El presidente de los Comunes británicos dimite por el escándalo de los abusos

  • El jefe de la Cámara Baja del Parlamento, Michael Martin, hará efectiva su renuncia, la primera en 300 años, el 21 de junio · Todos los partidos políticos han encontrado en él la perfecta cabeza de turco

El presidente de la Cámara de los Comunes, Michael Martin, presentó ayer su dimisión tras las presiones recibidas por el escándalo del abuso de dinero público por parte de los diputados, que ha desprestigiado a la clase política británica.

Acosado por diputados de todos los partidos, que han encontrado en él a la perfecta cabeza de turco, Martin tuvo ya que disculparse públicamente el lunes por su papel en los intentos de ocultar los abusos parlamentarios del dinero público, pero una serie de parlamentarios le desafiaron abiertamente a que dejara el cargo.

Un total de 23 diputados firmaron una moción de "no confianza" en su persona, y ayer finalmente Martin, primer católico que ocupa el cargo desde la reina María Tudor, la esposa del español Felipe II, arrojó la toalla con efecto del próximo 21 de junio, el primero que lo hace en más de 300 años.

Con su anunciada dimisión no acaba, sin duda, el escándalo, pues cada día que pasa, y esto no parece que vaya a cesar, los británicos desayunan con nuevas revelaciones del Daily Telegraph sobre cómo parlamentarios de todos los partidos han diseñado estratagemas o se han aprovechado simplemente del sistema para lograr que los contribuyentes sufraguen sus gastos particulares, desde los más vulgares hasta los más peregrinos.

Reclamación de dinero por hipotecas ya vencidas, cambios de asignación de segunda residencia para embolsarse beneficios, segundas residencias que no eran tales, compra con cargo al presupuesto público de todo tipo de objetos, desde alfombras o sillones de masajes hasta simples tampones: muchos diputados no parecían conocer límites.

Ninguno de los tres partidos está limpio: los abusadores son de todas las edades y confesiones pero, según parece, son los diputados que se consideraban en circunscripciones más seguras quienes más han abusado del sistema.

Ni siquiera se salva la parlamentaria encargada de las relaciones del Parlamento con la Reina, una joven laborista de la que el Telegraph revelaba ayer que vendió un piso, compró otro a poca distancia y duplicó el importe de la hipoteca, pagada por los ciudadanos. Un Parlamento cuyo anacrónico ceremonial no parece indicado para una legislatura moderna y transparente se ha convertido en "una cuadra de Augias", como lo han calificado algunos comentaristas, sin que aparezca de momento en el horizonte el Hércules capaz de limpiarlo. En la mitología griega, "limpiar las cuadras de Augias" fue uno de los trabajos que los dioses encargaron a Hércules, consistente en limpiar las cuadras del rey de Élide que contenían 3.000 bueyes y no habían sido adecentadas desde hacía 30 años.

Este fin de semana se supo que la siempre discreta Isabel II ha llegado a expresar en privado su preocupación por lo que está ocurriendo y el desprestigio que supone un pilar básico del sistema democrático.

Aunque su partido no está ni mucho menos libre de pecado, el líder conservador, David Cameron, ha aprovechado el escándalo para reclamar un adelantamiento de las elecciones como medida higiénica.

El primer ministro, Gordon Brown, cuyo partido se ha hundido en las encuestas, querrá, sin embargo, retrasarlas hasta el próximo verano, a ver si hay un ligero asomo de recuperación de la crisis económica que pueda vender a los electores. Muchos de sus correligionarios, temerosos de perder sus escaños en la primera consulta popular, tampoco tienen prisa.

Y los principales beneficiarios de todo el desaguisado serán, a tenor de lo que indican las encuestas, los partidos pequeños, como los Verdes, el abiertamente antieuropeo UK Independence Party y el British National Party, que le supera porque a su antieuropeísmo suma la xenofobia y el racismo. Todo un panorama.

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