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ARTE total

  • Carmelo Trenado lleva tiempo poniendo claridad a un arte al que sabe imponer los criterios adecuados para que ejerza una función trascendente

La población de Torreblascopedro es un municipio situado en la comarca jiennense de la Loma, perteneciente al partido judicial de Linares. Su población ronda escasamente los tres mil habitantes y sus principales recursos se relacionan, como no podía ser de otra forma encontrándose donde se encuentra, con el aceite de oliva. Podríamos estar, por tanto, ante la descripción de uno de los pequeños pueblos que pudieran existir en Andalucía. Pero Torreblascopedro, en el mundo del arte, no es un lugar más. No se trata de una pequeña localidad, apegada a su situación geográfica, muy poco abierta a los registros de la Modernidad y con la referencia chirriante que transmite ciertas cadenas de televisión para una juventud que sólo se encuentra con modelos horteras, poco edificantes, con gran carga de patetismo y nula manifestación cultural. Nada de eso, Torreblascopedro siempre ha tenido un fuerte apego hacia los emocionantes planteamientos que proporciona la cultura, siendo una población, desde hace tiempo, con mucho entusiasmo hacia el Arte Contemporáneo en general y hacia la fotografía en particular.

Desde hace unos años posee uno de los Centros de Arte más cuidado y con más posibilidades de cuantos existen, por los menos, en la comunidad andaluza - yo diría más y abriría las fronteras -; además, el mismo no es un capricho de unos gobernantes con ansias de lustre cultural sino que responde a un planteamiento sensato donde destaca muchísimo más que un mero espacio sin apenas contenido -lo que ha ocurrido en otros lugares-. Nos encontramos, con un centro vivo, donde tienen lugar actividades artísticas constantes, con una colección de Arte que se va haciendo grande y que tiene verdadera vocación de futuro.

El Centro de Arte de Torreblascopedro lleva el nombre de Francisco Fernández, el conocido fotógrafo natural de la esa población que fue importante reportero gráfico, colaborando en distintos medios nacionales y extranjeros y que, además, fue también fotógrafo de guerra; colaborando en el diseño de la campaña electoral del senador Edward Kennedy en su carrera hacia la Casa Blanca. Los últimos trabajos del ilustre hijo de Torreblascopedro los realizó como profesor de la Facultad de Bellas Artes de Granada. Todo esto ha servido para que el centro de Arte que lleva su nombre tenga una profunda vinculación hacia la fotografía. Hasta sus bellos y espectaculares espacios llegan las obras que comparecen al Premio de Fotografía Francisco Fernández de gran aceptación entre la profesión.

A Carmelo Trenado no hay que presentarlo. Su magisterio, sabio, convincente y esclarecedor, es un referente para los alumnos de Bellas Artes y el germen impulsor para el futuro artístico de muchos jóvenes. Como artista en ejercicio, el autor nacido en Murcia y granadino desde hace varias décadas, lleva muchísimo tiempo poniendo claridad a un arte al que él sabe imponer los criterios adecuados para que ejerza una función trascendente, alejada de los muchos adocenamientos como hoy existen. Hace unos meses vimos la importante muestra en el bello Palacio Almudí de Murcia, ahora, su significativo trabajo, con obras importantes en fondo y forma, con formatos muy grandes, sólo podía presentarse en unos espacios con adecuadas posibilidades museográficas. El centro de la población jiennense presentaba las medidas adecuadas para que la espectacular -en continente y contenido- obra de Carmelo Trenado pudiera presentar sus especialísimas características formales.

La obra de Carmelo Trenado, antes pintura, ahora fotografía, siempre obra total, se sitúa a media distancia entre lo figurativo y lo abstracto, yuxtaposición de situaciones estéticas que marcan desenlaces artísticos dentro del más apasionante orden creativo. Porque a Carmelo Trenado le sobra oficio, lleva argumentando una testimonial carrera con episodios significativos en los que la fortaleza plástica domina una escena que hace presentir realidades abiertas a las mayores y a las mejores consideraciones. Y es que Carmelo Trenado responde al modelo de artista total, curtido en aquel arte que, desde los años sesenta, buscaba nuevas identidades y proyectos que necesitaban mucho para no dejarse perder en controversias, dialécticas y exigencias impuestas por una creación artística en abierta expansión. El artista-profesor plantea una pintura muy personal, con elementos extraídos de una ilustración figurativa pero desarrollada dentro de una determinante plasticidad que ahorma la representación y concede supremacía a un concepto más abierto a espacios sin concreciones.

Ahí radica la comprometida historia de su pintura, esa que se manifiesta en toda su rigurosa formalidad en los bellos espacios de la localidad jiennensey que nos sitúa en un escenario dominado por la pasión plástica que acoge una levísima figuración, mera referencia de una realidad que se adivina sin dispendios ilustrativos. Se trata de una pintura de gran contención, un desarrollo controlado, un potente desenlace material pero ajustado a un estricto espacio visual que no manifiesta imposiciones ni exuberancias. Es el gesto riguroso del que sabe lo que hace, lo que quiere y cómo llevarlo a efecto.

Pero si en la pintura encontramos los esquemas plásticos y significativos de un artista de solvencia y suprema creatividad, la fotografía nos conduce por un proyecto que, al igual que en la pintura, está poseído por un contundente desarrollo plástico que deja en suspenso el hilo conductor del también potente ejercicio ilustrativo. Observamos que los elementos tienen muchas similitudes con los de la pintura, generando un desenlace visual poderoso, que atrapa en una maraña de emoción material y suspende la realidad para reconducirla en un misterioso proceso de mediatez significativa.

Carmelo Trenado es un pintor, ahora, también, inmerso en la fotografía, que maneja a la perfección el concepto, que sabe estructurar las posiciones compositivas de las dos tendencias y que genera un lenguaje personal e intransferible, sin importarle demasiado el momento creativo en el que anda inmerso. Es, por tanto, una obra total, cuyos desenlaces distintos están al servicio de una misma estructura artística. Y, además, presentada en un espacio como el que manifiesta el Centro de Arte Francisco Fernández de Torreblascopedro, la fotografía y la pintura de este artista nos vuelve a inundar de absoluta trascendencia.

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