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¿Era el Pizjuán o la Maestranza? (2-0)

  • El Sevilla torea al Granada en un partido que más bien parece un entrenamiento. Indulta por pena a los de Tony Adams de encajar otra goleada para el escándalo. El equipo puede bajar el martes contra el Málaga.

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¿Y si Ponce y Carcela llegan a meter las que tienen? Nada, la crónica no irá por ahí. Que sí, que el Granada tuvo dos goles para haber empatado el partido, pero que los arrestos de un poco de dignidad al final no oculten 75 minutos de absoluta vergüenza, en los que los rojiblancos tendrían que haber terminado con otro saco de dianas a sus espaldas, algo evitado a partes iguales por Ochoa, los asistentes y el desacierto de los puntas sevillistas. Lo de anoche fue otro rondo eterno del rival en igualdad de fuerzas y de condiciones. Un espectáculo taurino donde los de blanco daban los capotazos y los de 'coral-flúor' correteaban como el más manso de los morlacos mansos que haya dado la tauromaquia española. El césped del Pizjuán fue el albero del coso de la Maestranza, donde el matador sevillista le puso otras banderillas al moribundo rojiblanco, que ni derramó la sangre figurada de aquello que Lucas pidió en su día: ni huevos ni equipo. Nada.

El Sevilla no destrozó vivo al Granada porque este año no tiene a un delantero voraz e inquisidor como Negredo, Bacca o Gameiro. Por eso está fuera de la Champions eliminado por un mindundi como el Leicester. Y contra los granadinos manifestaron esa incapacidad ante la meta rival. No es un día para que el sevillismo esté contento en ese sentido. Lo expresaron cuando a diez minutos del final, Ezequiel Ponce marró el 2-1 y podía haber enmarronado el plácido triunfo 'palangana'. La cortedad del marcador no refleja lo visto en el coso de Nervión. Este Granada no pudo dar más facilidades en la antediluviana concepción de lo que es el fútbol de su entrenador. Con el pitido inicial, el equipo dibujó un 1-4-1-4-1 que se limitó a esperar al Sevilla en su propia mitad del campo, basculando de un lado a otro y flotando al portador del balón. Nadie salía de punta a presionar y si alguien descuidaba la línea, como si esto fuera rugby, un pase interior o una apertura a banda ya servían para reventar la ínfima resistencia defensiva visitante. La Línea Maginot aguantó una eternidad más a los Panzers nazis comparado con la oposición que interpone este Granada.

De nuevo fueron las actuaciones individuales de jugadores corriendo y compañeros corrigiéndoles lo que favoreció otro restregón por el fango a la camiseta del Granada. Como por ejemplo Uche Agbo. Es increíble que el nigeriano sea pieza clave en un equipo de Primera. O quizás esto explique muchas cosas. Extraña la pretensión de Adams para que se quede el curso que viene. Atendiendo a lo de ayer, mejor que no lo haga. Ya ni corre para atrás, ni presiona, ni ayuda, ni da pases medio en condiciones. Es un puro desastre que obligó a Krhin a doblar funciones, sin éxito. No le entró nunca a N'Zonzi, plácido en su parcela. No tuvo ni que forcejear en el cuerpo a cuerpo ya que el Granada no pasaba del centro del campo. Todo se perdía en imprecisiones al salir a la contra. Tampoco nadie era capaz de evitar paredes una y otra vez en las inmediaciones del área.

Las ayudas defensivas no existían y los cuatro de atrás eran un auténtico réquiem desde antes del primer minuto, cuando Saunier hizo un esfuerzo para el que su cuádriceps no estaba preparado. Antonio Fernández, el médico, hizo el gesto claro al banquillo. No podía seguir y a ver si puede jugar lo que queda de temporada el galo. Frío entró el joven Hongla cuando ya el partido estaba 1-0, fomentado en la apatía en la marca de Gastón Silva, que dejó hacer tonterías con el balón a Jovetic hasta que se hizo hueco y vio a Ganso en el pico del área chica. Ahí, donde hay que morder, el brasileño recibió, se giró, y marcó. Con tres tíos encima. Y con sólo cuatro minutos jugados. El banquillo no pidió la vuelta a corrales porque no vale.

Si esto hubiera acabado 8-0 no hubiera sido exagerado. Lo leen en el Minuto a Minuto que hay aquí encima y en Los Números de la página 6. Fue un partido de entrenamiento en el que Sampaoli puso al equipo que atacaba y Tony Adams el que defendía. Y sin cambiar de roles durante los noventa minutos. Los granadinos se limitaban a flotar al rival, como el que en baloncesto marca a un mal triplista o el boxeador que confunde el juego de piernas con huir de la refriega. El problema en el fútbol es que si no quieres, tu rival te noquea. Si el operador hubiera dejado fija la cámara hacia el campo donde atacaba al Sevilla no se hubiera perdido ningún detalle, salvo en el cuarto de hora final en el que el Granada sacó la cabeza indultado por los locales, que eran sabedores de que con un 2-0 nada padecerían. Por cierto, que Ganso hizo el doblete nada más volver de vestuarios, y por minutos soñó con un triplete que buscó con ansia. Ganso, con el que apenas cuenta Sampaoli. Otro resucitado para el fútbol por este Granada con vocación caritativa. No la tendrá la categoría con ellos. Si el Leganés gana en Villarreal, una derrota contra el Málaga certificaría el descenso a Segunda.

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