¿Hacia el fin del absolutismo alauí?

  • La sociedad marroquí recibe dividida la nueva Constitución presentada por Mohamed VI el viernes, un texto que a muchos les sabe a poco por el amplio poder ejecutivo que se sigue reservando el monarca.

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¿El fin del absolutismo alauí? ¿El paso definitivo hacia la implantación de una monarquía parlamentaria y, con ella, de una democracia homologable a las occidentales en Marruecos? Muchas son las expectativas que abre la nueva Constitución que el rey Mohamed VI hizo pública en la noche del viernes y que será sometida a referéndum el 1 de julio para sustituir a la actual, de 1996. Un texto que ha sido auspiciado por un monarca temeroso de que la ola de las revueltas árabes le alcanzara de lleno, redactado en menos de tres meses y que la sociedad recibió dividida.

El nuevo texto aumenta, en efecto, las prerrogativas del Ejecutivo y, singularmente, del primer ministro, que pasa a llamarse presidente del Gobierno. Corresponderá ahora a esta figura, que procederá del partido más votado en los comicios generales, y no directamente al rey, la designación de altos cargos ministeriales, de empresas públicas, embajadores y, en fin, de la administración nacional. El rey, en suma, cede competencias en beneficio del Ejecutivo y del Parlamento, que gana atribuciones.

Precisamente, la potestad de disolver la Cámara Baja corresponderá, desde este momento, al jefe del Gobierno y no al soberano. El nuevo texto proclama la separación de poderes y la puesta en marcha de mecanismos para la mejora de la democracia, el control público y la separación de la Justicia. El rey, además, en uno de los cambios simbólicos más destacados del nuevo texto, deja de ser "sagrado" para ser "inviolable".

Pero el monarca mantiene la última palabra en materias fundamentales del Estado, como defensa y seguridad, política exterior y religión. En este capítulo, el monarca sigue siendo "comandante de los creyentes", esto es, líder máximo del Islam marroquí, una de sus atribuciones más cuestionadas tanto desde el sector laico como del islamista, por lo que la nueva Constitución no logra separar la jefatura del Estado del poder religioso. Asimismo, cada nombramiento propuesto por el Ejecutivo tendrá que obtener el visto bueno del monarca.

En este sentido, para no pocos críticos, como algunos miembros del movimiento del 20 de febrero -líder de la protesta contra el absolutismo del majzén marroquí en los últimos meses- que ya se han manifestado, el amplio poder ejecutivo que retiene del monarca constituye una prueba evidente de que poco va a cambiar a pesar de la bienintencionada prosa de la nueva Carta Magna. Como ésta señala, el rey es el "árbitro" del sistema.

Asimismo, el nuevo texto consagra una identidad marroquí más amplia e inclusiva que hasta el momento, circunscrita al componente árabe e islámico. La lengua bereber logra el grado de oficial de un Estado, que reconoce, además del componente étnico amazigh, el andalusí y el judío, además de las manifestaciones culturales de la hassanía (del Sahara Occidental). Igualmente, el nuevo Estado marroquí garantiza la libertad religiosa, pero no así la de culto, con lo que sigue estando prohibido abandonar el Islam y abrazar una nueva fe.

Todo apunta a que la posibilidad de que el nuevo texto abra la senda definitiva hacia la democracia en el alumno aventajado de Europa en África seguirá dependiendo del arbitrio y la voluntad del monarca alauí, que tendrá que demostrar que está dispuesto a sacrificar sus ilimitados privilegios.

De momento, la nueva Carta Magna nace de un arrebato apresurado y de un proceso poco transparente y democrático, como ha advertido el primo del rey, Moulay Hicham el Alaoui, el disidente príncipe rojo e investigador de la Universidad de Stanford. El islamismo -en diferentes grados correspondiendo a las diferentes sensibilidades- y los reformistas laicos ya han manifestado su oposición a un texto que, a priori, les sabe a poco.

De hecho, los opositores del 20 de febrero han convocaron nuevas manifestaciones para hoy, a pesar de que otras miles de personas salieron a la calle en todo el país la noche del viernes portando fotos del monarca e hicieron sonar las bocinas de sus vehículos para celebrar el anuncio de Mohamed VI.

El tiempo y la voluntad de un monarca atribulado dirán si los marroquíes tienen razones para la esperanza.

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