Obama pide una respuesta mundial tras el nuevo ensayo nuclear de Pyongyang

  • El presidente de EEUU califica la prueba subterránea como una "rotunda violación del derecho internacional" y un desafío "temerario" · Corea del Norte se congratula y asegura que fortalece su poder disuasorio

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, instó ayer a la comunidad internacional a responder con una actuación concreta al segundo ensayo nuclear realizado por Corea del Norte, tras calificarlo como una "rotunda violación del derecho internacional".

En una breve declaración, Obama argumentó, en línea con lo señalado en un comunicado emitido por la Casa Blanca poco tiempo después de conocerse el ensayo nuclear subterráneo y el lanzamiento de varios misiles de corto alcance, que se trata de un desafío "temerario".

Corea del Norte realizó ayer una nueva prueba nuclear "exitosa" para "fortalecer su poder nuclear disuasorio", según anunció, lo que motivó la dura condena de la comunidad internacional y la convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU.

Las agencias meteorológicas surcoreana, japonesa y estadounidense detectaron un temblor de entre 4,5 y 4,7 grados en la escala Richter cerca de la localidad norcoreana de Kilju, situada a 15 kilómetros del lugar del ensayo nuclear de 2006.

Poco después, Pyongyang confirmó a través de la agencia oficial KCNA que había realizado una prueba nuclear subterránea con éxito y de forma segura, en alusión a que no detectó fugas radiactivas en el ensayo.

Ni Seúl, ni Tokio ni Washington pudieron confirmar la nueva prueba -algo que llevó varios días tras el primer test de 2006-, aunque el temblor se detectó en una zona de baja actividad sísmica. Tan sólo Moscú dio por hecho la explosión atómica.

Corea del Norte afirmó que ha mejorado su poder nuclear y superado anteriores problemas técnicos con este nuevo test subterráneo, que aseguró fue de un "mayor nivel en términos explosivos y tecnológicos" al llevado a cabo el 9 de octubre de 2006.

El Ministerio de Defensa ruso aseguró que la detonación parece haber alcanzado una potencia de unos 20 kilotones, mientras que la explosión de 2006 pudo llegar a los 15 kilotones, ligeramente superior a la intensidad de la bomba de Hiroshima.

Según la agencia surcoreana Yonhap, Pyongyang informó antes de la explosión a China, que después expresó su "firme oposición" a la prueba.

Los vecinos más cercanos, Corea del Sur y Japón, criticaron al unísono la "grave amenaza" y el "gran desafío" a la no proliferación nuclear de este nuevo y sorpresivo ensayo, del que el régimen comunista norcoreano no avisó con anterioridad, como hizo una semana antes de la prueba de 2006.

También la presidencia rusa se mostró taxativa al condenar lo sucedido con la advertencia de que "los inductores de la decisión de realizar ensayos nucleares son responsables ante la comunidad internacional", según señaló Natalia Timakova, portavoz del Kremlin.

La Unión Europea, a través del jefe de su diplomacia, Javier Solana, dijo que esta nueva prueba nuclear "amenaza aún más la paz en la región y la seguridad en el noreste de Asia".

Japón pidió a Rusia, que desempeña la presidencia mensual del Consejo de Seguridad, una reunión urgente con el objetivo de alcanzar una nueva resolución, después del lanzamiento de un cohete de largo alcance el pasado 5 de abril, también duramente criticado por Seúl, Tokio y Washington.

Precisamente la declaración de condena aprobada por el Consejo de Seguridad el 13 de abril elevó aún más las críticas de Pyongyang, que el 29 de ese mes amenazó con ampliar su poder nuclear si Naciones Unidas no pedía disculpas.

La actual situación cuestiona la utilidad del diálogo a seis bandas para el desarme de Corea del Norte (formado por las dos Coreas, Rusia, China, Estados Unidos y Japón) iniciado en 2003 y la efectividad de las resoluciones del Consejo de Seguridad, que no han conseguido doblegar a Pyongyang.

Desde el lanzamiento de abril y la posterior condena internacional, el régimen norcoreano ha aumentado la tensión con sus vecinos, lo que podría motivar una nueva resolución más firme como piden Estados Unidos y sus aliados internacionales, frente a la apatía de Rusia y China.

Los analistas creen que Kim Jong-il quiere mandar un mensaje disuasorio al Gobierno de Barack Obama en Washington a la vez que rompe las relaciones con Seúl, que habían llegado a su momento culminante con la visita a Pyongyang de Roh Moo-hyun, en octubre de 2007.

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