¡Abran las puertas!

Adaptación de: 'La Comedia sin título', de Federico García Lorca, y 'Sueño de una noche de verano', de William Shakespeare. Coproducción de: Fundación Federico García Lorca y Compañía Teatro del Estudio. Intérpretes: A. Borrachero, R. Castejón, A. Flores, I. García Lorca, J. Godino, A. Gracia, M. Morón, T. Novas, V. Pérez, X. Reguant, R. Sanz y O. Velado. Escenografía: J. Guy Lecat y J.C. Corazza. Iluminación: I. Cantero. Dirección y dramaturgia: Juan Carlos Corazza. Espectáculo programado para la inauguración del Centro Federico García Lorca, y sin embargo estrenado en el Centro Cultural CajaGranada Memoria de Andalucía. Fecha: 11 de febrero de 2011.

"¡Abran las puertas! ¡Que las abran! ¡El teatro es de todos!" oímos gritar al personaje lorquiano de El Autor en esta genial Comedia sin título, para dar paso a la revolución que ha tomado la calle y así, pulverizar la distancia entre la ficción y la realidad; dinamitar el viejo teatro, "las paredes de la mentira", para que cada noche la escena sea simple y llanamente "un pequeño rincón de realidad". Cualquiera mínimamente instruído en la disciplina teatral sabe que ésta sigue siendo una máxima de la creación, que rara, muy raramente consigue articularse en escena.

No es, por tanto, ingenuo ni gratuito que desde la Fundación Federico García Lorca se programe este espectáculo -y no otro- para la inauguración del Centro Federico García Lorca en Granada. Es toda una declaración de intenciones y una preciosa invitación explícita a abrir las puertas de un espacio cultural ¡vivo!, firmemente anclado -ética y estéticamente- en la realidad. ¡Es de todos!, viene a formar parte de nuestras vidas.

Pero, una vez más, los políticos no terminan de trabajar a conciencia del lado de los ciudadanos y, aplazan -y desplazan a otro lugar- su real tarea, y volvemos a vivir ese absurdo según el cual: nos llega antes el espectáculo inaugural, Comedia y Sueño, que el propio Centro por y para el que se creó. ¡Hagan su trabajo: abran las puertas ya! A diferencia de los políticos, La Fundación y el equipo artístico de la Compañía Teatro del Estudio -dirigida por el sólido director y pedagogo teatral argentino Juan Carlos Corazza-, sí cumplen su programa y se hacen responsables de su real tarea. Comedia y Sueño asume en su propia lógica creativa, esto es, en su dramaturgia, dos cuestiones precisas y preciosas.

Por un lado, el cariz inaugural que representa se concreta en una pieza que orquesta una auténtica celebración por el teatro, el hecho teatral, (en sentido amplio, defiende y celebra el hecho artístico, la creación). Y lo hace inventando una pieza que redobla el teatro por tres: asistimos a una obra -Comedia y Sueño- que baila dentro de sí a otras dos, una de Lorca y otra de Shakespeare -Comedia sin título y Sueño de una noche de verano-. Obras que a su vez, ya bailan el teatro dentro del teatro.

Y, no menos importante, por otro lado Comedia y Sueño asume de lleno la máxima lorquiana según la cual, no hay teatro que refiera a realidad -que roce nuestras vidas- sin asumir la dosis de vanguardia, de experimentación formal implícita a toda creación que -por derecho y deber- califiquemos de "contemporánea".

Así pues, Comedia y Sueño, muestra abiertamente, desde su propia dramaturgia, que en escena hay todo un trabajo (que es también de pensamiento) y un proceso que no cesa tras un estreno. Comedia y sueño trae la precisión precisa y explícita de ofrecerse al espectador tal cual es: no una representación, sino un "ensayo abierto". Ya es gratificante, para variar, encontrarnos con un espectáculo inaugural que apuesta -simple y llanamente- por la creación, el proceso; y no los fastos del resultado pomposo.

Cuando el espectador entra a la sala del Centro Cultural Memoria de Andalucía, los actores ya están allí calentando en escena. Y Corazza sabe impregnarle a ese recibimiento, con cierta estática inicial, la belleza de un cuadro de interiores a medio camino entre un bodegón y un paisaje humano.

Allí también, junto a proscenio, él mismo nos introduce y deja ver -en su puesta en escena- la proximidad de una sala de ensayo. Con los materiales tan nobles como simples que lo conforman: algunos instrumentos de música, unas sillas en los márgenes, un círculo central dibujado a ras del suelo en el que jugar la acción escénica y, la carne que nos la sirve: un amplio elenco de actores y actrices -unos jóvenes, otros de reconocido prestigio- que se dan al oficio de una manera sabia, y por tanto, coral.

Es este montaje, un trabajo de actores. Una labor sincrética que pone el acento teatral ahí. Algo a agradecer en esta era de alta tecnología en la que nos cuelan tanta floritura sin sentido, vacua, vana. Con un pie en La Comedia y otro en El sueño, y siempre articulado desde la organicidad rotunda del cuerpo del actor, la pieza exhibe y baila para nosotros la tradición -la belleza del trabajo artesano que precisa tan solo de un círculo y unas telas para poner en pie el bosque y los personajes de el Sueño- y la contemporaneidad -el trabajo de indagación formal que la pieza exhibe al ensayar, abordar, pasajes de la Comedia-.

Y, sin embargo, ocurre también que Comedia y Sueño no termina de sostener tenso y de continuo el frágil hilo de nuestra atención. En ese ir y venir de una pieza a otra, hay un momento en el que cae, se alarga un final que pudiera -tal vez- servirse antes. Personalmente, espero de cualquier montaje de La Comedia, que el teatro, la escena, consiga violentarme, en el mejor sentido de la palabra y la experiencia. Algo que en este montaje queda diluido, probablemente por ese cariz celebrativo que lo rige; pero que nos deja deseando más y esperando a que se abran, de una vez, las puertas del Centro Federico García Lorca, del que somos nosotros, los ciudadanos -igual que los actores a la escena- la carne viva.

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