La economía acapara el primer discurso de Obama en el Congreso

  • El presidente, que no ahorró en críticas a su predecesor por la situación heredada, deja claro que la crisis es la máxima prioridad · El mandatario presenta hoy su primera propuesta presupuestaria

La economía pasada, presente y futura se convirtió ayer en la protagonista absoluta del discurso que el presidente de EEUU, Barack Obama, dirigió el martes ante las dos cámaras del Congreso sobre sus prioridades legislativas.

En su discurso de unos 45 minutos, el primero ante los legisladores, los jueces del Tribunal Supremo, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernake, y todos los poderes fácticos en Washington, Obama dejó claro que, por el momento, en su agenda hay poco espacio para lo que no sea hacer frente a la ingente crisis económica.

El presidente pasó revista a la economía que encontró al llegar a la Casa Blanca, y no ahorró críticas. Según recordó, heredó de su predecesor, George W. Bush, "un déficit de un trillón de dólares, una crisis financiera y una recesión muy costosa". En los últimos años, denunció, "dejamos de mirar al futuro más allá del próximo pago, el próximo trimestre o las próximas elecciones".

Pero pese a que la situación es grave -la economía de EEUU se contrajo un 3,8% durante el último trimestre de 2008-, Obama aseguró que es posible superar los problemas e indicó que las medidas que ha introducido surtirán efecto.

El camino, indicó, no estará libre de obstáculos, pero EEUU saldrá adelante si se empeña con sensatez y valentía. "Lo que necesitamos ahora es que este país se una, afronte con osadía los desafíos que encaramos y se haga responsable de su futuro una vez más", destacó.

Hasta el momento, el presidente ha promulgado un plan de estímulo económico valorado en 787.000 millones de dólares que asegura permitirá crear o salvar entre tres y cuatro millones de puestos de trabajo en dos años.

También ha presentado un plan de rescate del sistema financiero y una iniciativa para ayudar a los propietarios de viviendas.

Prometió también acometer una reforma del sistema regulador para evitar los excesos de los últimos años y aseguró que, pese a los gastos a corto plazo para hacer frente a la crisis, recortará a la mitad el déficit actual en cuatro años, a 533.000 millones.

"Ya hemos identificado dos billones de dólares en ahorros a lo largo del próximo decenio", aseguró, al indicar que, entre otras cosas, se eliminarán los contratos sin concurso público en Iraq o las exenciones fiscales a empresas que exportan trabajos al exterior.

Obama tiene previsto presentar hoy su primera propuesta presupuestaria al Congreso, y aprovechó su alocución del martes para avanzar algunos de los principios que lo regirán. En este sentido, ya advirtió que su propuesta "reflejará la cruda realidad" económica actual y los legisladores, tanto demócratas como republicanos y él mismo, tendrán "que sacrificar algunas prioridades muy meritorias para las que no hay dinero".

Al mismo tiempo, indicó: "No podemos hacer caso omiso de nuestros desafíos a largo plazo" y, por tanto, debe invertirse en áreas como la energía, el cuidado sanitario o la educación.

Al lado de la economía, Obama dedicó poco espacio a los asuntos exteriores, en un reflejo de lo que ha sido hasta ahora su mandato.

El presidente se ha concentrado en la crisis económica y tan solo el martes, más de un mes después de su llegada a la Casa Blanca, recibió al primer líder extranjero, el primer ministro japonés Taro Aso.

Por contra, el mandatario dedicó las primeras semanas en el cargo a promover el plan de estímulo económico promulgado la semana pasada, y el lunes organizó en la Casa Blanca una cumbre de responsabilidad fiscal a la que asistieron cerca de 130 personas.

Con su mensaje del martes, Obama, que se desplazó con frecuencia fuera de Washington para promover el plan de estímulo directamente ante el público, pretendió de nuevo transmitir su mensaje directamente al pueblo.

Hasta el momento, los mercados han respondido con tibieza a sus propuestas y el lunes, mientras celebraba su cumbre de responsabilidad fiscal, la Bolsa de Nueva York cayó a niveles que no se veían desde 1997, entre temores a una nacionalización de bancos.

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