Estados Unidos traslada a su territorio al primer prisionero de Guantánamo

  • El tanzano Ahmed Ghailani será juzgado en un tribunal civil de Nueva York · El preso está acusado de participar en los atentados de 1998 contra las embajadas de Kenia y Tanzania, que causaron 224 muertos

El Gobierno de Estados Unidos trasladó ayer a su territorio, por primera vez, a un detenido de la base de Guantánamo (Cuba), el tanzano Ahmed Khalfan Ghailani, a quien juzgará un tribunal civil de Nueva York.

Con esta medida, el presidente Barack Obama desafió al Congreso, que se ha opuesto a la transferencia de prisioneros de Guantánamo a EEUU, incluso si se mantienen aquí bajo rejas.

No se hizo esperar la reacción de los republicanos, que ven en el tema de Guantánamo un punto débil de Obama. "Éste es el primer paso en el plan de los demócratas para introducir terroristas en Estados Unidos", dijo John Boehner, el líder de su partido en la Cámara de Representantes.

Lo cierto es que en las prisiones estadounidenses ya hay numerosos terroristas, incluidos Zacharias Moussaoui, condenado por participar en el complot del 11-S, y Ramzi Yousef, el arquitecto del atentado de 1993 contra las torres gemelas.

Al anunciar la transferencia de Ghailani, Eric Holder, el fiscal general, destacó que el Departamento de Justicia tiene "un largo historial de éxito" en la detención y enjuiciamiento de terroristas en el sistema penal civil.

Ghailani, presunto ex guardaespaldas de Osama ben Laden, es uno de los detenidos considerados de mayor valor por el Pentágono y está acusado de participar en los atentados contra las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenia en 1998, en los que murieron 224 personas.

El tanzano será el primer detenido de Guantánamo en ser juzgado en un tribunal ordinario, en lugar de las cortes especiales que George W. Bush creó en la base militar estadounidense en la bahía cubana, cuyas reglas dan más ventajas a la Fiscalía.

A la hora de acudir a los tribunales civiles, el Gobierno de Obama afronta el problema de que a los detenidos de Guantánamo no se les informó nunca de sus derechos y algunos de ellos fueron sometidos a técnicas de presión que en ciertos casos llegaron a la tortura.

En el juicio de Ghailani, que está encerrado desde ayer en una prisión de Manhattan, la Fiscalía previsiblemente usará pruebas que no estén manchadas por la coacción, pero la defensa podrá presentar evidencias del tratamiento al que fue sometido a manos de la CIA y el Pentágono y que se desconocen.

El tanzano fue capturado en julio de 2004 en Pakistán y encerrado en una prisión secreta de la CIA hasta 2006, cuando fue trasladado a Guantánamo junto con los otros 13 prisioneros más valiosos para EEUU.

El Departamento de Justicia anunció el mes pasado que llevaría a Ghailani a Nueva York y Obama afirmó entonces que "tras una década, es hora de que finalmente se haga Justicia" por los atentados de 1998.

Su traslado fue decidido por un comité de revisión creado por Obama tras mudarse a la Casa Blanca para estudiar uno a uno los casos de los casi 240 detenidos que aún permanecen en Guantánamo y decidir dónde llevarlos para cerrar el penal en enero de 2010, como el presidente ha prometido.

Su trabajo, difícil de por sí, se ha complicado con una campaña lanzada por los republicanos en la que alertan a los estadounidenses de que el Gobierno va a traer a "terroristas" a su vecindario.

Ghailani había sido acusado en los tribunales especiales de Guantánamo pero, en su caso, el Gobierno consideró que tiene suficientes pruebas admisibles en un tribunal civil para juzgarle en Nueva York.

Ghailani fue acusado formalmente en ausencia en esa ciudad tras los atentados en África y cuatro de sus presuntos cómplices han sido condenados y cumplen cadena perpetua en la prisión de máxima seguridad de Florence (Colorado), de la que no se ha escapado nunca nadie.

Según la Fiscalía, Ghailani ayudó a los terroristas a fabricar una de las bombas usadas en los ataques de 1998 y posteriormente trabajó como falsificador de documentos para Al Qaeda y entrenador de sus reclutas.

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