Foto de familia

  • Jack DeJohnette, Ravi Coltrane y Matthew Garrison firman un álbum lleno de guiños al pasado pero vigente.

Jazz

In movement

Jack DeJohnette / Ravi Coltrane / Matthew Garrison. ECM / Distrijazz, 2016

Arrancar un disco con una recreación del conmovedor Alabama del genio John Coltrane implica algo más que una mera elección estética. Y más si la grabación se produce con la plena implicación de dos vástagos de miembros de aquel legendario Classic Quartet del añorado saxofonista norteamericano: Ravi Coltrane y Matthew Garrison, hijo de su contrabajista Jimmy Garrison. En realidad, el contacto de Jack DeJohnette con las familias se remonta a sus años de adolescencia y queda sustentada en lazos tan estrechos y consistentes que incluso cabría hablar de relación familiar.

Esta reunión combina el prisma de un veterano que casi nunca ha perdido la cara al presente con el de dos músicos más cercanos en el tiempo, aunque rodando la cincuentena, y de trayectorias desiguales: más sólida la de Ravi Coltrane y bastante bacheada la de Matthew Garrison. Tras el efervescente homenaje a la escuela de Chicago del pasado año (de la mano del directo Made in Chicago), DeJohnette se zambulle en un ejercicio que alterna el recuerdo (Blue in Green de Miles Davis & Bill Evans o el mencionado Alabama pero también Serpentine Fire de Earth, Wind & Fire) con la partitura propia. De hecho, son cinco de sus composiciones las que construyen el eje de este álbum sereno y de decisivas atmósferas, sólo rotas por urgentes secuencias como esa dedicatoria, también al entorno Coltrane, que perfila Rashied. Obviamente, sobran las analogías con el pasado: ni DeJohnette es ya aquel batería incombustible que despuntara con el grupo de Miles Davis para desarrollar luego una carrera jalonada de capítulos de interés, ni el tándem Coltrane & Garrison requiere comparación con sus progenitores.

Un título como In Movement deja claro el interés evolutivo de un proyecto argumentado en la lúcidas baquetas del líder o sus incursiones en el piano, en las certeras apariciones de un Ravi en uno de los mejores momentos de su crónica y en el juego discreto pero riguroso de Garrison con bajo y efectos electrónicos. El resultado es una foto de familia que evoca y aprecia la riqueza de su pasado pero que prefiere apostar por las tesis de un convincente presente.

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