Desde el paraíso

  • Raquel Andueza y Jesús Fernández dejan en su propio sello un apasionante paseo por música espiritual del XVII italiano.

In Paradiso. Raquel Andueza, soprano Jesús Fernández, tiorba. Anima e Corpo (Diverdi).

Esta misma semana se han cumplido 369 años de la muerte de Claudio Monteverdi, uno de los grandes renovadores del arte musical, y acaso el primer compositor auténticamente moderno, así que este disco recién publicado por una de las más entregadas intérpretes españolas de su obra, la soprano navarra Raquel Andueza, se presenta como una forma extraordinaria de celebrar el talento de un músico irrepetible y con él la fuerza transformadora del arte de su tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta que el CD incluye algunas piezas inéditas, como el Lamento della Maddalena del propio Monteverdi, versión espiritual de su célebre Lamento de Ariadna, que el músico transmutó también a lo divino como Pianto della Madonna, prueba de su popularidad.

In Paradiso es el segundo trabajo que se publica en el sello Anima e Corpo, creado hace un par de años por Andueza y el tiorbista sevillano Jesús Fernández, que habían hecho un primer disco juntos en NBMusika (D'amore e tormenti, sobre el siglo XVII italiano en su vertiente profana). El estreno con su marca trajo la presentación de La Galanía, un trío por la adición del guitarrista austriaco Pierre Pitzl, para un CD con música del barroco español publicada en fuentes extranjeras (Yo soy la locura) que causó ya hondo impacto. Este nuevo álbum se convierte en el reverso sacro del primero, de aquellos amores y tormentos que ahora se tornan espirituales, por más que el cuerpo siga estando muy presente, pues la música se mueve en un ámbito en el que los rastros de la danza, de la calle y del teatro aparecen por doquier.

Además de la Magdalena monteverdiana, hay piezas anónimas (Vana Begamasca, Follia del mondo, Spagnoletto dishonorato o Madre, non mi far monaca, versión italiana de la famosa Monica de origen francés) apenas conocidas, pero otras, como la Canzonetta spirituale sopra alla nanna de Merula, el Stabat Mater de Sances o la Cantata spirituale de Ferrari son obras que en los últimos años se han abierto un hueco en el aprecio de cualquier melómano medianamente bien informado, como hará a partir de aquí el poema más famoso de la mística castellana (Amar a Dios por Dios) transfigurado por Domenico Mazzochi.

Nunca antes, nunca después, alcanzó la música occidental esa consciente fusión con la palabra como en este repertorio del primer barroco en el que todos los recursos se ponen al servicio de su más diáfana transmisión. Por eso, cuando se tratan afectos extremos las disonancias y el cromatismo asumen un alto protagonismo. Todo ello merece una voz como la de Raquel Andueza, natural y fresca siempre, cuidadosa con la pronunciación, flexible, cálida con la expresión, matizada desde el desgarro hasta el bisbiseo; un acompañamiento como el de Jesús Fernández, cuya tiorba resuena en los graves con la potencia de una bombarda y se hace líquida y brillante en los susurros. Habitantes de un universo estético común, las piezas se suceden en una rica diversidad dramática, que apunta a mundos nuevos, a lo por llegar. Todo pasa y se renueva. Mejor contemplarlo desde este paraíso.

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