La Barroca crece

  • La OBS ha presentado sus dos últimos trabajos discográficos dedicados a dos compositores españoles, Baguer e Iribarren

Iribarren: Pardiobre. Marta Alamajano, Lluís Vilamajó. Orquesta Barroca de Sevilla. Bernardini OBS Prometeo (Diverdi)

La Orquesta Barroca de Sevilla enriquece su discografía con dos nuevas publicaciones de su sello OBS Prometeo, un volumen dedicado a sinfonías de Carlos Baguer (1768-1808) y otro con cantatas de Juan Francés de Iribarren (1699-1767), lo que significa dos nuevas propuestas dedicadas al repertorio español.

El barcelonés Carlos Baguer es uno de los pocos sinfonistas españoles que siguió los moldes de Joseph Haydn, caso similar al asturiano radicado en Jaén Ramón Garay, cuyas diez sinfonías conservadas fueron grabadas recientemente por la Orquesta de Córdoba y José Luis Temes en un álbum del sello Verso que fue ya comentado en esta página. De Baguer han sobrevivido veinte sinfonías que siguen el esquema formal vienés en cuatro tiempos, aunque en inspiración y desarrollo la música dista bastante de su modelo. Baguer es además un compositor relativamente bien tratado por la fonografía, pues a discos ya antiguos, como el de la Orquesta de Cámara Reina Sofía dirigida por Gonçal Comellas para el sello Ensayo, se une el publicado hace apenas un par de años por la Acadèmia 1750 dirigida por Farran James. La OBS, aquí con el argentino Manfredo Kraemer como director-concertino, ofrece la obertura de El hijo pródigo, un oratorio estrenado en 1807, y cuatro sinfonías. La música es sencilla, agradable, y Kraemer la trata con el punto de excitación y ligereza que mejor le conviene.

Más interesante me parece el trabajo dedicado a la música de Iribarren, maestro de capilla de Málaga, que había sido objeto ya del primer CD editado por la OBS en su propio sello discográfico. Se encuadra este trabajo dentro del proyecto Atalaya, que las universidades andaluzas desarrollan en torno a la recuperación del patrimonio musical andaluz. De las casi mil obras que se han conservado de Iribarren en el archivo de la catedral malagueña destacan las escritas en lengua vernácula, que incluyen villancicos y cantatas para una o varias voces solistas con diferentes acompañamientos instrumentales, pues a los violines se unen en distintas agrupaciones oboes, trompas, flautas y clarines (trompetas en la denominación española de la época).

Las obras presentan la forma típica de la cantata italiana del tiempo, con dípticos recitativo-aria da capo, y asumen igualmente su característico virtuosismo belcantista. Si en el anterior disco dedicado a Iribarren, la dirección correspondió a un encendido y vehemente Diego Fasolis, aquí la batuta la coge Alfredo Bernardini, que se toma un punto más de distancia y trabaja con más cuidado las líneas, los matices en las dinámicas tenues y los adornos. No repite tampoco la volcánica María Espada, en mi opinión la mejor intérprete posible hoy día para esta música, pero la aragonesa Marta Almajano luce su buen estilo y su notable técnica y Lluís Vilamajó es el tenor comprometido y fino de siempre. Cabe en cualquier caso hacer una objeción a la OBS: los discos se grabaron en 2008 y 2009. El tiempo de posproducción es demasiado largo, y eso anula el efecto que causaría la relación inmediata de los cedés con los conciertos en que se presentaron estos mismos programas.

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