Abandonad toda esperanza

La franquicia que dio vida al género de survival horror desde las insondables supuraciones de lo biológico (dejemos lo ultraterreno a discreción de los Silent Hill), no hace más que ofrecernos sorpresas, además de algunos de los mejores sustos de la industria. La llegada del último Resident Evil: Operation Raccoon City para PS3, PC y Xbox 360 viene precedida por el título que nos ocupa, Resident Evil: Revelations, o la propuesta gráficamente más espectacular en su género hasta la fecha para Nintendo 3DS.

Aunque la portátil, ya desde el inicio de su vida comercial, demostró que era capaz de desdecir todo tipo de prejuicios sobre su tolerancia a estéticas realistas, la apuesta de este Resident Evil no ha sido en absoluto una muesca más en su catálogo. El mitologema del descenso a las profundidades infernales se actualiza aquí (citas a La Divina Comedia incluidas) en una subtrama añadida, que le ha crecido a la serie como una de sus acostumbradas y fascinantes alteraciones genéticas. El trasfondo argumental tiene lugar una vez ocurrido el devastador ataque al Queen Zenobia, crucero de lujo infectado con el virus T-Abyss por el grupo integrista Veltro, tras la catástrofe bioterrorista que obligó al gobierno a erradicar del mapa la utópica ciudad de Terragrigia.

El relato de los hechos sucede en doce capítulos, en los que se alternan dos expediciones aparentemente paralelas en el tiempo (apariencia que dará lugar a alguna sorpresa narrativa), conducidas por el general O'Brian desde la BSAA: la integrada por la legendaria Jill Valentine y el paternal Parker Luciani por una parte, y la del también inefable Chris Redfield y la escasamente caracterizada Jessica Sherawat por otra. La estructura capitular, ya empleada en grandes títulos recientes del género (Alone in the Dark y Alan Wake son dos ejemplos de oro), trastabilla sin embargo en el arma de doble filo que supone su planteamiento: por una parte alienta el interés por el uso del suspense en cada interrupción argumental, y aquí se hace de justicia reconocer la labor de Dai Sato (guionista de animes de culto como Cowboy Bebop o Ghost in the Shell) por su soberbia gestión del cliffhanger; sin embargo, también es justo admitir la desigualdad del peso de cada subtrama, tanto en el sentido argumental como en el del propio sistema de juego: la acumulación de puzzles y respuestas reveladas en la trama de Jill y Parker contrasta con la acción directa y la escasez de contenidos más allá de la mera resolución de un rescate, en el caso de la expedición de Chris y Jessica.

Dejando a un lado esta inconsistencia, es preciso concluir que nos encontramos ante un título capaz de garantizar al menos doce horas de juego imparable y agónico; que conduce su naturaleza tridimensional a un uso ejemplarmente estructurado de los encuadres, y cuyas fases demuestran un sentido del ritmo poco común, radicado en una gran intuición en el uso de flashbacks, flashforwards y todo tipo de rupturas de la esperable linealidad; y que con su claustrofóbica y orgánica noción del espacio, desmesurado y atenido a su particular lógica de la nueva carne como cualquiera de los crecimientos aberrantes que pululan por los pasillos del Queen Zenobia, nos abisma a una aventura terrorífica, escenificada en los subterráneos mismos de la condición humana.

Capcom | 3DS | +16 | 45,95 euros

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