Los iraníes ratifican la línea dura

  • El presidente Ahmadineyad obtiene la reelección con una "sorprendente contundencia" · La oposición insiste en las acusaciones de fraude masivo y estallan diversos enfrentamientos en las calles de Teherán

Pese a que en los días previos eran pocos los que se atrevían a realizar pronósticos, la victoria lograda por el ultraconservador Mahmud Ahmadineyad en los comicios presidenciales celebrados este viernes ha sorprendido por su "contundencia".

Según los resultado ofrecidos por el Ministerio de Interior, el actual mandatario habría alcanzado el 62% de los sufragios, casi doblado a su principal rival, Mir Hussein Mousavi, y evitado una segunda vuelta que muchos pronosticaban.

El ex primer ministro, que se atribuyó una amplia victoria tras el cierre de los colegios electorales, denunció asimismo numerosas irregularidades en favor del presidente. Incluso apeló a la intervención del líder supremo de la Revolución, ayatolá Ali Jameneí, a quien muchos señalan como uno de los principales apoyos del presidente.

"La sociedad se ha fracturado. Hay mucha gente que no cree lo que ha pasado tras el enorme apoyo que Mousavi logró en la campaña. Simplemente no esperaban esta derrota, aunque temían el fraude", explica a Efe Mahmud Farshari, un analista político local y profesor universitario.

La crudeza de la campaña electoral, plagada de desacreditaciones y acusaciones sin precedentes en los treinta años de República Islámica, no sólo ha dividido a la sociedad sino que también parece haber abierto un brecha en la opaca cúpula del régimen.

Ahmadineyad, en una estrategia arriesgada, acusó al ex presidente del país Ali Akbar Hashemi Rafsanyani de corrupción y de complot, junto al también mandatario Mohamad Jatamí y el propio Mousavi, para derrocar su gobierno. Rafsanyani, considerado uno de los tres hombres más poderosos del país, respondió con un carta al líder supremo en la que advertía sobre el peligro que representaba para el régimen la actitud del mandatario.

"¿Qué salida se espera ahora?", se preguntan la mayoría de los expertos. Lo único en lo que coinciden es en que con su decisión de reclamar la victoria Mousavi quiso allanar el camino para sus alegaciones de fraude y sugirió que no planea aceptar de forma sumisa la humillante derrota. Si él y sus influyentes aliados insisten en las alegaciones -carencia de papeletas, obstáculos a la supervisión y cierre de los colegios cuando aún había votantes- podría crear un conflicto sin precedentes en el seno del régimen teocrático iraní.

Días antes de la votación, Yadolah Janavi, miembro del poderoso Consejo de Guardianes, advirtió que los reformistas, con Mousavi a la cabeza, buscaban una "revolución de terciopelo", objetivo que se evitaría de raíz.

En la calle la situación tampoco era clara, aunque existen signos de evidente tensión. Poco antes del cierre de los colegios, la Policía iraní aisló a cal y canto el ministerio de Interior, sede donde se recontaban los votos.

Fuerzas de Seguridad y efectivos antidisturbios desalojaron con violencia a centenares de personas que se concentraban en torno a la sede de Mousavi. A primera hora de la mañana, nuevos enfrentamientos entre la Policía y seguidores del ex primer ministro se repitieron en algunos puntos de Teherán.

"La gente se echó a la calle con enorme entusiasmo para apoyar a Mousavi durante la campaña, parece poco probable que ahora se vayan a quedar callados", argumenta el analista, profesor universitario.

Fuentes diplomáticas apuntaban hoy a que, precisamente, las universidades del país no abrieron sus puertas ayer.

Ante la previsible continuidad de la política internacional, otra de las cuestiones aún sin respuesta es qué incidencia tendrá la catastrófica situación económica del país. La economía ha sido el campo de batalla de la polémica campaña electoral, con una oposición denunciando que Ahmadineyad había "arruinado el país". Lo cierto es que en los últimos años la inflación y el paro han crecido en el país, y que el presidente, pese a sus medidas populistas, no ha podido cumplir muchas de las promesas populistas que le encumbraron al poder en el año 2005.

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