"Me río del tópico de las palabrotas: ¿es que no las gritan en 'Sálvame'?"

  • Juaninacka publica 'Hellboyz', su cuarto álbum, con el que se ha propuesto "recuperar" la credibilidad ante los "puristas" del 'rap' con un sonido "actual pero respetando las raíces"

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Hace un par de años, con la publicación de 41100 Rock, la carrera de Juaninacka llegó a uno de esos puntos delicados. El rapero de Coria, uno de los veteranos con galones de la potente escena hispalense, antiguo miembro de La Alta Escuela (aquel combo pionero que reunió a finales de los 90 a otra figura inexcusable, Tote King), apostó por dar un giro a su sonido, hasta entonces más clásico, al introducir sintetizadores y texturas electrónicas. Muchos, "los más puristas", recuerda ahora, no lo entendieron. Ahora Juan Ignacio Guerrero, nombre real de este Mc nacido en 1978, regresa con Hellboyz (BOA), producido por el también sevillano David Rivilla aiSHO.

Ambos destacan que el álbum, el cuarto de Juaninacka en solitario, "suena actual pero respetando las raíces". "El año pasado saqué una mixtape con instrumentales de Makei, y yo creo que marcó un poco la línea de este disco. Las personas que la escucharan entonces no creo que se hayan sorprendido con Hellboyz", explica el rapero, que se refiere a Canciones de ahora y siempre, una demo que puso a disposición de sus seguidores en internet mediante descargas gratuitas.

El título del trabajo sugiere, engañosamente, un tono callejero y combativo. "No tiene nada que ver con ese rollo. En realidad salió de una broma privada. Es por el calor de esta ciudad, ya lo conocemos, ¿no?", aclara el también autor de Caleidoscopio y Luces de neón. El (posible) equívoco resulta aún mayor si se tiene en cuenta la reputación que siempre ha tenido de letrista intimista y meditativo, incluso introspectivo. "Toda música es auténtica si quien la hace se expresa a través de ella -dice al respecto-. En este sentido, el rap es muy directo, refleja de manera muy clara, e inevitablemente, la personalidad de cada uno. Como todos los anteriores, este disco es una extensión musical de lo que yo soy, de lo que pienso y siento. Es tan simple como eso. Escribo de cosas que bullen como por debajo de la superficie; sé que están ahí pero no cuándo van a salir".

Al hilo de la cuestión apuntada al principio de este texto, Juaninacka habla con sinceridad, por lo que su respuesta abre la puerta a otro asunto, más amplio, también mucho más complejo, y que tiene que ver con la famosa "tiranía" del público -el entrecomillado es de aiSHO-, con la naturaleza del público mayoritario del rap español y con la sospecha, a pesar de las excepciones cada vez más avalada por la fuerza de los hechos, de que los gustos conservadores están ganando de calle la partida a la audacia y la inquietud en el hip hop nacional actual, al menos en sus corrientes menos subterráneas.

"Creo que este disco va a permitirme recuperar la credibilidad ante ese público que perdí con 41100 Rock. Aunque por otro lado he hecho lo que realmente sentía necesidad de hacer. Es un cuarto disco ya... son muchos años en esto. Por eso representa también un nuevo comienzo, ésa es al menos la percepción que tengo yo ahora mismo", afirma Juaninacka, antes de hablar del "problema importante" que supone el hecho de que "una parte bastante grande del público en España está acostumbrado a que le den siempre lo mismo". "Si están acostumbrados a que se les dé X, mal asunto si les das Y".

¿Corre el rap el peligro de que sus artistas crezcan o maduren más rápido que su público? La pregunta tiene sentido, entre otras cosas, porque los propios músicos lo constatan. "Sí. La edad de los que hacen rap ha ido para arriba, pura ley de vida; y sin embargo la del público cada vez más para abajo", contesta aiSHO. "Cuando eres más pequeño buscas en la música autoafirmación, comprobar que los demás piensan lo mismo que tú, ves muy claro una supuesta manera correcta de hacer las cosas. Yo era muy así, pero ya tengo una edad, y un concepto de la música diferente. Si fingiera tener otra edad sería... lo peor", sigue Juaninacka.

El productor, eso sí, no culparía a los grupos -a algunos- de esta imagen - como mínimo sesgada y perezosa- del rap como una música perpetuamente adolescente: pasajera, inflamada pero ingenua. "Si te paras a pensar en lo que triunfa de verdad, la pachanga y todo eso, esa música que se consume la mayoría no ofrece precisamente un mensaje adulto. Y es consumida por gente adulta", argumenta. "Lo que pasa es que sigue habiendo muchos prejuicios. Las palabrotas, por ejemplo. Me río del tópico de las palabrotas. ¿Es que en Sálvame no las dicen, no las gritan todo el rato? No eximo de su parte de culpa a los grupos, pero esos prejuicios existen, y son peores", concluye el rapero.

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