron falta más de 20 años para festejar un salto de categoría, ya ven, de Tercera a Segunda B. Luego ya saben la historia, con un nuevo amago de desaparición de por medio en 2009 hasta que aparecieron Pina y Pozzo. El Granada cogió la buena ola, como diría un surfista, y esta ha durado ocho años antes de romper contra la orilla. Ahora toca levantarse y recomponerse para coger la tabla y volver al agua. Mientras tanto, otros equipos surfean, están en la ola buena y por eso ahora parecen mejores que este Granada. Valladolid ha sufrido, ahora tiene la buena. Oviedo, Cádiz, hasta la Cultural... Y ninguno de ellos es un equipo nuevo recién estallado en el rompeolas. Todo cataclismo requiere un proceso de reconstrucción. Los resultados tras cinco jornadas y una ronda de Copa responden a esta lógica, que quizás trascienda lo futbolístico y lo económico, pero que va como anillo al dedo para entender el momento.

LA FAENA DE RAMOS

A cada partido que pasa tengo más claro que la continuidad del colombiano ha tomado con el paso cambiado a José Luis Oltra. Lo cual chirría bastante con el discurso del club, que decía contar con el colombiano sin fisuras. Alguien miente en este caso. Si el Granada mandando un mensaje de tranquilidad cuando sabía que el santanderino no seguiría, o el entrenador mostrándose feliz de que Adrián Ramos continuara a pesar de que sabía que trastocaba sus planes de juego. Lo dicen los cambios de dibujo y las variaciones en el sistema de juego. Obligado el míster a poner a la que quizás sea la delantera más deseada de la categoría (¿quién tiene juntos a un delantero de 12 millones en Segunda y al pichichi de la pasada temporada? ¿Quién no la pondría?), el juego del equipo dista de ese que quiere su entrenador. Contar con un delantero de las características de Ramos, un hombre fuerte destinado a bajar balones, dejar entregas de cara y hacer que el equipo corra, casi que obliga a Oltra a replantear esa idea de controlar a través de la pelota. No es el colombiano un jugador de combinar y tirar paredes, de girarse y desequilibrar. Visto cómo ataca el equipo, y que el centro del campo organizador con Montoro pasa muy desapercibido, es el momento de buscar un modelo de juego que se adapte más a esta categoría. Saber usar a Ramos, y que su continuidad no sea un 'fastidio'.

PERO...

...Claro, este Granada también toca la pelota y bien. El problema es que no lo hace siempre. Cuando en Tenerife tuvo el balón generó mucho peligro, en Pucela igual. La generación de peligro es algo que este equipo consigue y de forma muy sencilla cuando el cuero es suyo. Falta la continuidad en ese juego. Entiendo el galimatías que ronda la cabeza de Oltra, que quizás esté apostando por lo más pragmático: insistir en su idea y en los jugadores que salen de inicio hasta que cambie la dinámica, se gane un partido, y quizás todo se vea de otra manera. El proceso de levantarse tras romper la ola también requiere un tiempo de conjunción que no dan cinco semanas de competición.

EL GRAN PROBLEMA

En este cacao mental que a buen seguro tiene Oltra, un problemón le susurra a sus oídos en forma de angelote: para subir hay que saber defender. Los datos estadísticos, ya sacados y repetidos en los últimos meses, indican que el equipo que sube de categoría no es el que más goles marca, si no el que menos encaja. La gran fisura en la medida programación de refuerzos de Manolo Salvador esta pretemporada ha estado ahí, en la llegada de otro central más que dé alternativa a los que hay, y más tras la lesión de Germán Sánchez. En este proyecto granadinista de Jiang se ha hablado más de tiki-taka que de consistencia, y ese es un fallo para un equipo de aspiraciones como el Granada, donde importan más los resultados que el modo de conseguirlos. Oltra no ha sido todavía capaz de subsanar un problema endémico en este club de sello oriental. Por eso que la apuesta de continuidad del míster con lo ensayado desde julio choque frontalmente, tanto con la comentada continuidad de Ramos, como en la imperiosa necesidad de dotar de pragmatismo y contundencia a los once que defienden la rojiblanca. Así obró Fabri los dos últimos ascensos. Desde el bloque... Y desde atrás.

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