Los ricos lloran la retirada

  • Los ciudadanos que se han enriquecido y sobre todo las mujeres temen que la salida de los militares occidentales devuelva a Afganistán a los tiempos más lúgubres

La nueva generación de jóvenes afganos con sus coches vistosos y vestidos a la última moda, enriquecidos gracias a once años de ocupación occidental, se preocupa por el incierto futuro de su país cuando se vayan los soldados extranjeros. "Los negocios florecen, he ganado muy bien mi vida desde que se fueron los talibanes", dice Sayed Habib, de 34 años, propietario de una tienda en uno de los elegantes centros comerciales de Kabul.

Como otros habitantes de Kabul, Sayed Habib se ha beneficiado del nuevo poder adquisitivo de los miles de afganos que trabajan directamente para la OTAN o las organizaciones internacionales, o que comercian con ellas.

Pero estos empresarios temen la retirada de los 140.000 soldados de la coalición dirigida por Estados Unidos que se supone culminará en 2014.

Según ellos, y también según los expertos, casi unánimes, la retirada llevará inevitablemente a una guerra civil o al retorno de los talibanes al poder. En todo caso al final de sus negocios.

Afganistán recibe 15.000 millones de dólares por año de ayuda extranjera destinados a la reconstrucción del país, a la formación y al equipamiento de las fuerzas de seguridad (Ejército, Policía). Pero esta fuente se irá agotando a medida que los soldados de la fuerza internacional partan del suelo afgano.

Un informe del Senado estadounidense alertaba también de que esta retirada podría provocar en el agotado país "una severa depresión económica".

Ahmad Lais posee dos casas en Kabul, se viste con trajes de estilo occidental y conduce un flamante todoterreno Toyota.

"Volví a Afganistán en cuanto cayó el régimen de los talibanes" a fines de 2001, relató. "Nuestra empresa obtuvo un contrato para abastecer gasolina a las tropas internacionales. Los beneficios los invertí en la construcción de dos nuevas plantas y contraté a 150 personas".

El hombre está orgulloso de producir material de construcción "utilizado en miles de casas que se construyen en Kabul", pero sus ventas de gasolina a las tropas de la OTAN no paran de disminuir.

Khan Jan Alakozai, vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industria de Afganistán confirma que el anuncio de la partida de las tropas extranjeras llevó a muchos empresarios a irse.

"Tratamos de darles garantías sobre la seguridad de sus inversiones, pero constatan por sí mismos la situación, cuando ven que incluso la Embajada estadounidense en Kabul no está segura", dijo, refiriéndose al osado ataque contra el edificio en pleno centro de la capital el 13 de septiembre.

Haji Zabiulá, concesionario de automóviles, es de los que prevé partir, para irse por ejemplo a Dubai. "No es imposible que traslade mis inversiones si se van los estadounidenses", afirmó. Un privilegio poco común en este país que sigue siendo uno de los más pobres del mundo.

Además de los ricos, la condición de las mujeres en Afganistán ha mejorado desde hace diez años, pero esos logros también están amenazados por la futura retirada occidental. "Desde 2001, las mujeres han avanzado en terrenos como la participación en la vida política, el respeto de sus derechos y la educación, pero esos logros obtenidos dolorosamente siguen siendo frágiles", destacó la ONG Oxfam en un nuevo informe. La ONG señaló en particular que 2,7 millones de niñas afganas van a la escuela, contra una ínfima minoría que lo hacía clandestinamente durante el régimen talibán, que les prohibía el acceso a la educación.

"Con la retirada inminente de las fuerzas internacionales, existe el riesgo de que el Gobierno sacrifique los derechos de las mujeres para poder lograr un acuerdo político con los talibanes y otros grupos rebeldes armados", estimó la ONG. Casi nueve de cada diez mujeres afganas (87%) temen la vuelta de los talibanes y la pérdida de los derechos sociales que han ganado en la última década, según los datos de una encuesta.

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