Gobernantes de la primavera árabe: derrocados, combatidos y en el poder

  • Las masivas protestas del año pasado sirvieron para destronar a muchos de los altos diligentes políticos de muchos de los países árabes, pero no en todos.

El movimiento de protesta cambió el año pasado el paisaje político en muchos países árabes, pero no en todos. Aquí, un recuento:

Zine El Abidine Ben Ali en Túnez: El ahora ex presidente, derrocado después de violentos enfrentamientos con más de 200 muertos en enero de 2011, encontró refugio en Arabia Saudí. Según su abogado, se ve hasta hoy día como víctima de una conspiración de los militares. En su ausencia fue condenado en varios procesos a 66 años de prisión en total. Es poco probable que cumpla con la pena: Arabia Saudí no reaccionó hasta ahora a los pedidos de extradición. Las autoridades tunecinas se incautaron en 2012 de varias propiedades del clan Ben Ali. 

Muamar el Gadafi en Libia: Tras enfrentamientos entre rebeldes, policías y seguidores de Gadafi en febrero de 2011 en Bengasi,  siguieron sangrientos combates en todo el país. En marzo, Estados  Unidos, Francia y el Reino Unido iniciaron ataques aéreos contra  instalaciones militares libias. Después de una guerra civil de meses,  el dictador fue asesinado el 20 de octubre por rebeldes. Un mes más  tarde fue detenido su hijo Saif al Islam, buscado con una orden  internacional, quien será procesado en Libia. 

Hosni Mubarak en Egipto: Tras masivas protestas fue derrocado en  febrero de 2011 después de 30 años en el poder, que fue asumido por  los militares. Mubarak, gravemente enfermo, fue condenado en junio de  2012 a cadena perpetua en El Cairo y es acusado de ser corresponsable  de la muerte de 846 personas durante las protestas. Los gobernantes  saudíes desmintieron hace algunos días los informes según los cuales  le habían ofrecido a los nuevos gobernantes en Egipto 3.000 millones  de dólares a cambio de la extradición de Mubarak al reino. 

Bashar Al-Assad en Siria: En el Estado policial dominado desde  hace 40 años por el clan Assad, Bashar al Assad sigue apostando por  la violencia de su amplio aparato represor y dispara contra su  pueblo. Las protestas internacionales no lo alejan de la brutal  represión. A fines de marzo, Assad aceptó un plan de paz del ex  secretario general de la ONU, Kofi Annan. Sin embargo, las luchas  continúan y el alto el fuego está vigente sólo en los papeles. De  acuerdo con la ONU murieron tras el inicio de las protestas más de  10.000 personas. Por ahora, no se vislumbra un fin del conflicto. 

Ali Abdullah Salehen Yemen: Durante meses, un movimiento de  protesta pidió la renuncia del presidente, que gobernaba desde 1978.  Las fuerzas de seguridad dispararon varias veces contra los  manifestantes. En junio de 2011, el jefe de Estado, gravemente  herido, abandonó transitoriamente el país, pero quedó en el cargo. No  fue hasta noviembre que renunció al poder. En diciembre se formó un  partido de transición con representantes del partido de Saleh y la  oposición. A Saleh se le garantizó impunidad. Manifestantes pidieron en varias oportunidades su condena, ya que lo responsabilizan de la  muerte de casi 1.500 personas. En enero de 2012 viajó a Estados Unidos para su tratamiento, pero regresó luego al país. En febrero de  2012, Abed Rabbo Mansur Hadi se convirtió en presidente de  transición. 

Hamad bin Isa al Jalifa en Bahrein: Tras la represión de las  protestas de la mayoría chiíta en el país en 2011, el movimiento  reformista pidió la renuncia del gobierno como condición para un  diálogo ofrecido por la casa real sunita. Uno de los pedidos de los  manifestantes era la transformación de Bahrein en una monarquía  constitucional. Sin embargo, el rey no estaba dispuesto a una pérdida  de poder. La casa real y el gobierno intentan mostrar una voluntad  reformista. Hamad bin Issa al Jalifa, por ejemplo, liberó a más de 300 opositores detenidos. Sin embargo, no existe actualmente un  diálogo entre los leales al rey y la oposición. Las protestas  continúan, pero no cambia la constitución del poder. 

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