Niña sola en la ciudad

  • La gaditana Niña Pastori publica su octavo disco de estudio, que supone una vuelta al flamenco pop de acentos caribeños

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La orilla de tu pelo. Niña Pastori. Producido por Chaboli. Sony

Desde su cuarto álbum de canciones de estudio, María (2002), la Niña Pastori (María Rosa García García, San Fernando, Cádiz, 1978), que es una mujer muy joven, pero que lleva "toda la vida" ahí porque empezó siendo una niña, introduce temas de firma propiaen 1996, con 17 años, su primera grabación, Entre dos Puertos, disco que la aupó a la cima de la popularidad gracias a los tangos Tú me camelas compuestos por Paco Ortega. En esta octava entrega todos los temas vienen firmados por ella y Chaboli, productor, además, del trabajo. También ha renunciado la cantaora a una saludable costumbre que le acompañaba desde su encuentro con Chaboli: incluir un tema de Jeros, "el de en medio de los Chichos", en cada uno de sus discos. Jeros es el padre de Chaboli pero, como decía más arriba, este disco viene firmado en toda su extensión por la cantaora y su marido y productor. Lógicamente, renunciar a las firmas de Queco, Alejandro Sanz, Paco Ortega, Carlos Lencero o el propio Jeros tiene sus costes.

El disco anterior de la Niña Pastori, Esperando verte (2009), era el de mayor presencia de flamenco clásico (alegrías, fandangos, soleares, bulerías) de los suyos. Sin embargo, no encontró el eco público esperado. Esta es, probablemente, la razón de que en esta entrega la cantaora haya vuelto de forma virulenta a la fórmula de canción pop aflamencada que tantos éxitos le dio en el pasado. Aquí hemos de darle la razón al público, su público: es en este terreno del flamenco pop donde la cantaora se desenvuelve mejor.

Así que ya saben: estribillos corales repetitivos, recargada producción, abundancia de instrumentos eléctricos y programaciones e, incluso, la inclusión de secciones de cuerda en temas como Armadura, Hablo contigo y La ciudad, o vientos caribeños en Cuando te beso, No digas que no y Y para qué, con arreglos de tumbao al piano, percusión latina y estribillos soneros en esta última, orientada sin duda al mercado hispanoamericano. Y respecto a la lírica, ya saben: no puedo vivir sin tu amor, desde que te vi soy otra, sólo pienso en ti, y demás zarandajas. Una pena, porque la voz y el carisma de esta intérprete dan para mucho más, como demostró en el pasado. La clave, ya está apuntado arriba, es la calidad de las composiciones, tanto en lo que respecta a la música como en el contenido literario. Eso sí, la fuerza y el carisma de la cantaora se mantienen intactos y emergen a veces en toda su intensidad en canciones como Armadura o Que no te corten las alas, una descarga por tangos con un delicioso órgano Hammond. Me quedo, con todo, con la celebración vital que aparece en Hablo contigo, con una gran modulación y buen estribillo "lolailo" que podría haber firmado el propio Jeros.

No obstante, este disco contiene un hit, que desde ya es un clásico de la cantaora. Me refiero a La ciudad: el estribillo en tono mayor, abiertamente optimista, es un pelotazo, incluyendo la sentimental guitarra eléctrica barroca, y el colorido de los arreglos. En el pop siempre es la sencillez lo que mejor funciona. Desde luego que esta canción, este estribillo habría que decir, puesto que la estrofa apenas tiene melodía, está meramente apuntada, es un hallazgo que justifica por sí solo un álbum.

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