Actualiza, que algo queda

Guión y dirección: Miguel del Arco. Versión libre a partir de Los veraneantes, de Máximo Gorki. Compañía: Teatro de La Abadía/Kamikaze Producciones. Intérpretes: Bárbara Lennie, Israel Elejalde, Miriam Montilla, Raúl Prieto, Miquel Fernández, Lidia Otón, Manuela Paso, Elisabet Gelabert, Cristóbal Suárez, Chema Muñoz y Ernesto Arias. Lugar: Teatro Alhambra. Fecha: 25 y 26 de febrero de 2012.

Siguiendo ese filón actualizador que tanto gustó en su montaje anterior, La función por hacer, que bailaba libremente los Seis personajes en busca de autor, Miguel del Arco crea ahora, a partir de Los veraneantes, de Gorki, un nueva versión libre regida por la actualización de los personajes, catapultándolos de la Rusia de 1900 -a caballo entre el Imperio y La Revolución- a nada más y nada menos que el aquí y ahora. En ese brinco cambia Miguel del Arco: las profesiones de los personajes, la jerga y, desde luego, el contexto. Además de prescindir por completo y de un plumazo del coro de personajes -servidumbre, serenos- que en la pieza original sirven el contrapunto ideológico y de clase; curiosa adaptación actualizadora. Así es como de la abogacía los personajes pasan a políticos ambicioso-oportunistas, de ingenieros a empresarios de la construcción sin escrúpulos- neoliberales acérrimos, de médicos a moralistas farsantes-gestoras de proyectos en ONG´s, del misticismo vacuo y el romanticismo ñoño al neo-esoterismo pijo de una decoradora de interiores.

El cambio de registro lingüístico es donde se abre singularmente la brecha entre versión libre y original, de la riqueza discursiva y de matices del original se pasa en la versión libre a la jerga de diálogos ágiles, ingeniosos a veces pero superfluos entre los que se calzan aquí y allá fragmentos textuales del original. El guión termina por achatar personajes y discurso, mostrando arquetipos -en lugar de personajes- acomodados, triunfadores de profesión liberal, sobraditos de dinero y buen rollito pero que no alcanzan a ser felices, divertirse, pasarlo bien cuando toca, (cuando ideológicamente hoy es un deber) y además, tiene fecha, calendario: las vacaciones.

Sin apenas escenografía, con pequeñas cortinillas/separatas de canciones o coreografías que ilustran a modo de viñetas el ocio, la placidez veraniegas dándose al bailoteo discotequero o la-canción-del-verano, se sirven dos horas y media de función interpretadas por un amplio elenco de jóvenes actores. Aunque se entregan concienzudamente a esta partitura, también es cierto que emborrona, no acompaña bien a la narrativa escénica tanta cara conocida por series de televisión. El espectador tarda más en ver el personaje, atento a cuestiones al margen como averiguar en dónde ha visto antes a ese actor. Claro que también son un gancho más que sumar al espectáculo. Lleno absoluto en el Teatro Alhambra. Aplauden mucho.

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