Un nuevo capítulo del drama de Gordon Brown

  • Sale a la luz un correo electrónico el que el ministro de Economía y amigo de Blair, Peter Mandelson, califica al primer ministro británico de "inseguro" y "cohibido".

El drama en torno a Gordon Brown tiene un nuevo capítulo. El que probablemente haya sido su peor día en el cargo lo superó el primer ministro el viernes, aunque se podría decir que herido de gravedad. Y el fin de semana renqueó hacia una nueva batalla.

Ni la reforma de gabinete ni el día que pasó en la plataforma internacional en Francia han podido sacar a Brown de la miseria. En lugar de ello, tiene ante sí los desastrosos resultados que se avecinan en las elecciones europeas de este domingo. Y éstos, junto con la revuelta de la campaña anti-Brown que todavía no ha concluido en algunos medios, podrían provocar el motín definitivo en el partido laborista. El dominical Sunday Times calificaba ya este domingo al jefe del Gobierno como "cadáver andante".

Hasta fuera del país persiguen a Brown los problemas, provocados por el escándalo de las dietas y una serie de dimisiones de ministros. A su llegada a la celebración del 65º aniversario del desembarco Normandía, el decisivo Día D, recibió un fuerte abucheo. El día D para Brown será el lunes, cuando la fracción laborista se reúna y consulte el futuro del primer ministro. "El lunes los diputados laboristas responderán a una pregunta muy importante: ¿es Gordon Brown un ganador o un perdedor?", dijo el ex miembro del gabinete Stephen Byers.

Según informan los medios, en las elecciones europeas los laboristas incluso quedarán por detrás de los radicales, los antieuropeos del partido UKIP, lo que haría aparecer a Brown definitivamente como perdedor. Los ganadores de los comicios según las encuestas serán los conservadores.

A ello se suman además las luchas internas que se han ido agudizando, sobre todo al enconarse la rivalidad entre los seguidores de Brown y los de su predecesor y durante mucho tiempo rival, Tony Blair. De nuevo se atizó el fuego de la disputa con la publicación de un correo electrónico email en el que el ministro de Economía (y gran amigo de Blair), Peter Mandelson, califica a Brown de "inseguro" y "cohibido". Aunque el correo tiene más de un año, cuando Mandelson todavía no había regresado al Gobierno, ha sido como arrojar sal sobre la herida. Y de poco sirvió que el propio Mandelson apoyara abiertamente a Brown e instara a los laboristas rebeldes que renunciaran a un golpe de timón.

Pues también los rebeldes saben que, aun cuando consiguieran imponer un nuevo jefe de partido, seguramente no podrían salir airosos en unas elecciones anticipadas. Después de todo, sería el segundo primer ministro que llegaría al cargo sin pasar por las urnas. Y en caso de celebrar comicios anticipados, el nuevo premier seguramente caería igual que Brown, pues en estos momentos se da por descontada la victoria de los tories. Con ellos los diputados laboristas rebeldes perderían su escaño en el Parlamento. El laborista John Crudas calificó de "locura" intentar derrocar a Brown. "O aguantamos juntos... o estamos fuera".

Por otra parte, el procedimiento para derrocar a un primer ministro es muy complejo. En primer lugar los rebeldes precisan más del 70 por ciento de los apoyos. A ello se suma que tienen que sacarse de la manga un candidato adecuado. Candidatos como el nuevo primer ministro del Interior Alan Johnson y el ministro del Exterior, David Miliband, que hasta la fecha habían sido considerados como posibles sucesores, se han distanciado ya de la carrera. Y es más que improbable que el propio Brown ceda: "Antes se clavaría en Downing Street que irse libremente", comentó un periodista.

Brown, por su parte, sigue repitiendo casi como un mantra el "seguiremos luchando". Pero la frase evoca recuerdos de la derrota para los tories hace casi 20 años. "Seguiré luchando", prometió en noviembre de 1990 Margaret Thatcher, cuando se sucedían las intrigas en su partido contra su persona. Un día después, la primera ministra dimitió.

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