El poder en la sombra

  • Aunque la atención internacional está centrada en el presidente Ahmadineyad, el ayatolá Ali Jamenei es el verdadero inductor de todo lo que ocurre en el país

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En los titulares suele figurar el nombre del presidente ahora reelecto de Irán, pero el hombre que tiene la última palabra es otro: el ayatolá Ali Jamenei domina en la república islámica con un poder casi ilimitado. El líder de la revolución, nombrado de por vida por un consejo de expertos de 86 religiosos, no sólo es el líder espiritual en el estado religioso chií. Jamenei también es la instancia superior en decisiones políticas y según la Constitución está sobre el derecho y la ley.

El religioso, de 69 años, debe confirmar a todos los presidentes electos. Es el comandante del Ejército y de los guardias revolucionarios pasdaran. Decide sobre los puestos más altos de la Justicia y sobre los medios de comunicación. También controla el Consejo de Guardianes de 12 miembros, que verifica todas las leyes para ver si están de acuerdo con la ley islámica.

En las elecciones, el Consejo decide sobre la confiabilidad ideológica y religiosa de los candidatos. Además, el líder revolucionario nombra a seis clérigos guardianes. Los miembros restantes son elegidos por el juez supremo, que es a la vez designado por Jamenei.

Jamenei nació el 15 de julio de 1939 en la ciudad de Meshad. En 1962 se sumó al movimiento islámico del ayatolá Jomeini. En tiempos del sha estuvo tres años en prisión. Tras la revolución islámica de 1979 predicaba como líder religioso de Teherán con un arma colgada al hombro y llamaba a luchar contra todos los opositores al sistema. En 1981 sobrevivió por poco a un atentado con bomba y desde entonces sus seguidores lo llaman "mártir viviente". En 1981 fue elegido presidente. Se quedó en el cargo hasta que un día después de la muerte de Jomeini, el 4 de junio de 1989, se convirtió en su sucesor.

"A los ojos de la versión del Islam puro no hay división entre religión y política", asegura Jamenei. Según cree, a Europa esta división le trajo "dos guerras mundiales, comunismo, la destrucción de la familia y la corrupción sexual". Durante el gobierno del reformista Jatami, de 1997 a 2005, Jamenei frenó casi todos los proyectos de ley que apuntaban a una liberalización en el interior y una apertura hacia afuera en el Consejo de Guardianes.

Las protestas fueron reprimidas con dureza por el líder revolucionario. Los políticos reformistas perdieron sus puestos, los periodistas más críticos temieron por su libertad. En 1999 aplastó con crudeza una revuelta estudiantil, en 2004 envió a los pasdaran para que pusieran fin a una huelga metalúrgica.

También en política exterior mantuvo una línea dura. Anunció que quien luchaba contra "el agresor Estados Unidos" está "en guerra santa". En 2002 prohibió todas las conversaciones con Washington. En la guerra del Líbano de 2006 permitió que se apoyara masivamente a Hezbolá en la lucha contra Israel. También la política atómica de Mahmud Ahmadineyad cuenta con el apoyo de Jamenei.

Con este populista ultraconservador, su candidato preferido se convirtió en presidente en 2005. En cuanto a la reelección de Ahmadineyad, dijo el sábado que "la elección del presidente deseado (...) es una verdadera fiesta", que, agregó, "asegurará el progreso del país y la seguridad nacional". Advirtió a los opositores de "provocaciones maliciosas" y dejó en claro: quien ataca a Ahmadineyad, lo ataca a él mismo. Y la crítica al líder revolucionario se paga con la muerte en Irán.

Como contrapeso a Jamenei, el ex presidente Ali Akbar Hachemi Rafsanyani es un conservador pragmático que se ha acercado al campo reformador desde su derrota ante Ahmadineyad en 2005. Sigue siendo influyente en su calidad de jefe del Consejo del Discernimiento, el más alto consejo de arbitraje, y de la Asamblea de Expertos encargada de designar al guía supremo y supervisar sus acciones. Ha conservado un perfil bajo durante las manifestaciones pero varios analistas consideran que podría estar actuando entre bastidores.

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