ARCO: a pesar de la crisis

  • Más allá de las polémicas, las injerencias en cuestiones organizativas, la recuperación de la pintura y el soslayo al dibujo, la fiesta de lo plástico en Ifema se renueva gracias a sus propuestas más interesantes

Tantas polémicas en ocasiones estériles y que no van a la raíz de los verdaderos problemas, las injerencias de la organización, la amenaza de plante de los galeristas a un mes para la inauguración -valientes y comprometidos para con la feria-, tantos malos augurios y la crisis que lo invade todo, han podido por momentos hacer cernir sobre ARCOmadrid la sombra del pesimismo y el aburrimiento. Con todo este amenazante clima, o tal vez por ese prólogo tan accidentado, la feria no sale tan mal parada, aunque ciertamente se ha percibido un tono plano y apático en conjunto, sólo roto, afortunadamente, por muy buenas propuestas de galerías, piezas destacables y valores emergentes; eso sí, también hemos apreciado stands paupérrimos que ponen en evidencia los criterios del comité asesor.

En 2009 destaqué la presencia del dibujo, no tanto por su cantidad, que también, sino por un uso mayoritario de éste como medio apto y muy oportuno para la narración, el humor y la crítica social y política. Esto, en cierto modo, se ha perdido y, por paradójico que pudiera parecer en estos tiempos, el dibujo ha descendido en su visibilidad mientras que la pintura ha cobrado protagonismo. Tampoco han sido muy abundantes los discursos en torno a la identidad -medulares del arte último-, aunque, dentro de éstos, sí han tenido un hueco destacado los relativos a las problemáticas de género con perspectivas muy distintas, desde el humor desternillante de Rosalía Banet (Espacio Mínimo) a las indagaciones de la siempre punzante Regina José Galindo (Prometeo Gallery), lo cual nos indica que el género sigue siendo un ámbito de emergencia -necesario aún- mal que les pese a alguno. Lo que sí parece que ha muerto por agotamiento es la enunciación del concepto de no-lugar, que le debemos al antropólogo Marc Augé, en relación a los escenarios del desarrollismo asiático tanto como a las vistas de las obras públicas y escenarios vacíos. Por el contrario, han tenido una presencia que justifica nuestra referencia a ellos la muerte y el sexo, por separado y en comunión; temática que aflora puntualmente en la historia del arte -Eros y Tanathos siempre nos acompañan- y que en ARCO ha contado con propuestas realmente interesantes y numerosas. Del mismo modo, lo conceptual y las acciones documentadas también destacan por cantidad y calidad. Las galerías Palma Dotze y Moisés Pérez de Albéniz, entre otras, han montado stands con un gran peso conceptual; López Cuenca, Miralda, Muntadas o Aballí, especialmente los dos últimos, han tenido mucho protagonismo en distintos espacios. Respecto a las acciones documentadas de raigambre conceptualista, una vez que ha desaparecido el accionismo vienés que nos azotó el año pasado, he de reseñar, cómo no, a Santiago Sierra (Prometeo Gallery) con su No global tour y al malagueño Karmelo Bermejo (Maisterravalbuena) que, con piezas de su reciente exposición en la galería madrileña, lleva a la práctica un brillantísimo y atrevido trabajo que pone en cuestión la creación artística sufragada con fondos públicos y "gasto improductivo", precisamente en estos tiempos de crisis.

En lo fotográfico ha habido contadas piezas de pequeño formato e históricas y vintages. De las primeras destaco las de la joven británica Lilli Hartmann (Moriarty). Struth y Höfer han dejado de asaltarnos con sus magníficas fotos a la vuelta de cada stand -ya tocaba, al menos que no se repitiesen tanto-; sin embargo, Marina Abramovic sigue siendo hegemónica a la par que magnífica. Sus vídeos y fotografías, siempre volcados a la violencia, el sexo y la muerte, aun conservando éstos, viran a cierto misticismo en homenaje a Santa Teresa. Por otra parte, fabulosas me siguen pareciendo las fotografías pseudodocumentales, sensuales y sugestivas de modelos en interiores de Erwin Olaf (Espacio Mínimo), fotógrafo al que parecen seguir en su inconfundible estilo Miler Aldridge y Eve Sussman/The Rufus corp.

Prosiguen los juegos de escala con miniaturas, micromundos tendentes a la zozobra, la angustia y el humor que hemos podido ver en las fotos de Levinthal, Baltazar Torres, Alicia Framis y, especialmente, Liliana Porter.

En lo pictórico, abrumadores son los germanos y los nórdicos con estribaciones abstractas y expresionistas (Förg, Grosse, Markus Oehlen y Brandl, entre otros). Aun así, percibo con interés una pintura en pequeño formato, pictoricista, enigmática, concentrada, en algunos casos de factura indisimuladamente torpe y en otros con un sesgo de impresión cromática (Hughes, Greenfield-Sanders o Furstner). En todo caso sugerentes e inquietantes. Bordeando ésta se halla la exquisita obra de Jerónimo Elespe (Soledad Lorenzo).

Observo una creciente presencia de arte latinoamericano. Esta cuestión resulta capital, puesto que entre los verdaderos problemas de ARCO se halla el de la crisis de identidad que padece, esto es, qué es lo que la singulariza respecto a otras ferias de su género. La atención a Latinoamérica ha de ser un rasgo fundamental y que, aunque hay indicios de recuperación, creo que se ha perdido a favor de otras que no disponían de nuestra connatural condición de bisagra. La calidad y emergencia de los jóvenes hispanoamericanos hace de su presencia casi exigencia (Gamarra, Bruguera, Regina José Galindo, Bryce, Aguirre, Arrechea, y sólo cito algunos de los vistos), tanto como los grandes nombres de buena parte del XX que parece que han encontrado mayor hueco (Lygia Clark o Leon Ferrari).

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